
Una historia del Oriente Medio y sus religiones condensada en 40 capítulos. Capítulo 28. Israel y la modificación del tiempo. Es solo un intento de explicarme a mí mismo los conflictos sobre los que he estado oyendo y leyendo desde pequeño.
Irán bombardeó un centro «secreto» en Emiratos Árabes Unidos y, de repente, empezó a llover en Teherán. La conclusión fue inmediata: «Israel llevaba años robando las nubes». Las redes se incendiaron con la «noticia». Pero, ¿y si la verdad fuera mucho más aburrida —y a la vez más interesante— que una película de ciencia ficción? 60 años de experimentos, radares que confundimos con armas, una planta en Alaska que no hace lo que dicen y un país que canceló su propio programa de lluvias… por ineficaz (o por no ser lo suficientemente eficaz como se esperaba por el dinero invertido). Esto no es ‘El día después de mañana’. Esto es la crónica de una tecnología real, limitada y profundamente malentendida.
Un programa real, con pies de barro
Desde los años 60, Israel invirtió en siembra de nubes (cloud seeding) con yoduro de plata para aumentar la lluvia en el norte del país. Estimaciones iniciales hablaban de un 15-18% más de precipitación. Pero la ciencia moderna, liderada por el Prof. Pinhas Alpert (Universidad de Tel Aviv), analizó medio siglo de datos y concluyó: no hay evidencia estadística de que la siembra funcionara. Los incrementos observados se debieron a variaciones climáticas naturales (aclaro que hay teorías en contrario, es decir, que hay muchos científicos que sostienen que sí se puede lograr efectos notables).
Por eso, en 2021, Israel canceló su programa por ineficaz y costoso (esas fueron sus conclusiones). El país acusado de robar lluvias… lo abandonó porque cree que no servía.
Los Emiratos: el nuevo gigante de la siembra (con ayuda israelí)
Hoy, el centro de la modificación del tiempo en Oriente Medio está en los Emiratos Árabes Unidos (EAU). Su UAEREP (Programa de Investigación para la Ciencia de la Mejora de la Lluvia) financia proyectos punteros. El más famoso lo lidera el Prof. Daniel Rosenfeld (Universidad Hebrea de Jerusalén), usando inteligencia artificial para elegir qué nubes sembrar.
Pero incluso esa tecnología de vanguardia solo puede aumentar entre un 10% y un 25% la lluvia a partir de nubes que ya existen. No crea tormentas de la nada ni las desvía de un país a otro. Lo del Pollito Sabihondo haciéndole llover (y caer un rayo) en la cabeza al Gallo Claudio a partir de un cielo sin nubes … es solo un dibujo animado.
La colaboración israelí-emiratí es abierta y pública, fruto de los Acuerdos de Abraham de 2020, no de un complot secreto.
Y los radares: el gran malentendido
Aquí toca aclarar algo esencial. En las teorías conspirativas, los radares meteorológicos aparecen como “armas climáticas” capaces de “empujar” o “robar” nubes (humm, se me parece a aquello Del «rayo de la muerte» al radar). La realidad, en realidad, es otra.
En el esquema de modificación del tiempo, el radar es un ojo, no una mano. Su trabajo es localizar nubes “sembrables” y medir los resultados como testigo. El que actúa es el avión que inyecta el yoduro de plata. El radar no emite nada que cree lluvia; solo sigue lo que la naturaleza ya puso en marcha.
Israel tiene tres radares principales (Bet Dagan, Har Uziyahu/Eilat y un MRL-5 digitalizado en Latrun). Su función principal es observar tormentas, medir precipitaciones y, dato curioso, seguir aves migratorias (a eso dedicaremos otro post, tengo algunas cosas interesantes que decirles) para evitar colisiones aéreas. Nada de control remoto del tiempo en otro país.
Y esto no es solo teoría. En Cuba —permítanme una digresión personal— tuvimos un programa muy serio de modificación de lluvias entre 1982 y 1991 en el Centro Meteorológico de Camagüey, dentro del Laboratorio Conjunto Soviético-Cubano. Se usaron aviones inyectando yoduro de plata y un radar MRL-5 como testigo (estimación de las precipitaciones) de los experimentos. Se hacían experimentos aleatorizados, se volaba a muchas nubes con similares condiciones, unas se inyectaban, otras no, la información era secreta (sobre cuál nube fue inyectada y cuál no) y sellada hasta que se procesaba toda la temporada, para que no hubiera sesgo intencional.
Ese mismo radar lo convertimos (humm, siempre aprovecho para meter la cuchareta sobre mi tema favorito) en 2012 en el RD-200SX, prototipo de Radar Meteorológico Cubano (Doppler, bandas S y X) encargado por el Comandante en Jefe (diseño y fabricación, hardware y software, 100% cubano).
