Salir de compras es algo muy agradable para algunas personas, para otros, algo aborrecible, pero para todos…imprescindible. A los cubanos que residimos en Cuba no nos queda más remedio que acudir a Francisco porque las necesidades nos desbordan y uno, que la mayoría de las veces es el único exponente de la familia que tuvo la posibilidad de viajar al extranjero, pues tiene que entendérselas con Francisco, le guste a o no. Caramba, es que soy medio despistado, y no les acabo de decir quién es Francisco, me refiero, claro, a alguien que ustedes todos conocen: Francisco Tilla, lo que pasa es que la gente suele decirle más familiarmente Paco Tilla ¿no me van a decir que no lo conocen?
Bueno, como siempre, desvarío. Yo de lo que quiero hablar es de la extraordinaria habilidad que adquirimos en LADETEC para adquirir componentes electrónicos, partes y piezas de repuesto para radares, en condiciones excepcionalmente desfavorables: sin posibilidad de preguntar al proveedor, mucho menos al fabricante, sin posibilidad de devolver si nos equivocamos, burlando la compleja telaraña que ha tejido el bloqueo de los Estados Unidos para con Cuba, muy especialmente, en este sector tecnológico relacionado con los radares meteorológicos.
Pues sí amables lectores. Voy a comentarles sobre una habilidad que desarrollamos los ingenieros de LADETEC, que constituye uno de los pilares de nuestro éxito en la sostenibilidad de los radares meteorológicos en Cuba. Comencemos por mencionar las dificultades a la que se enfrenta un equipo de ingenieros, en cualquier parte del mundo, en la adquisición de repuestos para mantener una red de radares.
Comprando en otras partes del mundo
1. El mundo tecnológico de hoy difiere sustancialmente del estilo de hace unos años. Ya las cosas no se fabrican con calidad absoluta y durabilidad eterna. Las cosas, todas, se fabrican con caducidad predeterminada. Tal vez fuera la industria automovilística la que impuso ese estándar, no obstante, en Cuba los almendrones siguen caminando, como diría Galileo: eppur si muove.

2. Hoy en día, todas las instituciones tratan de mantener sus inventarios muy bajos, por un problema económico. Los repuestos se adquieren … cuando haga falta, de lo contrario el repuesto puede envejecer en nuestros almacenes y eso es como guardar el dinero bajo el colchón y que se lo coman los ratones. Mientras más dinero tengas invertido en repuestos, más caro es el servicio que brindas al usuario final.

3. Otro aspecto importante a tener en cuenta es que hay dos tipos de instituciones involucradas. Por un lado, están los fabricantes, los que producen “la cosa en sí misma”, es decir el repuesto que necesitamos. Por otra parte, están los proveedores-distribuidores, que revenden lo que otros fabrican y estos conforman una gran jungla en constante evolución.

4. Cada fabricante marca sus productos con un código. No importa si es un cepillo de dientes o un demodulador sincrónico, cada uno de ellos va a tener un código, a veces de más de 20 símbolos alfanuméricos. Cada símbolo indica una característica del producto. Un error al seleccionar el código te conduce a que compras algo que no deseabas. Eres un hombre machista-fundamentalista, te equivocas y te llega un cepillo rosado claro. Lo mismo pasa con las partes para un radar. Te equivocas en un número y el diámetro del eje de la pieza no es el que necesitabas. Aún si pudieras devolverla, lleva tiempo y pago extra por la transportación. Es como me pasó cuando llegué a un cierto país y traté de comprar bujías para mi auto. Le pedí al dependiente “bujías 14 y medio largas”, pensando que lo encandilaba con mi sapiencia. El hombre me miró burlón y me dijo– se ve que vienes de Cuba. Mira tengo bujías de 17 fabricantes, elige uno de ellos y dime la marca y modelo de tu auto y buscaremos en el catálogo. Salí contento con mis bujías Champion para LADA 2107, seleccionadas por un grueso catálogo; pero abrumado de saber que no, que “bujías 14 y medio largas” había miles…y que incluso las del LADA 2105 eran diferentes, sin hablar que para el Mosckvich 2140 yo siempre usé las mismas que para el LADA.

