Soy un poco exagerado al hablar, bueno, en general soy un poco exagerado para todo. Días atrás fui imprudentemente exagerado. Resulta que conversaba yo con el mostro Maroto, y hablábamos sobre unos equipos que llamamos «choppers», es decir troceadores, que son los dispositivos electrónicos que gobiernan a los motores de antena. De estos equipos, que compramos a un fabricante cuyo nombre no diré (que ya saben mis lectores que el bloqueo de EE.UU. tiene los brazos largos), tenemos algunos rotos, y Maroto me comentaba sobre eso. Yo le dije –ya sabes, los que se han roto por problemas en el circuito de fuerza (transistores de potencia), los hemos podido resolver, pero cuando la rotura es el circuito de control, pues no hay nada que hacer, y se nos van acumulando ya unos cuantos. Bueno, y si intentamos–me dijo Pablo–y yo–no, es muy complicado, no tenemos los planos y son circuitos de montaje superficial, muy chiquiticos–y agregué en mala hora–si reparas alguno te propongo para un Nobel.
No debí haber hablado, no hubo lengua que habló que Dios no castigó. Ahora no se como se hace para proponer a alguien para un Nobel, yo solo conozco a uno que lo ha obtenido, el mostro Tomás. No solo reparó uno (Maroto, que la especialidad del mostro Tomás es otra), ya va por dos, sacó los planos, y buscó soluciones para los circuitos integrados que no tenemos…ya se los decía…es un mostro. Debí haberlo supuesto, todavía recuerdo de aquella trajeta del radar MRL-5 que se llama transformador DT, que es una longaniza de circuiticos integrados minúsculos y que el único capaz de seguir la señal de uno a otro de principio a fin era Pablo…
Pero yo sigo sin saber cómo es el lío del Nobel, entonces se me ocurrió una idea (ya saben, como aquella de la fontana), haré como Nobel, ahorraré un dinero, y a mi muerte instituiré un Premio, que llamarán Orlandóbel, y encargaré a mi amigo Ismael Clark, de la Academia de Ciencias que se encarguen de administralo y otorgarlo cada año, pero eso sí, el primero será para el mostro Pablo Maroto. Pues nada, aquí estoy ahorrando, a ver si llego a 50 CUC, de modo de gararntizar el premio Orlandóbel al menos por 50 años…luego tal vez la Academia se encargue de darle continuidad…como el Nobel.
Orlandóbel o Nobel, Pablo Maroto merece un premio por su genialidad dedicada al día a día de mantener los radares meteorológicos cubanos funcionando, pero como ven en la foto, Pablo tiene un premio mejor, que es el cariño, respeto y consideración de muchísimas personas, dentro y fuera de Meteorología.
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