Radares Mirando al Sur

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Arrebato en el National Express

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El título suena como los libros de Agatha Christie (me refiero a «Asesinato en el Orient Express), pero el incidente no fue tan grave, fue como una especie de histeria colectiva. Esto ocurrió en mi tercer viaje a Inglaterra, cuando regresaba de Exeter para Londres y las cosas pasaron así.

A la ida (es decir de Londres a Exeter) el coach (el lector cubano compárelo con una guagua, para que tenga una pálida idea) me dejó justo frente a mi hotel (ya les dije que no, que no es que haya comprado un hotel, es una forma de decir, más brevemente que se trata del hotel donde me habían hecho la reservación).

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A la vuelta (es decir Exeter-Londres) mi pasaje electrónico-impreso-clarito (en la impresora del Centro de Radares) decía claramente (por la falla del tóner): 10:45 AM, Honinton Road (que es la parada donde me había dejado frente a mi…ya saben). Yo porsia, estuve ahí a las 10:25 AM, total ya no tenía nada más que hacer en el hotel. Ya me había tirado la foto del bar (en el 2012), la misma de la primera vez (en el 2008).

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Al rato llegó a la parada un inglés, alto, rubicundo (eso no sé lo que es, pero en los libros de Agatha Christie y de Conan Doyle usaban mucho esa palabra y me pareció adecuado colocarla aquí ya que la acción de este post transcurre en el sur de Inglaterra), bien inglesamente flemático (tenía tremendo catarro y escupía frecuentemente), y bastante mayor, acompañado de una señora inglesa, y de otra señora más inglesa y más vieja. Luego un par de señoras inglesas más. Muy amablemente me pidieron el último, y les dije que no, que yo era el primero.

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Me preguntaron que si yo estaba para coger el coach del National Express (como quien pregunta si uno está para el P2) y les dije que sí. A las 10:42 pasó un coach (guagua) local de dos pisos (retengan este detalle en mente, no, no lo de los dos pisos sino de las 10:42, que estamos en Inglaterra, bueno, en aquel momento, ahora estoy en Cuba de nuevo). El chofer muy amable me preguntó -¿Usted está para el National Express? Yo muy orondo le dije que sí, pero que yo no era el último, y señalé para el inglés e inglesas. El tipo (el chofer) nos dijo, ya mirándonos a todos -bueno, pues todos están comiendo mier**…porque ese coach hay que irlo a coger en la acera de enfrente. Yo reaccioné rápido, pero el inglés, flemático, rubicundo, y muy inglés y viejo me ganó la arrancada (recuerden que no en balde las Olimpiadas fueron aquí, todo el mundo está muy permeado del espíritu deportivo).

Me preguntaron que si yo estaba para coger el coach del National Express (como quien pregunta si uno está para el P2) y les dije que sí. A las 10:42 pasó un coach (guagua) local de dos pisos (retengan este detalle en mente, no, no lo de los dos pisos sino de las 10:42, que estamos en Inglaterra, bueno, en aquel momento, ahora estoy en Cuba de nuevo). El chofer muy amable me preguntó -¿Usted está para el National Express? Yo muy orondo le dije que sí, pero que yo no era el último, y señalé para el inglés e inglesas. El tipo (el chofer) nos dijo, ya mirándonos a todos -bueno, pues todos están comiendo mier**…porque ese coach hay que irlo a coger en la acera de enfrente. Yo reaccioné rápido, pero el inglés, flemático, rubicundo, y muy inglés y viejo me ganó la arrancada (recuerden que no en balde las Olimpiadas fueron aquí, todo el mundo está muy permeado del espíritu deportivo).

