Radares Mirando al Sur

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Precursor: luces navideñas con LEDs

Finalizaba el terrible año 1993. Nunca viví uno tan malo, al menos «con uso de razón» y más siendo padre de dos hijos. La Unión Soviética había desaparecido, algo que yo pensaba no podría suceder. Todo se desmoronaba a mi alrededor. Habían aparecido las tiendas de la «chopin». En el mes de noviembre, se vendían guirnaldas para alumbrar arbolitos de Navidad; pero yo apenas tenía para mal comer. Mis hijos, por supuesto, estaban entusiasmados con los arbolitos. Las guirnaldas de luces eran de bombillitos conectados en serie. Pues nada, que no por gusto yo siempre quise ser inventor.

Lo primero fue buscar «el pino». Fuimos Valodia y yo en bicicleta a un árbol de los que llaman casuarinas, que es familia del pino, pero más feo. Me trepé en la parrilla de la bicicleta que Valodia me aguantaba y haciendo maromas pude picar una rama, feísima que nos llevamos a casa muy orondos. Mi tío Evaristico, el año anterior nos había enviado una postal con sonido de la cancioncita de navidad, solo que la pila se había gastado. Hice una fuete de 1.5 V y ya teníamos sonido; pero no luces. El precio, prohibitivo. Entonces…agarré todos los LEDs que tenía en casa, rojos, verdes y amarillos (cuando eso no habían azules y blancos, no fue hasta el 2014, que el Premio Nobel de Física fue entregado a Isamu Akasaki, Hiroshi Amano y Shuji Nakamura por “la invención de los diodos emisores de luz azul eficientes, que ha permitido el desarrollo de fuentes de luz blanca brillante y que ahorran energía”), los conecté y les hice un oscilador para hacerlos «pestañear».

Listo, muchos años después, se estandarizaron las guirnaldas de LEDs con sonido. Hoy tenemos un arbolito que hace las delicias de mis cuatro nietos. Lea, si lo desea, además:

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