Radares Mirando al Sur

Fundamentos, Tecnologías, Aplicaciones, Historia y Memoria

Hablando de «monstruos»: Picón

«Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles». Bertolt Brecht

He tenido el privilegio de trabajar con personas extraordinarias. Con éste, he compartido casi toda mi vida laboral. Él comenzó en febrero de 1982 y yo había entrado en noviembre de 1981. Bueno, déjenme presentarlo, hablo de mi amigo Pedro Fidel Pérez Picón, que comenzó como observador meteorológico y más tarde pasó a operador de radar, yo personalmente lo entrené para estos menesteres y fue un gran placer hacerlo. Hace ya 42 años que se unió al Centro Meteorológico de Camagüey. Picón es uno de los observadores de radar excepcionales que hemos tenido en Cuba. Siempre está apercibido de la situación sinóptica general y de las especificidades de la mesoescala y tiene habilidades excepcionales para identificar y seguir los fenómenos meteorológicos potencialmente peligrosos. Él, como algunos otros observadores «extraclase» de radar, sabe discernir muy bien cuál de ellos se convertirá en peligro real. Es como una especie de “olfato” especial para “cazar” tormentas.

Sin embargo, no son esas habilidades la que lo hacen único para mí. Les explico. A partir de que se completó la automatización de todos los 8 radares meteorológicos en el año 2006, Picón comprendió más rápido que los demás, que de repente, en lugar de 1 radar tenía 8 a su disposición. Nunca más ninguna tormenta pudo “sentirse segura” en ningún lugar del país cuando Picón estaba de turno.

A pesar de que aprecio mucho su omnipresente vigilancia de todo el país, tampoco es esa la cualidad que más he admirado en Picón. Junto a la automatización y computarización de la información de los radares, en el 2006 nos llegó la conectividad de los radares a Internet y las facilidades de comunicación que trajo aparejada. Aquí es a mi entender donde se evidenció la característica que Picón sublimó y lo convirtió en el paradigma que yo he tratado de inculcar en todos los observadores de radar de Cuba. Picón no solo obtiene la información sobre un fenómeno peligroso a partir de los datos de radar, Picón no para hasta COMUNICARLA de forma EFICAZ a todos los potenciales afectados, a diferencia de otros buenos observadores que obtienen la información y se satisfacen con transmitirla a los centros de pronósticos.

Les pongo algunos ejemplos para que mis fieles lectores comprendan. En numerosas ocasiones Picón detectaba una tormenta o una precipitación intensa acercándose a un estadio de pelota donde se escenificaba un partido y Picón no paraba hasta hablar con los locutores del estadio y prevenirlos de que en 15 minutos tendrían que suspender el partido. La imaginación de Picón para cumplir con la tarea de comunicar la inminencia de un fenómeno peligroso no tiene un límite humano. Yo presencié la excelencia de Picón en numerosas oportunidades. Lo vi coger una guía telefónica y llamar a las farmacias, al gobierno, a las escuelas, a los servicentros y hasta a las casas particulares de un pobladito para alertar de la inminencia de una tormenta detectada por él en las imágenes de radar. Incombustible y eficaz comunicador, como nadie más, ese es su superpoder. No me canso de repetirlo, así como es Picón, siempre quise que fueran los observadores de radar, como la caballería de Ignacio Agramonte. No en balde lo he mandado a impartir entrenamientos a varios radares. Hace poco, antes de jubilarme, lo oí gritar un día –denme un número en Miami que se les viene una tormenta para arriba…

Picón está perennemente de buen humor, se presta para hacer todo tipo de sketch en las actividades, vestirse de mujer o interpretar cualquier personaje cómico. En las fiestas, él está en el centro del escándalo y la gozadera cubana. Constantemente, en el trabajo, se mete con todo el mundo y vocea cosas ocurrentes y cómicas a todos los que le pasan por al lado. Es fácil saber cuándo está de turno.

Una vez lo mandé a entrenar a los operadores del radar de La Habana, se pasó una larga temporada en Casa Blanca. El dinero de dieta que se le dio aquí se quedó corto y el Dr. Tomás Gutiérrez, a la sazón director del Instituto, me dijo que no me preocupara, que él se ocuparía y le firmó a Picón dietas adicionales que debía cobrar en la caja del Instituto. La cajera, una muchacha muy linda, pero con un carácter más feroz que el león de industriales, lo maltrató, como solía hacer con todo el mundo y lo mandó, despóticamente, a venir “después”. La pobre muchacha no sabía con quien se había metido. Al otro día Picón se acercó a la caja (ubicada en una de las casitas fuera de los predios del INSMET, en lo que llamaban la Finca de Yatová) de rodillas, con un puñado de florecitas silvestres recogidas en los alrededores y gritándole –mami, mátame, pégame, grítame, «apellúncame», a mí me gustan las mujeres dominantes como tú…y una sarta de dicharachos interminables. Todo un espectáculo, la gente salía a presenciar el “show” que Picón repetía par de veces al día, la mujer se escondía cuando sentía el barullo. Le pagó la dieta; pero igual Picón seguía yendo todos los días a la caja a gritarle cosas parecidas a esas desde afuera, cada vez más ocurrentes y el sempiterno manojito de flores.

