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Plusvalía: Por qué trabajar como un mulo no te hará millonario (y quién se queda con lo que tú produces)

Una reflexión sobre el tema del esfuerzo y el enriquecimiento en el capitalismo y una introducción a la teoría de la plusvalía de Karl Marx con ejemplos concretos. Un análisis del tema para la Cuba de hoy.

Elon Musk duerme en la fábrica cuando le conviene para la foto. Jeff Bezos madruga, eso dicen. Mark Zuckerberg viste la misma camiseta para no «perder tiempo» decidiendo qué ponerse. Los multimillonarios tecnológicos han construido todo un relato sobre el sacrificio, la entrega total, las jornadas interminables. «Trabaja 100 horas», predica Musk. «Es matemática simple», asegura.

Pero ocurre algo curioso: en las fábricas de Tesla, en los almacenes de Amazon, en los servidores de Meta, hay miles de personas que también trabajan 100 horas. Algunos duermen menos que Musk. Otros madrugan más que Bezos. Alguno ni tiempo tiene de elegir que ponerse. Sin embargo, ninguno de ellos aparecerá en la lista de Forbes.

La pregunta es incómoda, pero necesaria: si trabajar duro fuera la fórmula mágica, ¿no deberían ser los albañiles, los revendedores callejeros, los repartidores de pan, los que pasan 16 horas bajo el sol o la lluvia en trabajos duros, los rastreros que conducen apenas sin descanso, los primeros en la lista de la riqueza?

La realidad, la cruda realidad

Pues no, no lo son. Millones cruzan desiertos y ríos con el sueño americano cosido en la frente: «llegar, trabajar duro, prosperar». Venden sus casas y todas sus cosas, dejan sus familias, se parten el lomo en tres turnos, convencidos de que el esfuerzo tiene recompensa proporcional. Pero la realidad se empeña en mostrarles otra cosa: que el que más trabaja no siempre es el que más tiene, y que el que más tiene rara vez es el que más trabaja.

¿Por qué? ¿Hay algo que los multimillonarios saben y no dicen? ¿O hay algo que los que trabajan no ven porque están demasiado ocupados trabajando?

Para responder, hay que remontarse a un señor de barba frondosa que entendió, hace 150 años, que el capital no crece por arte de magia ni por el sudor de un genio solitario, sino porque alguien, en algún lado, está trabajando sin cobrar todo lo que produce y hay otro que se apropia de la diferencia. Ese alguien no suele salir en las fotos. Pero sin él, no hay cohetes que despeguen ni imperios que se sostengan.

Bienvenidos a la teoría de la plusvalía. La historia de por qué trabajar como un mulo no te hará millonario, pero sí hará millonario al que te contrata.

¿Qué es la plusvalía?

Vamos por partes. La plusvalía es, en su definición más simple, el valor que el trabajador crea y no cobra (y que otro se lo queda).

Imagina que trabajas 8 horas haciendo pan. En esas 8 horas produces 100 panes. El dueño de la panadería vende esos 100 panes y gana digamos 1000 pesos. De esos 1000, una parte va para la harina, la electricidad, el horno (lo que Marx llamaba capital constante o «trabajo muerto», porque son cosas que no sudan ni se cansan). Otra parte te la paga a ti de salario (lo que Marx llamaba capital variable, porque tú sí sudas y te cansas). Y lo que sobra… ese es el beneficio del dueño.

Ese «sobra» es la plusvalía. Es el trabajo no pagado. Las horas que tú trabajaste gratis para que el dueño se compre un carro nuevo.

Marx lo formuló así:

Plusvalía (s) = Ingresos – costes de producción (c + v) 

Donde:

  • c = capital constante (máquinas, harina, electricidad)
  • v = capital variable (tu salario)
  • s = plusvalía (lo que se embolsa el dueño)

Ejemplo numérico (para que no queden dudas):

Una tortillería (es un término mexicano):

  • Gasta 80 pesos diarios en maíz, gas, desgaste de la máquina (c)
  • Paga 50 pesos diarios a la que elabora las tortillas (v)
  • Vende todas las tortillas del día por 150 pesos (ingresos)

Plusvalía = 150 – (80 + 50) = 20 pesos

Esa señora trabajó 8 horas. De esas 8 horas, una parte trabajó para cubrir su salario (lo que Marx llama «trabajo necesario») y otra parte trabajó gratis para el dueño. Si la tasa de plusvalía es s/v = 20/50 = 0.4 (40%), significa que de cada 8 horas, 3.2 las trabajó para el dueño sin cobrar un centavo.

