«Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles». (Bertolt Brecht)

Hay un radar meteorológico en el Alto del Mamey, en Pilón, en la provincia Granma. Desde hace mucho años este radar funciona como un reloj, con una efectividad más alta que la que promedian los radares WSR-88DP del Servicio Meteorológico de los Estados Unidos. Esta proeza tiene acuñado el nombre de una persona extraordinaria que la vida me ha premiado al poderlo conocer y compartir con él gran parte de mi vida laboral. Su nombre es Dennis Naranjo Oliva.

Su modestia es tan extraordinaria como sus habilidades con el radar. Él a todos dice que la estabilidad de este radar se debe a los trabajos de modernización que hemos hecho los ingenieros de LADETEC que radicamos en Camagüey. Yo, que he estado al frente del servicio técnico de todos los radares cubanos desde mucho antes que Dennis se incorporara a trabajar en este radar, lo puedo desmentir. No, nosotros hicimos los trabajos de modernización en los 7 radares antiguos, sin embargo el de Pilón tiene una estabilidad mucho mayor que la de otros radares, donde también hicimos este mismo trabajo. Luego no, esta excelencia no se debe a nuestro trabajo, sino a la pasión conque Dennis se ha dedicado a mantener este radar funcionando, el mérito es todo suyo.

Yo recuerdo que en los años 90 del siglo pasado tuve que viajar en varias ocasiones a hacer reparaciones en este radar. Cuando eso yo entrenaba a la pléyade de monstruos de LADETEC (Leonardo, Arturo, Roberto). Aquello era una escuela porque cada vez que llegábamos teníamos que reparar múltiples averías y además dejábamos reparadas todas las tarjetas de repuesto; pero era inútil, era como arar en el mar, en cuanto nos íbamos volvían las averías. Dennis aún no estaba allí.

Su protagonismo (yo creo que él se había incorporado en 1996) comenzó cuando un huracán, justamente tocayo suyo destruyó el radar en el año 2005. Me recuerdo que hablé por teléfono con él una vez que pasó el huracán. Él me dijo — el radomo voló en pedazos, y yo — trata de recoger los pedazos — y él — no, el ciclón lo hizo menudos pedazos y volaron muy lejos. Al otro día llegué allí y vi el cuadro desolador. Habían corrido chorros de agua por las canales de los cables. En la cabina de los transmisores parecía que había entrado toda la vegetación circundante. Yo le di ánimos y él me hizo su compromiso que cuando lo reconstruyéramos lo mantendría como una joya, y lo ha cumplido con creces.

Dennis es un hombre de una inteligencia extraordinaria y sumamente arrojado, no le teme a ningún trabajo y ha hecho, literalmente, hasta las cosas imposibles. Dennis ha hecho reparaciones de microelectrónica que yo le he autorizado solamente porque confío en sus habilidades extra clase, porque francamente yo mismo no me hubiese atrevido a hacerlo. Son trabajos comparables a esos de los artesanos que escriben cosas en un grano de arroz. Son cosas que la fábrica dictamina que no son para reparar en laboratorio, sino para cambiar el módulo completo. Ahora imagínense reparar no en condiciones de laboratorio, sino en las condiciones del radar de Pilón, que está en los quintos infiernos y no hay condiciones especiales de ningún tipo.

Cada vez que me reportaban una avería, ya Dennis venía volando loma arriba a repararla, y venía en su moto, a caballo, a pie o en lo que pasara. Nunca ha pasado mucho tiempo desde que se produce la rotura hasta que Dennis se persona y de inmediato se pone en función de la solución, sea tornear una pieza, buscar un rodamiento o cualquier cosa que se le ocurriera para innovar una solución que permitiera el rápido restablecimiento del radar.

A esto debo añadir que sus conocimientos de radar son básicamente autodidácticos. Es cierto que ha pasado algunos breves cursitos que hemos impartido en Camagüey; pero yo, que entrené a 32 ingenieros en mis 42 años de trabajo, sé que no, que un ingeniero necesita mucho más que eso y él no lo ha tenido, lo ha suplido con dedicación y autoestudio.

Yo he lidiado con todo tipo de técnicos, los he tenido muy audaces que han sido un verdadero desastre. Yo admiro la audacia de Dennis para las reparaciones porque a esa cualidad une otra muy importante: una capacidad de observación muy elevada. Él observa muy bien el comportamiento del radar y ante cada avería estudia cuidadosamente el fenómeno y hace su propuesta, a veces tan arriesgada que parece descabellada; pero la práctica siempre confirmó la justeza de su propuesta.

Desde hace muchos años Dennis está al frente de todo el colectivo como jefe de estación y puedo decir que es un colectivo ejemplar, disciplinado, cumplidor, muy creativos y siempre vigilantes ante los fenómenos meteorológicos. Sin restarle méritos a nadie, que son excelentes compañeros, el trabajo de Dennis como jefe es muy meritorio.

Ya les digo amables lectores, con gente como Dennis, mi trabajo al frente del Centro de Radares fue un paseo. A mí me hubiese encantado haberlo tenido aquí trabajando con nosotros en LADETEC, quién sabe qué cimas habríamos conquistado. Al momento que escribo esto, si mis récords están correctos, Dennis está cumpliendo 48 años, ya con 27 años de servicios, muy distinguidos, téngalo en cuenta los jefes para futuras condecoraciones. No pierdo las esperanzas de poder modernizar este radar a la cualidad Doppler y por supuesto, lo haríamos contando con la inestimable cooperación y con los ingeniosos aportes de Dennis. Es del tipo de Hombres que hacen grande a nuestra Revolución.

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