En la construcción del radar de la Loma de la Mula Picón fue de la Brigada de los 43 (porque cuando no eran 4, eran 3: Albernas, Mora, Rafael y Picón), eran una especie de brigada de choque que arremetían como un ariete contra cualquier trabajo por más pesado que fuera. Recuerdo que una vez, en la sala grande inferior, que habría de ser la cocina-comedor (vean la foto debajo para que sepan como quedó finalmente); pero que en el proyecto del MRL-5 original era el salón de operación, También participó en la reparación constructiva de todas las estaciones meteorológicas de la provincia.

Picón y yo derribábamos los muros de concreto donde se iban a poner las consolas de operación, que nosotros eliminamos en nuestro proyecto de radar automatizado. A mandarriazos limpios, Pan, Pan, Pan, Pan, Pin, Pan, Pan, Pan, Pan, Pin (Picón era el de los Pan, yo el de los Pin) y Picón me preguntaba –¿estás seguro que no va a haber indicadores y consola de operación? Y yo –tranquilo, segurísimo, ya verás, estamos fabricando el radar del futuro en Cuba. Ahí fue cuando nos bautizó como “los artesanos de la electrónica”, y seguíamos rompiendo concreto, Pan, Pan, Pan, Pan, Pin, Pan, Pan, Pan, Pan, Pin, yo tó desguabinao y Picón incombustible regalando mandarriazos durante horas y horas.

Picón fue Vanguardia Nacional del Sindicato de las Ciencias, durante muchos años, y lo habría sido por 7 eternidades, pero a algunos jefes no le gustó que Picón peleara con vehemencia por algunas reclamaciones laborales de sus compañeros y obstaculizaron el proceso. Debo decir en favor de Picón, que para mí siempre ha sido un trabajador ejemplar. No hubo obra en el centro en la que no esté abundantemente representada la vitalidad de Picón, siempre dispuesto a acometer cualquier trabajo por pesado que fuera. Al radar se ha dedicado con una pasión extraordinaria, no por gusto él y Rafael son miembros del colectivo de ingenieros de radar que recibió la Orden Finlay, y son coautores de los dos resultados que obtuvieron Premio Relevante (XII Fórum) y Distinción Relevante (XV Fórum), así como de otras muchas distinciones colectivas que obtuvimos.

Cuando entregamos el radar MRL-5M en la Loma de la Mula, el 3 de abril de 1997, intercedí ante Rosa Elena por el problema de la vivienda de Picón y de Ichi. Rosa Elena nos facilitó el otorgamiento de los dos solares y las facilidades de materiales. Si bien Ichi fue el genio de la construcción, Picón fue el ayudante principal, y además, el genio de la gestión de los materiales y los permisos que facilitó que pudieran construir las dos casas, una junto a la otra.

Picón es una persona extremadamente solidaria. Cuando mi hija iba a cumplir 15 años, yo necesitaba tumbar una vieja pintura de aceite desconchada de la sala y la saleta; pero yo andaba mal de salud, con fiebres frecuentes y apenas había avanzado en esa tarea en varios días. Le pedí a Picón que viniera un día para avanzarme un poco. Vino con el hijo y para mi asombro, en pocas horas entre ellos dos hicieron todo el trabajo en las dos habitaciones. Eran un verdadero par de ciclones, no descansaron ni un minuto. Yo no podía creerlo. Otra vez, Picón me cogió a medio camino subiendo a pie a la Loma de la Mula, por un largo terraplén de más de 4 km. Yo comprendo que yo estaba tan flaco que parecía que me iba a desaparecer y daba pena. Me llevó en bicicleta cuesta arriba hasta el mismo radar. No sé si todavía corre; pero Picón gustaba de correr largas distancias, incluso loma arriba en los alrededores del radar. Mi mamá adoraba a Picón, él solía pasar por casa de mi mamá a tirar un conversao y ella le obsequiaba sus inigualables dulces.

Estimados y fieles lectores, me tocó dirigir la red de radares meteorológicos de Cuba por 20 años, pero como pueden ver, con monstruos como este eso fue una tarea muy simple y además agradable, yo simplemente llenaba informes, gente como Picón, hacían el trabajo de forma excelente. Y cuando de huracanes se trata…ahí es cuando de verdad hay Picón «pa comer y pa llevar», juzguen ustedes mismos por esa cara…

Dice Luis Mompié: Tuve la oportunidad y el inmenso placer de trabajar junto a Picón. Doy fe de cada una de las palabras que escribes sobre él. Algo que pocos conocen es que evitó un posible accidente aéreo en Camagüey. Se trató de un avión privado, él y yo estábamos de turno ese día. Había una gran tormenta y se iba a poner peor. Vimos un pequeño avión rodando por el área de taxeo rumbo a la pista, e inmediatamente Picón salió corriendo para llamar por teléfono a la torre de control. Les informó que era peligroso el despegue para esa aeronave debido a las condiciones meteorológicas, además de que el área alrededor estaba peor. Pues sí, le hicieron caso y unos minutos después vimos el pequeño avión nuevamente por el área de taxeo rumbo al aeropuerto para esperar a que mejoraran las condiciones meteorológicas para despegar. Así de grande es Picón.

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