Radares Mirando al Sur

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Oriente Medio: 30. Jerusalén, año cero

Mapa antiguo de la ciudad de Jerusalén, demarcando los barrios Cristiano, Armenio, Musulmán y Judío.

Una historia del Oriente Medio y sus religiones condensada en 40 capítulos. Capítulo 28. Jerusalén, año cero. Es solo un intento de explicarme a mí mismo los conflictos sobre los que he estado oyendo y leyendo desde pequeño.

Hay ciudades con historia, y luego está Jerusalén. Una urbe donde cada piedra es un palimpsesto de dioses y guerras, de profetas y soldados, de mercaderes y revolucionarios. Para titular el número 28 de esta serie, me he permitido hurtar el título de una canción que el trovador cubano Silvio Rodríguez compuso en 1969: Jerusalén, año cero. Y es que, más allá de los nacionalismos que hoy la desgarran, esta ciudad sigue siendo el espejo donde confluyen —y chocan— las tres grandes religiones monoteístas, el lugar donde Occidente se encuentra con Oriente, y donde cada imperio ha querido dejar su huella. Desde los jebuseos que la fundaron hace cinco milenios hasta los tanques israelíes que en 1967 unificaron por la fuerza lo que la geopolítica había partido, Jerusalén es, ante todo, una encrucijada de clases, memorias y contradicciones. Como reza la canción: 

«De mano en mano se pasa la verdad, y en cada mano olvidará algo de cierto…»

Orígenes: Cuando Jerusalén se llamaba Salem

Mucho antes de que David la convirtiera en capital, mucho antes de que Salomón levantara el Primer Templo, Jerusalén ya era un asentamiento cananeo conocido como Uru-Salem («fundación de Shalem», dios del crepúsculo). Los jebuseos, una tribu cananea, fundaron la ciudad hacia el 3000 a.C. y la convirtieron en una fortaleza casi inexpugnable enclavada entre barrancos. Lo curioso es que el nombre primigenio ya contenía la raíz *s-l-m*, que en hebreo significa «paz»… un chiste macabro, una ironía del destino, que los siglos se han encargado de recordar, porque Jerusalén ha conocido más guerras que paces.

La toma de la ciudad por el rey David alrededor del 1004 a.C. es uno de esos momentos fundacionales que mezclan mito e historia: según la tradición, sus hombres entraron por un túnel subterráneo que conectaba con un manantial, una estratagema que revela el carácter militar de la conquista. Luego vendría Salomón, el Templo, el Arca de la Alianza… y el primer gran cisma.

Crisol de tres religiones: la santidad compartida, los dioses en disputa

Jerusalén es la única ciudad del planeta sagrada para tres religiones monoteístas. Y aunque hoy eso suene a multiculturalismo ideal, la realidad ha sido —y es— un permanente forcejeo por el control simbólico y material de los lugares santos.

  • Para el judaísmo, es la ciudad elegida por Yavé, donde se alzó el Templo, hoy representado por el Muro de las Lamentaciones —el lugar más sagrado del judaísmo. El Monte del Templo, o Har HaBayit, es donde Abraham estuvo a punto de sacrificar a Isaac.
  • Para el cristianismo, es el escenario de la Pasión, muerte y resurrección de Jesús. La Iglesia del Santo Sepulcro, construida sobre el Gólgota, concentra la devoción de millones de peregrinos.
  • Para el islam, Jerusalén es la tercera ciudad santa tras La Meca y Medina. Desde aquí, el profeta Mahoma realizó su viaje nocturno (Isra y Mi’ray) hasta los cielos. La Cúpula de la Roca (s. VII) y la mezquita de Al-Aqsa coronan el Monte del Templo, conocido en árabe como Haram al-Sharif (el Noble Santuario).

Esta superposición de sacralidades ha convertido a la Ciudad Vieja en un tablero de ajedrez teológico: cuatro barrios (cristiano, musulmán, judío y armenio) que apenas se toleran, separados por murallas otomanas del siglo XVI y vigilados por policías armados.