5. A lo anterior súmele que los distribuidores también le ponen código a la pieza y no tiene nada que ver con el código del fabricante. Un error y en vez del cepillo de dientes azul te llega un bello juego de 50 sombras (no de Grey) para los párpados. Igual pasa con las piezas de los radares, querías un oscilador heterodino para la banda S y te llega un amplificador de microondas para la banda X. No, juro que en esto último no exagero, hemos estado a punto de cometer semejantes errores.
6. Los fabricantes son muy buenos en explicitar las cosas buenas que tiene su producto y ocultar cuidadosamente aquellas cualidades que no posee; pero que ellos saben que debería poseer. Eso no aplica mucho para el cepillo de dientes; pero para una tarjeta digitalizadora de 4 canales con conversores A/D de 16 bits y 250 MHz, que posee 10 modos de trabajo, pues hay muchos detalles que no quedan claros de la información que brinda el fabricante y uno se pregunta ¿podría hacer esto o aquello en este o más cual modo de trabajo? ¿Cuál modelo va mejor para mi aplicación? Todos los fabricantes tienen EL MEJOR PRODUCTO DEL MERCADO … ni más ni menos, es lo que dicen en sus plegables, catálogos y sitios web.

7. Lo peor de todo a lo que uno se debe enfrentar es la variabilidad de fabricantes y proveedores. Uno se siente cómodo de comprar siempre los mismos filtros de aceite para su motor, a un mismo fabricante y a un mismo proveedor; pero de la noche a la mañana el fabricante ese dejó de producir esos filtros, porque encontró que le era más rentable producir pastillas de frenos. Igual pasa con los distribuidores, desaparecen los que conocíamos, aparecen otros nuevos. No se desanime mi atribulado lector: siempre es posible volver a encontrar fabricante y suministrador de sus filtros de aceite favoritos, solo que hay que buscarlos y hoy en día los buscadores en Internet son muy buenos y hay vías para sortear el bloqueo del acceso a determinadas páginas. El mercado es como esas amas de casa que gustan de cambiar todo de sitio en la casa, las cosas están por ahí, es solo buscarlas. Es como caminar sobre una cuerda floja, hay que mantener el equilibrio, solo eso.

Como puede ver mi asombrado lector, salir de compras por Broadway (que literalmente significa Vía Ancha), que es como decir por el ancho mundo, a buscar piezas para los radares … no es un asunto trivial.