Hagamos un análisis energético elemental, veamos que niveles de potencia maneja un radar meteorológico y qué niveles de potencia maneja una nube cúmulo-nimbo (de las que precipitan y crean tormentas).
El radar MRL-5 manejaba potencias de 500 kW en el pulso, unos 250 W promedio. Cuando lo convertimos a Doppler (RD-200SX), podemos aumentar un poco la potencia, hasta unos 750 kW en el pulso de 1 microsegundo, repitiendo a 1000 Hz, nos da una potencia promedio de 750 W. Digamos que un radar muy potente como el S-POL puede manejar hasta 2 MW en el pulso, lo que elevaría su potencia promedio a 2 kW.
En una nube cúmulo-nimbo, el viento ascendente puede manejar hasta 1 GW de potencia o más. Un rayo maneja una potencia instantánea de hasta 10 GW. Estas comparaciones no son del todo correctas, es solo para que el lector dimensione, que energéticamente, el radar es un juguetito que no es capaz de manipular las energías que se desatan en una nube de tormenta. Es como si mi asiduo lector tratara de mover una roca de 100 toneladas con sus manos.
Retornando al motivo del post, en mi opinión, conociendo bien los radares y los efectos de las microondas sobre la troposfera y los objetos meteorológicos (nubes y precipitaciones), muy sinceramente, no creo en esa teoría conspìrativa. Se los aseguro: el radar solo mira, no manipula. Es la guía y el testigo, no la mano.
Para que vean que no hablo desde el escritorio, les muestro esta composición de dos fotos: el peso de la experiencia, una imagen vale más que mil teorías ¿no era así el refrán?

Izquierda: mis inicios, analizando ecos meteorológicos en la pantalla del MRL-5 de Camagüey (el primero de su tipo en Cuba) durante los experimentos de Influencia Activa (allá por 1984 o 1985), junto al experimentado operador José Mario Alonso, jefe de la dotación de Camagüey.
Derecha: años después, ya el “experimentado” (es decir, el viejo) soy yo, analizando con el joven Josmar Terrero el paso de un huracán en el radar Doppler RD-200SX (prototipo cubano, bandas S y X, desarrollado en 2012 por encargo del Comandante en Jefe) sobre la base del antiguo radar MRL-5.
Entre ambas imágenes no solo hay décadas de evolución tecnológica. Hay ciencia real, innovación tecnológica, trabajo de campo y cero conspiraciones.
El fantasma de HAARP: por qué no es una máquina climática
Cada vez que se habla de modificación del tiempo, alguien grita “¡HAARP!”. Pues bien:
HAARP (High Frequency Active Auroral Research Program) es un conjunto de 180 antenas en Alaska que estudia la ionosfera (a 100-350 km de altura).
El Tiempo Meteorológico ocurre en la troposfera (primeros 10-15 km de la atmósfera en la vertical).
Su potencia es ridícula para alterar el tiempo. Como dijo su director, Bob McCoy: “Aunque lo hiciéramos diez veces más grande, seguiríamos sin poder afectar al clima.”
HAARP no crea lluvia, ni terremotos, ni huracanes. Es un laboratorio de auroras boreales, no un arma. La persistencia de esta teoría es un ejemplo perfecto de cómo un proyecto científico se convierte en mito por falta de información.
Conclusión: el agua que no llega busca un culpable
Entonces, ¿por qué persisten las teorías del “robo de lluvias”? (lea si quiere mi post https://meteoradares.wordpress.com/2025/05/26/robarse-el-viento/)
Porque la sequía duele. Porque es más fácil creer que un enemigo te roba el agua que aceptar que el cambio climático, o la mala gestión hídrica o la variabilidad natural, son los verdaderos culpables y es mucho más difícil de resolver que si fuera solo neutralizar la acción de un centro enemigo.
La siembra de nubes es real, pero es local, modesta y no puede desviar sistemas tormentosos enteros. Israel lo intentó durante 60 años y al final lo dio por ineficaz. Los EAU lo siguen intentando con israelíes a bordo, pero nadie, absolutamente nadie, controla el clima de una nación … hasta ahora.
Mi incrédulo lector puede dudar de mi experticia y seguir creyendo en las teorías conspirativas —no niego que dan para interminables y muy interesantes relatos en redes sociales. OK, entonces voy a apelar a mi lógica plana y sencilla (sin que medie ningún conocimiento técnico): si Estados Unidos o sus aliados pudieran manipular huracanes a voluntad, Cuba llevaría décadas siendo un blanco perfecto para ello. No ha ocurrido. No porque no hayan querido, sino porque no pueden. La naturaleza, por ahora, sigue siendo la que manda.
También pueden leerse el siguiente artículo, donde la propia Organización Meteorológica de Irán refuta esa idea: https://news.az/news/iran-rejects-claims-weather-and-military-radars-affect-rainfall
Deja una respuesta