Radares Mirando al Sur

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Que 50 años no es nada … diría Gardel

A mí me suceden cosas extrañas. Hace un tiempito, dos señoras «de cierta edad» me abordaron confundiéndome con alguien, Dijeron llamarse Lochy y Adita, ellas pensaron que yo estudié con ellas en el Pre, seguramente me toman por un primo mío de más edad.

Como ellas saben que yo escribo un blog y soy un cuentero, me pidieron que hablara de su generación que cumple 50 años de graduación de preuniversitario. Nada, a las personas mayores no se le debe llevar la contraria, si total, yo cuento mis historias y hasta soy cuentero de segunda y de tercera mano. Me metí en el personaje y allá voy a comentarles sobre «nuestra» graduación prodigiosa. Sígame y entérese.

Al parecer, allá por los años 1954 al 1956 nuestros padres fueron muy fecundos y cuando nos tocó entrar al preuniversitario en el onceno grado en 1972 (sí, hicimos de séptimo a décimo en la secundaria por algún descocado plan), éramos muchos y tuvieron que formar seis grupos en la sesión de la mañana y cuatro en la sesión de la tarde, algo anormal para la época.

En la provincia apenas estaban incipientes los preuniversitarios en Ceballos y Sola, el pre Álvaro Morell Álvarez, «el del Casino», era el único centro urbano para ese tipo de enseñanza, el antiguo e histórico Instituto de Segunda Enseñanza, el centro para adquirir el nivel de bachiller en Ciencias y Letras.

Estaban ya lejanos los años de las luchas estudiantiles de Álvaro Morell y Suárez Gayol en esta institución y aun resonaba en el vetusto patio el eco de sus hazañas estudiantiles.

Pues sí, a nuestra generación no le tocó ir al Moncada o a la Sierra, o a Playa Girón, o a la Campaña de Alfabetización, ni a la Limpia del Escambray. Sin embargo, ya graduados universitarios a muchos nos tocó participar en misiones civiles y «pacíficas» en Angola, Etiopía, Nicaragua, Venezuela y unos cuantos países más. Miren las fotos y vean cuan pacíficas fueron.

Muchos tuvieron que recibir entrenamiento militar para ir a estas misiones y aprender a querer al fusil AKM, conscientes de que saberlo usar correctamente podía significar la diferencia entre la vida y la muerte.

Orgullosamente fuimos a siete Escuelas al Campo, cada una de 45 a 60 días. Están en la memoria de muchos los campamentos de Guillermón, 5 y 71/2 de Manga Larga, Dos Hermanas y algunos otros cuyo nombre no recuerdo. Pasamos indecibles trabajos, frío, lluvias, calor, incomodidades, sin embargo, lo que recordamos con mucho agrado son los buenos momentos, las canciones, las bromas y la alegría conque enfrentábamos cada día. En esas siete Escuelas al Campo aprendimos TODO sobre las labores agrícolas de la caña de azúcar. Ya como graduados universitarios a muchos les tocó servir en los centrales azucareros de la provincia y complementaron sus conocimientos con las labores industriales de la fabricación de azúcar, tan deprimidas hoy día.

Otro aspecto en el que nuestra generación se destacó fue en la construcción. Estando en el Pre acumulamos una extraordinaria cantidad de horas de trabajo VOLUNTARIO (sí, fuera de la jornada de estudios) en la construcción de la «Formadora», allá en el fondo de Montecarlo. Como estudiantes universitarios y ya graduados participamos en la construcción de un sinfín de obras en nuestra ciudad (el Policlínico de Especialidades Pediátricas, el Cable Coaxial, la Rotonda del Papa, la construcción de la propia Universidad y otras muchas…). Pero estas habilidades en los trabajos constructivos nos sirvieron en lo adelante en nuestras vidas.

«Tirábamos placas» en nuestras casas, en las de los vecinos, en la de los amigos, en la de los compañeros y hasta en las de gente no muy cercana, solo por solidaridad con algún conocido. Aprendimos todo de la construcción, sí, hombres y mujeres, ayudados por los ingenieros civiles y los arquitectos de nuestra generación. Aprendimos a levantar paredes, repellar, tirar pisos, hacer mesetas y de cuanta cosa se presentaba, en las casas y en los centros de trabajo, de albañilería o de plomería. Orgullosamente, somos una generación de constructores.

En general yo diría que fuimos una generación de «arrestados arreglalotodo»: lavadoras Aurika, ventiladores Órbita y de cuanta cosa se rompía en las casas, siempre con la asesoría de un amigo más diestro y más especializado; pero nunca se nos paraba un equipo por un cablecito partido o una correa de lavadora deshilachada. No tuvimos miedo de aprender a reparar y acometer cualquier trabajo doméstico. Los eléctricos y los mecánicos OK, son más afines con estas cosas, pero conocí médicos, artistas, profesores que le metían mano a reparar cualquier cosa. Y repito, sí, hombres y mujeres. Muchos lo recordarán y me darán la razón.