Cruzadas y reconquista: cuando Dios era una coartada en la lucha de clase

El marxismo nos enseña que detrás de los grandes discursos religiosos suelen esconderse intereses económicos y de clase. Las Cruzadas (1095-1291) no fueron simplemente un arrebato de fe, sino la primera gran expansión colonial de la Europa feudal, impulsada por una nobleza necesitada de tierras y un papado ansioso por reforzar su poder. La toma de Jerusalén en 1099 por los cruzados fue una masacre: judíos y musulmanes fueron pasados a cuchillo dentro de sus propias sinagogas y mezquitas. Un siglo después, el líder kurdo Saladino (Salâh ad-Dîn) unificó el mundo musulmán bajo la bandera de la yihad y, tras la batalla de los Cuernos de Hattin (1187), sitió Jerusalén durante trece días.

A diferencia de los cruzados, Saladino permitió la salida de los cristianos a cambio de un rescate y respetó los lugares santos de las tres religiones. No fue un santo —era un señor feudal como cualquier otro— pero su gesto contrasta vivamente con la barbarie de la Primera Cruzada. Un detalle poco conocido: Saladino ofreció liberar a todos los pobres que no pudieran pagar el rescate, pero su propia tesorería no dio abasto; muchos acabaron esclavizados por los mercaderes venecianos que financiaban la guerra. La «guerra santa» nunca fue tan pura.

Datos poco conocidos

  1. El Primer Templo fue una obra faraónica: según la tradición, lo construyeron 150.000 trabajadores judíos supervisados por 3.300 capataces.
  2. El nombre «Jebús» aparece en una tableta de contrato del 2200 a.C., lo que indica que la ciudad era ya conocida como «pisada» (con los pies).
  3. Albert Einstein y Sigmund Freud estuvieron entre los fundadores de la Universidad Hebrea de Jerusalén en 1918.
  4. El León como emblema: el león de Judá es el símbolo de Jerusalén, en alusión a la tribu de Judá.
  5. El Muro de las Lamentaciones no es en realidad parte del Templo, sino del muro de contención del Monte del Templo; la parte visible es solo una pequeña porción del total.
  6. David Ben Gurion, primer ministro israelí, ofreció en 1967 derribar las murallas de la Ciudad Vieja para «unificar» la urbe, pero la comunidad internacional lo impidió.

1949: La partición que nunca fue paz

Tras la guerra árabe-israelí de 1948, Israel firmó armisticios con sus vecinos. En el acuerdo con Jordania (abril de 1949), se trazó la llamada Línea Verde, que dividía Jerusalén en dos mitades: la occidental, bajo control israelí; la oriental —incluyendo la Ciudad Vieja—, bajo administración jordana. La ONU había planeado un corpus separatum internacional para Jerusalén, pero la guerra lo frustró.

Así, durante 19 años, la ciudad vivió partida por alambradas y francotiradores: los judíos no podían acceder al Muro de las Lamentaciones, y los palestinos perdieron el acceso a las playas de Tel Aviv. La Línea Verde no era una frontera reconocida, sino una «línea de armisticio» que ambos bandos consideraban provisional. Pero lo provisional, cuando dura dos décadas, se convierte en costumbre.

1967: La guerra de los seis días y la reunificación por la fuerza

El 5 de junio de 1967, Israel lanzó un ataque preventivo contra Egipto, Siria y Jordania. Para cuando cesaron los combates, el 10 de junio, Israel había ocupado la península del Sinaí, la franja de Gaza, Cisjordania y, crucialmente, Jerusalén Este, incluida la Ciudad Vieja. Por primera vez desde 1948, los soldados israelíes rezaban ante el Muro de las Lamentaciones y ondeaban la bandera azul y blanca sobre la Explanada de las Mezquitas.