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Sin embargo, ya en el separador central de la calle nos habíamos igualado para oh, sorpresa, ver pasar por nuestro lado al flamante coach de National Express, que venía por su izquierda como suele hacer todo lo que se mueve sobre ruedas en Inglaterra, y dejarnos pasmadamente boquiaboertos a mí y al inglés viejo y rubicundo (coño, tengo que averiguar qué es eso de rubicundo, por si acaso). El inglés me decía en inglés –We missed it, como dice un médico cuando un paciente se le va: lo perdimos. Yo le mostré mi reloj, el inglés me dijo: sí, ya sé que hicimos un tiempazo al cruzar la mitad de la calle, y yo que no, que se lo muestro para vea que son las 10:43, NO PUEDE ser el nuestro, y el inglés, siempre en inglés, que no –we missed it, I feel it. Cruzamos totalmente la calle, nos refugiamos ya todos (inglés e inglesas) en la parada que había del otro lado, y todos lamentándose menos yo, que falté a la clase de lamentaciones en inglés en la Escuela de Idiomas.

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Comprendí que debía hacer algo, pues seguramente de todos los que estábamos ahí, el que no tenía dinero para pagarse otro coach era yo, por tanto, mi situación era la más desesperada. Entonces me llegó la solución, la inspiración divina, le hice el cuento de la maleta desobediente y de cómo el chofer de aquel coach viró para recoger mi luggage (es decir mi maletica), por tanto, si uno de los señores o señoras ingleses pudiera llamar a la Estación Central y explicarle en inglés (sí porque en la Estación Central todo el mundo habla en inglés, bueno, en todas partes en Inglaterra tienen esa mala costumbre) lo que nos sucedía, tal vez se comunicarían con el chofer y este viraría a recogernos como si fuéramos una maleta, es más si se precisaba me ofrecí a hacer el papel de maleta y que uno de ellos me halara.

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Mi propuesta (la de llamar, lo de hacerme pasar por maleta les pareció un poquito exagerado) fue aceptada. Una de las señoras inglesas tomó el celular de otra señora inglesa, y llamó, y explicó larga y lamentosamente (en inglés como ya les conté), dijo que teníamos una señora discapacitada (la más inglesa y más vieja), y yo le agregué -dígale que además hay un cubano, eso siempre le dará un toque político a la situación, y el de la Central pensará que podemos invocar la Convención de Ginebra. Bueno, el tipo dijo, OK, en una hora los recogen.

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Y hete aquí amable lector, que a los 10 minutos se aparece un flamante coach de National Express y para beneplácito nuestro se detiene en NUESTRA parada. La señora que llamó y yo chocamos las manos celebrando nuestro triunfo de forma deportiva (recuerden que acababan de pasar las Olimpiadas en Londres), cosa que aprovechó el señor inglés y volvió a ganarse la arrancada, y cuando el chofer del coach se bajó ya con su chaleco verde brillante (que se lo ponen cada vez que se bajan a manipular equipaje y se lo quitan de nuevo al montarse), el señor viejo-inglés, ya estaba ahí con su maleta.

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En este momento ocurrió lo impredecible, lo que jamás ningún inglés pudiera esperar. Yo no lo oí, porque los demás se habían apresurado y yo me había quedado atrás, pero el lenguaje corporal de un chofer de coach es igual que el de un chofer de guagua. Luego yo, para que Ustedes puedan comprender les traduciré del lenguaje corporal al lenguaje inglés y de éste al español. El chofer de la guagua preguntó clarito, manoteando al inglés ganador de la medalla de oro -¿quién fue el comep**g* que llamó a la Central? ¿Ustedes no ven que yo salgo de la Estación Central a las 10:45 y no hay modo que pueda pasar por aquí a las 10:43 a no ser que la Tierra rote al revés? Esto lo explicaba tocándose un inexistente reloj en su muñeca izquierda, mientras su derecha parecía querer hacer diana en la cara rubicunda del inglés, que ahora sí tiraba a rojo, señalándole para un cartel en la parada que decía National Express. El inglés-viejo-rubicundo y flemático (por el catarro) le dio las Thankiu al chofer y todos muy felices nos montamos rumbo a Londres.

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