¿Te suena a robo? Pues según Marx, exactamente de eso se trata.


Pero entonces… ¿de dónde sale la ganancia?

Aquí viene lo más interesante. Antes de Marx, los economistas pensaban que la ganancia salía de comprar barato y vender caro. Es decir, del mercado, del intercambio. Pero Marx demostró que, en el intercambio, si todo fuera equivalente, nadie ganaría. Y si alguien gana sistemáticamente, es porque hay algo antes del intercambio que lo permite.

Ese «algo» ocurre en la producción. El obrero produce más valor del que cuesta mantenerlo vivo y trabajando. Esa diferencia es la plusvalía.

La fórmula del capitalista no es solo comprar para vender (D – M – D), sino comprar para vender más caro (D – M – D’), donde D’ es mayor que D . Y ese «más» sale de tu trabajo no pagado.


¿Y cómo hacen los capitalistas para aumentar esa plusvalía?

Aquí entran las dos estrategias clásicas:

1. Plusvalía absoluta: Alargar la jornada

Si antes trabajabas 8 horas y ahora trabajas 10, con el mismo salario, el dueño se lleva 2 horas extra gratis. Es la explotación más burda, la que denunciaban los niños en las minas en el siglo XIX. Pero también la que vive hoy cualquier trabajador que hace horas extra «por compromiso» sin que se las paguen.

2. Plusvalía relativa: Hacer que trabajes más rápido

Si meten una máquina nueva que hace que en 8 horas tú produzcas el doble, el tiempo que necesitas para cubrir tu salario se reduce. Si antes necesitabas 4 horas para pagarte, ahora con la máquina quizás solo necesitas 2. El resto (6 horas) son gratis para el dueño. Y lo mejor: tú ni te enteras, porque sigues yendo a tu hora y saliendo a tu hora .


¿Y entonces? ¿Cómo se hace uno rico?

Conozco a muchas personas que creen que trabajando duro se van a enriquecer sin darse cuenta que si no explotas el trabajo de otro no lo lograrás.

Para enriquecerte dentro del capitalismo no basta con trabajar duro. Tienes que:

  1. Ser dueño de los medios de producción (la máquina, el local, la marca).
  2. Contratar a otros para que trabajen para ti.
  3. Apropiarte de la plusvalía que ellos generan.

El que se hace rico trabajando por cuenta propia (un abogado exitoso, un médico con consulta privada, un artista de taquilla) no lo hace por trabajar más duro, sino porque su trabajo está altamente remunerado por el mercado (escasez de oferta, monopolio de conocimiento, etc.). Pero incluso ahí, para dar el salto a millonario, necesitas contratar a otros y quedarte con parte de lo que ellos producen.

El pequeño comerciante que compra barato y vende caro está transfiriendo valor, no creándolo . Puede vivir bien, pero no va a acumular como el dueño de una fábrica con 500 obreros.

El capitalista puro ni siquiera trabaja: su dinero trabaja por él, extrayendo plusvalía de trabajadores que él nunca ha visto en su vida.


Matices importantes (para que no me acusen de simplista)

1. ¿Qué trabajos crean plusvalía?

No todo el que recibe un salario está creando plusvalía. Hay una distinción importante entre trabajo productivo (el que directamente crea plusvalía en la producción) y trabajo improductivo (el que se necesita para que el sistema funcione, pero no crea valor nuevo: publicistas, vigilantes, administrativos, banqueros).

Un vigilante de una fábrica es necesario, pero no produce pan. Su salario sale de la plusvalía que crean los que sí hacen pan. Es una deducción de la ganancia del capitalista, no una fuente.

2. ¿Y las máquinas?

Hoy dirán: «Ah, pero con la automatización, las máquinas producen valor». No exactamente. Las máquinas transfieren su valor al producto (se desgastan), pero no crean valor nuevo. El valor nuevo solo lo crea el trabajo vivo . Otra cosa es que el capitalista use máquinas para aumentar la productividad y así reducir el tiempo de trabajo necesario, aumentando la plusvalía relativa.