Cuando llegó el Periodo Especial, el transporte colapsó y acudimos a las bicicletas. Los que no sabíamos montar bicicleta, entre los que me cuento, aprendimos. Así se tornó muy común ver a una mujer en bicicleta llevar a dos y hasta tres niños al círculo y a la escuela y luego llegar antes de las 8 de la mañana a su trabajo (sí, llegábamos antes de las 8 a. m.). Lo de las bicicletas, ahora riquimbilis y motorinas, llegó para quedarse y eso transmitimos a nuestros hijos.

Nosotros, en mayoría, no seremos muy descollantes, pero si fuimos trabajadores honestos y muy cumplidores. Y claro, en nuestra generación hemos tenido personalidades muy destacadas que han alcanzado posiciones notorias dentro y fuera de Cuba. Cirujanos eminentes, médicos, poetas, innovadores, profesores, dirigentes, artistas y deportistas. Enumerarlos sería muy difícil porque puedo pecar por omisión; pero me atrevo a poner una foto, la del eminente neurocirujano Dr. José Montejo, que es una figura muy querida por todos nosotros, y estoy seguro que todos estaremos de acuerdo en que él representa dignamente los valores de modestia, altruismo, honradez y sencillez que caracterizan a nuestra generación.

Nuestra generación no fue de tener la fuerza instantánea de un tornado, nosotros más bien fuimos de tener la fuerza indetenible de la gota de agua que horada una piedra. No, no dimos nuestras vidas en un minuto brillante y heroico. Nosotros hemos dado nuestras vidas perdiendo cada día jirones de ella. En 50 años hemos acumulado más de 18 260 jornadas de lucha diaria. Y no, no tuvimos Internet (sí, íbamos a la biblioteca y leímos de los libros), ni celulares ni computadoras, mucho menos ChatGPT.

Cuando estábamos en el pre muy pocos tenían teléfono (fijo por supuesto, de esos de disco), muchos no teníamos televisor en las casas (a mi casa llegó cuando ya yo estaba en grado 12). Hasta que yo me fui a estudiar a Moscú, en mi casa jamás hubo ventilador, dormíamos con mosquiteros y aunque las nuevas generaciones no conciban la vida así, sin esas comodidades, nosotros sobrevivimos. Y así era en la mayoría de nuestros hogares.

Si me pidieran que expresara qué caracteriza a nuestra generación diría: alegría, amor, amistad, compañerismo, solidaridad y sacrificio. Somos, en la inmensa mayoría, personas devotas de la lealtad, de esas que honran la palabra empeñada por encima de cualquier beneficio personal y de cualquier sacrificio.

Ciertamente, nuestro Presente no se parece mucho a lo que soñábamos cuando Silvio nos convidaba a creerle cuando decía Futuro. No obstante, aquí estamos, seguimos en pie de lucha por un futuro mejor. No nos amargan las dificultades ni nos amedrentan los sacrificios, fue lo que nos tocó vivir. Esperamos que a nuestros nietos les toque un país mejor.

*****

El otro día, hace poquito, tuvimos el último día de clases en el Pre, rompimos las libretas, nos garabateamos las camisas y salimos a la Vida, llenos de energías y esperanzas. De repente … alguien nota que han pasado 50 años. Por suerte, como dijo nuestro Presidente de la FEEM, Orlando Lázaro González Beares (el de la camisa negra) — ESTAMOS IGUALITOS. Aaaaah porque no me creen. Miren desconfiados, Orlandito, el de la camisa negra, está en la foto de arriba, de pie, igualito, solo que con bigote, ahora me van a decir que no está igualito en todo lo demás…la gente por llevarle a uno la contraria se agarra de un clavo caliente…

De los profesores, los excelentes profesores, hablaré en un post aparte.

Comentarios

5 respuestas a «Que 50 años no es nada … diría Gardel»

  1. Avatar de Magaly Recio Moya
    Magaly Recio Moya

    Podrías agregar los trabajos voluntarios en la construcción de nuestra universidad de Camagüey donde ya estudiábamos y contribuíamos a su ampliación y el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes celebrado en Cuba en 1978.

    1. Avatar de Orlando El Escriba

      Cierto, lo que pasa es que yo no estudié en Cuba. En Moscú con tremendo frío limpiabamos guaguas para lo del festival

    2. Avatar de Orlando El Escriba
  2. Avatar de Maria Josefa Plá del Toro.
    Maria Josefa Plá del Toro.

    Fuimos y somos de una generación de valores humanos y eso nos une. Cumplimos con la sociedad y la Patria.

    1. Avatar de Orlando El Escriba

      Así es, sumplimos y sobrecumplimos con todo lo que nos pidieron.

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