El 28 de junio de 1967, el parlamento israelí (Knéset) anexó de facto Jerusalén Este, extendiendo la ley israelí a todo el municipio. En 1980, la Ley de Jerusalén declaró la ciudad «completa y unida» como capital eterna de Israel. La comunidad internacional consideró nula esta anexión —como sigue considerándola hoy— pero sobre el terreno, los asentamientos judíos fueron creciendo en la parte oriental, y la presencia palestina fue quedando cercada.

Desde 1967, Jerusalén es un ejemplo flagrante de cómo el derecho internacional puede ser violado por la fuerza de las armas, y de cómo las grandes potencias miran hacia otro lado cuando les conviene.

Lugares históricos y culturales significativos de Jerusalén

“Cada piedra de Jerusalén lleva inscrita una oración, un anatema y una fecha de caducidad.”

  • Monte del Templo (Haram al-Sharif) – Explanada sagrada para judíos (Templo de Salomón) y musulmanes (Cúpula de la Roca y mezquita de Al-Aqsa).
  • Muro de las Lamentaciones (Kotel) – Único vestigio del muro de contención del Segundo Templo; lugar de llanto y esperanza judía.
  • Iglesia del Santo Sepulcro – Construida sobre el Gólgota; custodiada por seis denominaciones cristianas que a veces se pelean a escobazos.
  • Vía Dolorosa – El camino de Jesús hacia la crucifixión, con 14 estaciones; hoy un mercado abarrotado de vendedores de rosarios y refrescos.
  • Ciudad de David – Asentamiento original jebuseo conquistado por David; túneles de agua y excavaciones que enfrentan a arqueólogos y colonos.
  • Monte de los Olivos – Panorámica de la ciudad y cementerio judío más grande del mundo; lugar de la ascensión de Jesús según la tradición.
  • Torre de David (Ciudadela) – Fortaleza iniciada por Herodes y remodelada por mamelucos y otomanos; hoy museo de la historia de Jerusalén.
  • Barrio Armenio – El más pequeño y hermético de los cuatro; con su propia catedral (Santiago) y un genocidio en la memoria.
  • Piscinas de Betesda – Donde Jesús curó al paralítico; hoy ruinas junto a la iglesia de Santa Ana (acústica perfecta para cantar gregoriano).
  • Mercado árabe (suk) – Laberinto de especias, té de hierbabuena y réplicas de la Cúpula de la Roca made in China.

El cameo de la escalera

Cameo de Orlando El Escriba frente a la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén, llamándole la atención sobre la enigmática escalera que permaneces allí desde hace muchos años y que nadie tiene jurisdicción para tocar.

Y hablando de inmovilidades que hablan, hay un objeto que mejor que ningún otro resume el absurdo administrativo de Jerusalén: una escalera de madera apoyada en una ventana de la fachada principal de la Iglesia del Santo Sepulcro. Nadie sabe con certeza quién la puso ahí. Data del siglo XVIII. Y allí sigue, inmóvil, mientras caían imperios (otomano, británico), guerras mundiales y seis guerras árabe-israelíes. La razón: las seis denominaciones cristianas que custodian el templo (ortodoxos griegos, católicos romanos, armenios, coptos, siríacos y etíopes y las dos familias musulmanas que custodian las entradas) no se ponen de acuerdo sobre quién tiene jurisdicción sobre esa ventana. El statu quo fijado en 1852 por el sultán otomano dictamina que nada se mueve sin consenso. La escalera sigue allí, podrida por la lluvia, con la madera agrietada, como metáfora perfecta de una ciudad donde el tiempo no avanza sino que se acumula.

Desde una lectura materialista, la escalera representa los modos de producción atascados. Ni el desarrollo capitalista israelí (con sus centros comerciales y sus torres de oficinas en Jerusalén Oeste) ni la ingente ayuda humanitaria internacional destinada a los palestinos han conseguido moverla. No porque no haya presupuesto, sino porque el conflicto se ha convertido en un negocio para todos: las iglesias recaudan fondos apelando a la “tradición”; los políticos israelíes la usan para demostrar que “garantizan el statu quo”; los palestinos la señalan como prueba del abandono internacional. La escalera no es santa, es un fetiche de la obsolescencia —un recordatorio de que, en Jerusalén, a veces lo más revolucionario sería simplemente mover la jodida escalera de un sitio a otro.