3. ¿Y los servicios?

Un barbero, un masajista, un cantante: si trabajan por cuenta propia, venden su trabajo, punto. Si trabajan para un dueño, ese dueño extrae plusvalía de ellos. El servicio puede ser «inmaterial», pero el trabajo es real y la plusvalía también .


¿Y en Cuba?

En Cuba, el concepto de plusvalía ha tenido una vida extraña.

Durante décadas, en el esquema socialista de empresa estatal, la plusvalía no desaparecía, cambiaba de destinatario. En teoría, el «excedente» iba al Estado, que lo redistribuía en salud, educación, etc. El trabajador no era explotado por un capitalista, sino que su trabajo contribuía al fondo común de la sociedad .

Pero hoy, con la apertura al cuentapropismo y las MIPYMES, la plusvalía ha vuelto a tener cara y ojos.

  • El dueño de un paladar contrata camareros y cocineros. Lo que esos trabajadores producen (la comida que sirven, la atención al cliente) genera un ingreso. El dueño paga salarios y el resto… plusvalía.
  • El taxista particular que tiene tres carros y contrata choferes: los choferes trabajan, él cobra la renta. Esa renta es plusvalía transferida.

Y aquí viene lo interesante para el cubano de a pie: muchos que hoy contratan trabajadores (quizás por primera vez en su vida) no tienen conciencia de que están ejerciendo de capitalistas. No lo ven como explotación, lo ven como «negocio». Pero la mecánica es la misma que Marx describió hace 150 años.

Un amigo abrió un negocio de venta de agua. Él se ha esmerado en perfeccionar el proceso y sí, contrata a unas muchachas que venden el agua; pero yo le decía, si quieres ganar mucho dinero tienes que abrir muchos puntos de venta, comprar triciclosque puedan cargar 10 pomos de 20 litros y contratar a personas que las manejen y repartan el agua. Para aumentar las ganancias tienes que aumentar la cantidad de personas contratadas. Sí, suena feo; pero es eso, tienes que explotar el trabajo de otros, aunque les pagues bien, aunque seas bueno con ellos, pero la esencia es esa: les pagas menos de lo que ellos producen, esa es tu ganancia.

Además, la plusvalía inmobiliaria (el aumento del valor de una casa por obras y cambios en el vecindario) es un concepto que empieza a sonar con la posible nueva ley de vivienda y las hipotecas.

En Cuba mucha gente hizo dinero revendiendo cosas que obtenían a bajo precio de las cadenas de distribución estatal, sobre todo de alimentos subvencionados; pero eso no es capitalismo, es robo y malversación. Otros se han enriquecido comprando en el extranjero y revendiendo en Cuba productos de alta demanda, pero la ganancia la han logrado burlando el pago de impuestos, eso tampoco es capitalismo, es corrupción e ilegalidad. Pero esa es otraaa historia.


La trampa del esfuerzo

El capitalismo nos vende una idea muy bonita: el que trabaja, progresa. Y es cierto, pero hasta cierto punto. Trabajar te permite vivir, ahorrar, quizás darte algún lujo. Pero no te va a convertir en capitalista. Para eso necesitas dar el salto: dejar de vender tu fuerza de trabajo y empezar a comprar la de otros.

Mientras seas asalariado, una parte de tu jornada laboral será siempre gratis para el que te paga. Esa es la plusvalía. Puede que tu jefe sea buena gente, que te dé café y te felicite en tu cumpleaños. Pero la estructura es la misma.

Y ojo, no se trata de satanizar a todo el que emprende. El problema no es la existencia del excedente, sino quién se lo queda y para qué. En una sociedad justa, ese excedente debería revertir en quien lo crea. Pero mientras exista la relación salarial, existirá la plusvalía.

Los defensores del capitalismo argumentan que el empresario también aporta algo esencial: capital, organización, innovación y riesgo. Sin inversión, dicen, no habría empresa ni empleo.

Marx no negaba ese papel. Su argumento era distinto: incluso teniendo en cuenta esos factores, el origen último del beneficio sigue estando en el trabajo humano.

Como dice el refrán cubano: «El que parte y reparte, se lleva la mejor parte». Si trabajar duro fuera suficiente para hacerse rico, ¿por qué las personas que más trabajan suelen ser las que menos acumulan?

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