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Oriente Medio: 4. Si Mahoma no va a la montaña, la montaña se convierte en califato

Mapa del califato árabe Omeya, en el momento de su mayor expansión. Historia del Oriente Medio.

Una historia del Oriente Medio y sus religiones condensada en 40 capítulos. Capítulo 4. Mahoma y el origen del Califato Árabe. Es solo un intento de explicarme a mí mismo los conflictos sobre los que he estado oyendo y leyendo desde pequeño.

A comienzos del siglo VII, Arabia parecía el lugar menos probable desde el que pudiera surgir una potencia mundial. Era una península árida, dividida en tribus rivales, sin grandes ciudades, sin un Estado unificado y situada entre dos gigantes exhaustos: el Imperio persa sasánida y el Imperio bizantino, que llevaban décadas desgastándose en guerras interminables. Entonces apareció Mahoma.

Imágenes alegóricas a Mahoma, el fundador del Islam

Más que fundar una nueva religión, Mahoma creó una nueva comunidad. El islam nació como una fe, pero también como una forma de organización política y social. Por primera vez, las tribus árabes comenzaron a verse como parte de algo mayor que su clan o su ciudad: una comunidad unida por una misma creencia, una misma ley y una misma lengua.

Cuando Mahoma murió en 632, esa comunidad no desapareció. Sus sucesores, los califas —palabra que significa “sucesor” o “representante”— heredaron no solo la misión religiosa, sino también el poder político y militar. Así nació el Califato. El Califato Árabe (632-1258 d.C.) fue el estado teocrático islámico sucesor de Mahoma, expandiéndose rápidamente desde Arabia hasta abarcar territorios de Asia, África y Europa. Dirigido por un «califa», logró unificar vastas regiones bajo el Islam, destacando los períodos Rashidun (ortodoxo), Omeya (Damasco) y Abasí (Bagdad), influyendo profundamente en la cultura, el comercio y la ciencia.

Orlando El Escriba, sobrevolando el Califato Árabe en una alfombra a fin de documentar el post en este blog. De paso dándole un paseo a la jevita.
Cuando eso yo todavía no tenía el LADA, por eso tuve que usar la alfombra para llevar a la jevita a ver todo el califato árabe y documentarme antes de escribir en el blog.

En apenas veinte años ocurrió algo casi imposible. Los ejércitos árabes salieron de Arabia y derrotaron, uno tras otro, a los dos grandes imperios de la región. Conquistaron Siria, Palestina, Egipto, Mesopotamia y toda Persia. Para 652, el nuevo imperio musulmán se extendía desde Libia hasta las montañas de Irán. Apenas un siglo después, bajo los omeyas, dominaba también el norte de África, parte de Asia Central y la península ibérica.

La velocidad de aquella expansión tuvo varias causas. Los persas y bizantinos estaban agotados después de décadas de guerra. Arabia, por su parte, había sido unificada por primera vez. Y los nuevos gobernantes tenían algo que los antiguos imperios ya no tenían: una idea movilizadora. Los conquistadores no se veían simplemente como soldados, sino como miembros de una comunidad elegida, encargada de extender un nuevo orden.

Pero el Califato no fue solo una máquina de conquistas. También creó una nueva identidad para Oriente Medio.

Hasta entonces, la región era un mosaico de pueblos, lenguas y religiones: griegos, persas, arameos, coptos, judíos, cristianos, zoroastrianos. Con el tiempo, gran parte de ese mundo comenzó a hablar árabe y a adoptar el islam. La lengua árabe se convirtió en la lengua del gobierno, del comercio y de la cultura. El islam pasó a ser el eje político y espiritual. Y la idea de que toda la región formaba parte de una misma civilización nació precisamente en esta época.

Por eso el legado del Califato sigue siendo tan visible hoy. Si los fenicios unieron el Mediterráneo por el comercio y los persas inventaron el gran imperio multicultural, los árabes del Califato hicieron algo distinto: unificaron Oriente Medio alrededor de una religión, una lengua y una identidad común.

Sería como si, mil quinientos años después de la caída de Roma, todos los europeos siguieran hablando latín y considerándose romanos.

Ese fue el verdadero triunfo del Califato: no solo conquistó montañas. Convirtió a la montaña entera en parte de su mundo.

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