Todo lo anterior es una bicoca que se puede dominar fácilmente de solo poner empeño. Lo verdaderamente complicado viene ahora, cuando les cuente a lo que se tienen que enfrentar los ingenieros que se encargan de mantener los radares meteorológicos en Cuba.
Dificultades para comprar desde Cuba
Lo primero es el bloqueo. No, no es un teque ni una consigna oficialista. El bloqueo marca un modo de hacer que nos diferencia del resto del mundo. Lo segundo, no menos importante es el presupuesto apretado. Tener mantener y sostener radares meteorológicos con bajo presupuesto es toda una hazaña tecnológica. Los radares meteorológicos son para países de economía poderosa; pero Cuba es un país subdesarrollado. Decir “en vías de desarrollo” es un eufemismo, en mis 42 años de trabajo, en este campo de los radares meteorológicos, lo que he visto en el mundo es que la brecha entre los desarrollados y los “en vías de desarrollo” crece sin cesar. No obstante, en Cuba, tenemos funcionando radares que se inauguraron hace 50 años ¿será récord Guinness? Busque mi desconfiado lector algún otro ejemplo como el de los radares japoneses RC-32B y los radares soviéticos MRL-5 en Cuba, “algo” que haya durado 50 años en explotación … en cualquier campo tecnológico. Veamos las consecuencias de lo mencionado en la práctica de comprar componentes desde Cuba.
1. “Gracias” al bloqueo no podemos comunicarnos ni con fabricantes ni con proveedores. No hay modo de preguntar lo que esté dudoso, basta que “se huelan” que es para Cuba para que se cancele el negocio. Nosotros tenemos que pasarle a nuestra empresa de comercio exterior cubana toda la información posible (incluyendo 4-5 opciones de un mismo componente), porque ellos tampoco se comunican ni con fabricantes ni con proveedores, sino con intermediarios, empresillas anónimas, que de tercera o cuarta mano acceden a un proveedor, no se sabe a cuál. No hay posibilidades de devolver nada (bueno, para no ser absoluto, muy raras veces se puede), mucho menos si el error es nuestro. Es un proceso lento, riesgoso y muy complicado. Hay que tener un gran dominio de la técnica y de la base de componentes disponibles en este siempre cambiante universo. Lleva muchos años de estudio, mucho empeño, compenetración, comunicación y buena voluntad entre los ingenieros (es decir nosotros) y la empresa importadora.
2. El presupuesto muy apretado no es un “privilegio” de los cubanos. He estado en muchos radares de países desarrollados y todos los ingenieros se quejan de que no le dan todo lo que necesitan; pero…lo nuestro va mucho más allá. Lo dije en el punto 2 del epígrafe anterior, todo el mundo trata de mantener inventarios bajos; pero en otros países, a diferencia de Cuba, disponen de un mecanismo de compra rápido, que le permite en breves días disponer de cualquier pieza (bueno, conozco excepciones, en todas partes cuecen habas). Nosotros, en cambio, tenemos que esperar a una asignación de presupuesto para iniciar un largo proceso de compra. Esto nos condujo a que hemos tenido que desarrollar una gestión de riesgos, que, empujando a mi maltrecha modestia, ha estado a un nivel muy alto. Como el presupuesto nunca nos ha alcanzado para todo, sino para muy poco, hemos tenido que decidir qué comprar y con lo que compráramos, mantener la vitalidad de los radares. Para decidir nos basamos en las estadísticas de fallas, en las horas de trabajo de cada parte (cuyo control llevábamos rigurosamente), en el conocimiento exacto del comportamiento de cada componente…y en la intuición que da la experiencia. No tengo que alardear mucho, los resultados están a la vista: los radares funcionando.
3. “Gracias” al bloqueo, el presupuesto real nuestro se reduce de 3 a 5 veces. Esto es porque a nosotros, los cubanos, cualquier cosa que compremos nos llega encarecida por los intermediarios que saben que corren el riesgo de ser multados por el largo brazo del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos…y por si acaso, lo cobran por adelantado. Como mismo no podemos preguntar características técnicas, tampoco podemos averiguar los precios. Algunos productos suelen mostrar los precios (minoristas) en Internet; pero esos son solo los productos de uso masivo, aquellos que cualquier persona se compraría en una ferretería o en una tienda de electrodomésticos en una pasarela de pago electrónico. Los componentes de radiofrecuencias y otros equipos y componentes eléctricos y electrónicos, de uso específico, no tienen los precios “en vitrina”. Los precios, claro está, en partidas grandes suelen ser menores que el precio minorista; pero el gravamen por el riesgo del bloqueo siempre existe. Es por este motivo que no se puede comprar ningún componente individual, sino que hay que esperar a que se asigne un presupuesto para comprar un paquete grande. Nosotros muchas veces acudíamos a amigos radicados en el extranjero que podían solicitar cotizaciones de un grupo de productos (listado ficticio, pero dentro de él, algún componente cuyo precio nos interesara saber). Por supuesto, sabíamos que ese no sería el precio real; pero nos permitía evaluar diferentes componentes en cuanto a su precio a la hora de tomar decisiones técnicas. El proceso de compras es siempre una pelea entre el precio y las características técnicas y entre el precio y el tiempo de desarrollo.
4. No todo podía ser malo. Gracias al bloqueo (ahora lo pongo sin comillas) desarrollamos un peculiar know-how que nos coloca entre las 10 únicas instituciones del mundo que pueden fabricar TODO para un radar (incluido el software). Mientras más complejo es un módulo, mayor valor agregado tiene (por tanto, más caro) y más susceptible es de ser bloqueado para Cuba. Eso nos obligó a saber desarrollar y fabricar cada módulo de un radar a partir de componentes más simples (por tanto, menos sujetos al bloqueo). Esto nos abarata el costo (porque no pagamos por el know-how del módulo), y nos ha dado la flexibilidad de modificar el diseño acorde a la base de componentes que se pueda comprar en cada momento. Nosotros podemos fabricar un radar a un costo muy cercano al costo de fabricación de un radar hecho por uno de los grandes fabricantes. Ellos, los grandes fabricantes, siempre tienen la ventaja de conseguir precios mayoristas para cada componente, porque fabrican muchos radares.
No, nadie nos enseñó. No pasamos cursos, seminarios, talleres, simposios (que tan de moda están ahora) para aprender a comprar. Aprendimos sobre la marcha con muchas horas de autoestudio. Comenzamos en estos procesos de compras a mediados de los 90. Toma mucho tiempo aprender a leerse varias páginas de especificaciones y parámetros técnicos y saber qué significa cada uno y cómo se mide y se verifica en la práctica. La única recomendación que puedo dar, ahora que me jubilo, es: ESTUDIEN.
Comprando para los radares meteorológicos cubanos
Para los jefes, hacer un listado con las solicitudes de componentes, partes y piezas es algo trivial. Siempre lo piden con mucha prisa (como mismo se lo piden de más arriba) como si eso se pudiera hacer en dos días … y que sirva para algo. Les interesa solo el monto total y un listado; pero en la realidad, la confección del listado comienza mucho más atrás. Les cuento.
Lo primero son los planes. De igual forma, sobre los planes en LADETEC siempre tuvimos un enfoque diferente al de los jefes, representantes de todo el aparato administrativo que gravita sobre nosotros.

