Radares Mirando al Sur

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Las Valquirias

La obra de Richard Wagner que trata sobre las valquirias es «La valquiria» (Die Walküre en alemán). Es la segunda de las cuatro óperas que componen el ciclo épico «El anillo del nibelungo« (Der Ring des Nibelungen). No sé en quién se inspiró Wagner para sus Valquirias; pero lo cierto es que en mis estancias en Neuss y Dusseldorf conocí mujeres que muy bien caen en la descripción que nos da en sus óperas. Sígame y les cuento.

Ella emerge del galope furioso de las nubes, cuando el viento mismo parece cantar su nombre. No es una guerrera común: es una hija de Wotan, una doncella de la tormenta y el combate. Su cabello, largo como cascadas de oro fundido, ondea al ritmo de su corcel de crines incandescentes. Bajo el yelmo alado, sus ojos brillan con la fiereza de los relámpagos y, al mismo tiempo, con una ternura que solo conoce el que ha visto morir a héroes.

Su cota de malla resplandece como escamas de luna sobre la piel de la noche. En su mano izquierda, el escudo de brillo cegador; en la diestra, la lanza que no hiere por odio, sino que elige al caído. Pero su verdadera arma es la voz: un grito de batalla que se vuelve canto. «¡Hojotoho! ¡Heiaha!» —irrumpe con ese llamado feroz y triunfal, una melodía que atraviesa la tormenta y hace temblar las rocas. No es un simple grito: es el nombre del destino hecho notas. Cuando ríe, su risa es un eco de cuernos de caza en los abismos del Valhalla; cuando canta, su canto es una profecía que puede desafiar a los dioses mismos.

Cuando desciende a la tierra, su hermosura no es serena ni amable: es la belleza de lo inevitable, de la hoja que corta el destino. Pero quien la mire de frente sabrá que, detrás de la guerrera, habita una enamorada capaz de inmolar el mundo entero con su voz por amor. Porque así es Brunilda —la más humana de las valquirias—, cuya hermosura no está en la perfección fría, sino en la llama que arde entre su deber, su corazón y el canto que la hace inmortal mientras resuene en el ocaso de los dioses.

Si mi fiel lector no ha visto la ópera, trate de verla aunque sea por Internet. Y si le entretienen mis historias lea sobre mi primer viaje a Alemania: Simbad y los caballeros teutones

Una Valquiria de Wagner con  casco, escudo y lanza. Una verdadera belleza nórdica de Alemania.

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