Mientras los tanques israelíes tomaban la Ciudad Vieja en 1967, hay una anécdota no verificada pero hermosa: un soldado se detuvo frente a la escalera. Apoyó su fusil, miró hacia arriba —hacia la ventana sellada— y siguió avanzando sin tocarla. La escalera no se movió. Como Jerusalén misma: todo cambia para que todo siga igual.

Actualidad: Jerusalén 2026, el regreso tras el misil

Pero no todo es memoria. 2026 ha sido un año convulsivo incluso para los estándares de la ciudad. Los datos de actualidad aportan la cruda materialidad del presente:

Las demoliciones invisibles: La ONG israelí Ir Amim documentó la demolición de 17 viviendas palestinas en Jerusalén Este en lo que va de 2026, frente a las 13 de todo 2025. El objetivo declarado: hacer espacio para un parque junto al sitio arqueológico de la Ciudad de David, gestionado por la organización de colonos Elad.

El gran cierre: A finales de febrero de 2026, las autoridades israelíes cerraron los tres lugares más sagrados de Jerusalén —la Iglesia del Santo Sepulcro, la Explanada de las Mezquitas (Al-Aqsa) y el Muro de las Lamentaciones— durante 40 días seguidos, alegando “riesgo de ataques con misiles” en el contexto de la guerra abierta contra Irán. El cardenal Pierbattista Pizzaballa, máxima autoridad católica en Tierra Santa, no pudo oficiar misa de Domingo de Ramos. Durante esos días, los comercios palestinos permanecieron cerrados y el acceso a la Ciudad Vieja fue severamente restringido.

La reapertura: El 9 de abril de 2026, los lugares sagrados reabrieron sus puertas, justo a tiempo para la ceremonia del Fuego Santo ortodoxo y el final del Ramadán. Cientos de policías y voluntarios se desplegaron por la Ciudad Vieja, pero la imagen predominante no era de control, sino de un frágil regreso a la normalidad armada.

La escalada en Al-Aqsa: El 27 de abril de 2026, 242 colonos israelíes irrumpieron en los patios de la Mezquita de Al-Aqsa a través de la Puerta de los Magrebíes, realizando rituales talmúdicos bajo fuerte protección policial. Poco antes, dos prominentes jeques palestinos, Raed Salah y Kamal Khatib, fueron interrogados y vetados de entrar a la mezquita durante una semana. Ocho países musulmanes (Egipto, Indonesia, Jordania, Catar, Turquía, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos) emitieron una condena conjunta, calificando las incursiones como “una violación flagrante del derecho internacional y una provocación inadmisible para los musulmanes del mundo”.

Expansión de asentamientos y violencia de colonos: En abril de 2026, el gobierno israelí aprobó la construcción de 643 nuevas viviendas en colonias de Cisjordania, incluyendo la reactivación del asentamiento de Sanur, evacuado en 2005 y rehabilitado en 2025. Solo en los tres primeros meses de 2026, 1.697 palestinos fueron desplazados en Cisjordania por violencia de colonos y restricciones de acceso —una cifra que ya supera el total de todo 2025. El 12 de abril de 2026, colonos apedrearon vehículos palestinos cerca del pueblo de Mukhmas, al noreste de Jerusalén. Es la lógica que ya describe el artículo: cada nuevo asentamiento es un clavo más en el ataúd de la solución de dos Estados.


Y a usted, amable y fiel lector, le recomiendo que lea, se documente y saque sus propias conclusiones. Mientras tanto los dejo con Jerusalén, año cero y el «monstruo» Silvio en concierto en la Plaza de la Revolución de La Habana en el año 1989.

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