Para los jefes, el plan de mantenimiento de un radar es una cruz en el mes en que se supone que uno quiere dar mantenimiento a un radar. Para nosotros, el plan de mantenimiento de un radar es una descripción detallada, sistema por sistema, de lo que se debe ejecutar, con un desglose de los recursos (materiales y humanos) y … una fecha tentativa (la crucecita para los jefes).

De este plan, radar por radar, sale una parte del listado de piezas de repuesto a comprar. Aparte de nuestro plan de mantenimientos y reparaciones teníamos otro plan, desconocido para los jefes, al que llamamos plan de elevación de la fiabilidad (eso lo introduje desde 1983, a partir de mis conocimientos “soviéticos” y creo que ha sido muy exitoso, pisoteando a mi modestia, como dice una periodista amiga). Hablando en los términos de moda, este es un plan de desarrollo para modificar, mejorar o sustituir los módulos que mayor cantidad de averías estuvieran generando. De este plan, salía la otra parte del listado de piezas y componentes a adquirir.

Antes que los jefes fueran a pedir el listado, nosotros elaborábamos y teníamos preparado un listado tentativo, con los repuestos y con las partes y componentes para la innovación y modernización. Para confeccionarlo, nos dábamos a la tarea de buscar en internet las disponibilidades reales, teniendo en cuenta los cambios de los fabricantes y proveedores, y tratando de hacernos una idea de los precios y del monto de este listado-deseo (pero ya preparado con códigos y precio estimado).

