
Una historia del Oriente Medio y sus religiones condensada en 40 capítulos. Capítulo 5. La migración de las religiones del Oriente Medio a Europa. Es solo un intento de explicarme a mí mismo los conflictos sobre los que he estado oyendo y leyendo desde pequeño.
Europa suele imaginarse a sí misma como la cuna de la civilización occidental, pero en materia de religión ocurrió exactamente lo contrario: durante siglos, Europa fue una alumna espiritual de Oriente Medio. No una, sino tres veces, las grandes ideas religiosas llegaron desde las tierras que van de Egipto y Palestina hasta Siria, Anatolia e Irán. Primero fue el judaísmo. Luego el mitraísmo. Y finalmente el cristianismo. Las tres nacieron en Oriente Medio y, en distintos momentos, transformaron por completo la forma en que los europeos entendían el mundo.
El judaísmo fue la primera gran religión oriental en llegar a Europa. Surgió entre los antiguos hebreos, en la región de Palestina, y se extendió lentamente por el Mediterráneo gracias al comercio, la migración y, sobre todo, a las diásporas judías. Cuando los romanos destruyeron Jerusalén tras las rebeliones judías de los siglos I y II d. C., miles de judíos fueron expulsados o huyeron hacia otras partes del Imperio romano. Desde entonces, comunidades judías aparecieron en ciudades de Italia, Grecia, Hispania y el sur de Francia. Allí llevaron consigo algo extraordinario para la época: la idea de un solo Dios universal, invisible y todopoderoso.
Para los romanos, acostumbrados a tener decenas de dioses, aquello era una rareza.
Después vino el mitraísmo, una religión hoy casi olvidada, pero que durante varios siglos pareció destinada a conquistar Europa. Nació probablemente en Anatolia o Armenia, aunque los romanos creían que provenía de Persia, lo que le daba un aura exótica y misteriosa. Su dios principal era Mitra, una figura asociada a la luz, la verdad y la lucha contra el mal.
El mitraísmo se expandió entre los siglos I y III d. C. por todo el Imperio romano, especialmente entre soldados, funcionarios y comerciantes. Tenía templos subterráneos, ceremonias secretas y una fuerte idea de fraternidad entre sus iniciados. Era una religión reservada, casi clandestina, que prometía salvación personal y vida después de la muerte.
Durante un tiempo, el mitraísmo y el cristianismo compitieron por el alma de Europa.
Y entonces llegó la tercera oleada: el cristianismo.

Hoy muchos europeos y occidentales ven al cristianismo como algo “propio”, casi inseparable de Europa. Pero en realidad fue una religión nacida en una pequeña provincia oriental del Imperio romano. Jesús era judío. Sus discípulos eran judíos. Las primeras comunidades cristianas aparecieron en Jerusalén, Antioquía, Damasco y Alejandría, todas ciudades de Oriente Medio.
Fueron predicadores orientales quienes llevaron el cristianismo a Europa. Durante siglos, la religión cristiana siguió teniendo su centro intelectual y espiritual en ciudades orientales. Los grandes teólogos de la Iglesia primitiva hablaban griego o arameo, no latín. Las disputas que definieron la doctrina cristiana se celebraron en Asia Menor, Siria y Egipto. Incluso cuando Roma se convirtió en el centro político del cristianismo, la religión seguía siendo, en esencia, una importación oriental.
Lo más curioso es que Europa terminó olvidando ese origen.
Con el paso de los siglos, el judaísmo quedó como una minoría dispersa, el mitraísmo desapareció por completo y el cristianismo se europeizó tanto que parecía haber nacido allí. Pero no fue así. Durante siglos, los europeos no exportaron religión a Oriente Medio: la importaron desde allí.
Oriente Medio no solo dio al mundo imperios, rutas comerciales y guerras. También dio algo mucho más profundo: las ideas sobre Dios, el alma, el pecado, la salvación y la vida después de la muerte que todavía influyen en cientos de millones de europeos y occidentales.
Tres veces vino Dios de Oriente. Y las tres veces, Europa cambió para siempre.
El cristianismo ha sido un pilar fundamental en la formación de la civilización occidental, moldeando su estructura social, ética, política y cultural durante siglos… y vino del Oriente Medio.
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