Una vez que los jefes nos solicitaban el listado, acompañado de un monto asignado, revaluábamos el listado-deseo y lo ajustábamos, siguiendo nuestra rigurosa metodología de riesgos, a la realidad del presupuesto asignado. Quiero aclarar que en cada revaluación volvíamos a hacer la búsqueda en internet, aunque solo hubieran pasado un par de meses y volvíamos a analizar radar por radar la situación operativa y también reanalizábamos nuestros desarrollos (sí, como todo en este mundo, cambiamos cosas, siempre para mejor, a la luz de los nuevos conocimientos que adquiríamos en la práctica del desarrollo). Es sorprendente lo que cambia el mercado de un día a otro y es tedioso tener que revisar los códigos cada vez, de lo contrario, pierdes mucho tiempo, porque va a rebotar. También nuestros criterios de diseño cambian de un día a otro. Somos unas máquinas de aprender. LADETEC siempre ha sido un animal en evolución. La gente solía decirme —“pero si ayer dijiste esta otra cosa …” y yo habitualmente riposto —“ayer era joven e inexperto aún”. Hummmm, todavía lo sigo siendo, ambas cosas.

Se enviaba el listado. Pasado un tiempo recibíamos retroalimentación de la empresa de comercio exterior. Analizábamos las contrapropuestas de las ofertas, reajustábamos, volvíamos a mirar en Internet (y revisar los códigos), volvíamos a hacer una propuesta y de paso aprovechábamos para corregir el tiro a la luz de la práctica de nuestros diseños y a la luz de cualquier problema surgido en los radares. Este tirijala podía tener varias iteraciones hasta que llegábamos a oferta final y dábamos luz verde para la compra (sí, ese es el paso de mayor compromiso, estás mandando a comprar decenas y centenas de miles de dólares que nuestra maltrecha economía se quita de otros rubros importantes para garantizar la seguridad de la población en casos de eventos meteorológicos destructivos…errores aquí, cuestan muy caros, y alguien, en algún momento, pedirá cuentas). Luego, a esperar. No piense mi impaciente lector que terminó allí. Al llegar lo comprado a nuestras manos, venía el proceso de verificar que efectivamente, se compró lo que pedimos, y el proceso de comprobar, en la práctica, la correctitud de nuestras presunciones, o si no…a buscar soluciones alternativas para poder usar lo que compramos, que nunca tuvimos el chance de equivocarnos y desechar algo, y vengan largas discusiones antes de cada decisión.

Elaborar listados para la compra de componentes para radares es posible por una cualidad muy importante: en los ingenieros de LADETEC han confluido durante muchos años las tareas de mantenimiento y las tareas de desarrollo. Nos dedicamos a “criarnos” nosotros mismos como ingenieros universales que conjugan la práctica del servicio técnico con las tareas de investigación-desarrollo. En LADETEC los 4 (Arturo, Roberto, Leonardo y yo) participamos intensamente (con muy ásperas discusiones en cada punto) en cada estadio de la confección de los listados. Sin embargo, Arturo es el que se encarga del grueso de las búsquedas en Internet y la confección de los listados. Su memoria prodigiosa lo ayuda a entenderse sin equivocaciones con listados de centenares de componentes, cada uno de los cuales tiene especificaciones de varias páginas.

En esa tarea, Arturo nos aventaja a los otros 3, no porque no supiéramos o fuéramos muy lentos, sino porque Arturo, en esa tarea, es mucho más rápido y efectivo que nosotros 3, como mismo Leonardo es el más efectivo en las reparaciones y Roberto en el diseño y fabricación de circuitos, y yo…ná, yo solo soy el más viejo, es mi mérito mayor. Arturo es “mi arma secreta” para elaborar solicitudes de compras tecnológicas. En ocasiones, lo he “prestado” para elaborar solicitudes, también tecnológicas, de medios de cómputo y comunicaciones o de estaciones automáticas, que los informáticos que debían hacerlas no lograban concretar. Cada listado que hicimos, fue una pequeña obra de arte de un solista con 3 acompañantes. El que crea que es trivial, fácil y rápido hacer listados para la compra de partes y componentes para los radares meteorológicos…métale, nosotros les deseamos éxitos, por el bien de Cuba.
Pues bien, ya les conté todo, ese es mi secreto, que no puede ser más simple.

Me retiro, digo … si no hay dudas.
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