Radares Mirando al Sur

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Estímulo y Timo

Representa a alguien recibiendo un dinero "por debajo de la mesa", es decir, cobrando indebidamente, timando al comprador en beneficio propio

Un par de anécdotas sobre timos, que se han ejecutado a la sombra de mecanismos de beneficio y estimulación que el Estado ha proporcionado a trabajadores.

Ciertamente, el inicio del Período Especial fue muy duro para la enorme mayoría del pueblo de Cuba. Ahora también corren tiempos dificiles, solo que ahora hay un pequeño grupo enriqueciéndose. Como pueblo, pasa lo mismo que pasa con las personas: las dificultades sacan a flote la verdadera esencia de las personas. En unos casos salen cosas muy buenas, en otros cosas muy malas, pero créanme, lo que sale es lo que está, aunque la persona se haya pasado muchos años simulando ser buena persona. Hay algunos en que de solo entrar en posesión de un adarme de poder, muestran toneladas de soberbia y maldad.

Recuerdo que en el año 1995, después de varios años muy duros en todos los sentidos, comenzaron a otorgar a los vanguardias y personas destacadas de cada centro de trabajo la posibilidad de comprar en una tienda de estímulos para vanguardias. Para mí y para mi familia fue una bendición, los niños habían crecido y ya tenían 10 y 5 años, respectivamente. Ropa y zapatos había sido un problema y allí se podía adquirir una buena cantidad de cosas, normadas por el precio y por rubros, pero recuerdo que hicimos una compra grande. Al llegar a casa mis hijos «modelaron» probándose las cosas. Fue un momento agradable en una situación muy tensa en el día a día.

Todo bien; pero … lo malo es mi memoria fotográfica y auditiva. Me dio por revisar el total que había comprado y me daba una diferencia. Repetí los cálculos en la mente y nada, vuelta a darme una diferencia. Los precios no estaba visibles, había que preguntar cada ítem a las dependientas de cada área y al final una hacía la suma en papel que uno entregaba en la caja y pagaba. No había factura.

También tengo otro problema, es mi habilidad para leer el lenguaje corporal de las personas. A un par de dependientas le noté algo que no me gustó al preguntarle los precios, me pareció que me mentían. Lo que hago en esos casos es repreguntar, entonces noté titubeo y rectificación. Especialmente la que hacía la suma estaba nerviosa. Nada, no le di más importancia, pagué lo que me dijeron y no rectifiqué la suma, como sí hice después en la casa. De cualquier modo, yo estaba feliz, había resuelto problemas acuciantes de ropa y zapatos para mis hijos.

Un tiempo después escuché comentarios al respecto que corroboraron mis aprensiones. Sí, estaban timándonos, a nosotros, a los vanguardias, aprovechándose de lo que el Estado nos había dado. Creo que fue un año más tarde tuve otra oportunidad, pero esa segunda vez fui preparado. Tuve que rectificarle la suma, hubo nerviosismo, aparentaron haberse equivocado, se disculparon; pero lo comprobé, nos estaban estafando.

El otro incidente que quiero contar no me ocurrió a mí. Igual que lo de la tienda de estímulo que conté arriba, y el «pan de estímulo» que conté en el post sobre el pan, creo que era por el Sindicato, le daban a los trabajadores destacados la posibilidad de ir a comer a un restaurante (cuyo nombre no me quiero acordar) y una parte (o todo según lo que consumieras) estaba subvencionado. Lo que consumieras por encima, lo pagabas. Para la época, la cantidad subvencionada no era poco, sin embargo, uno siempre pedía un poco más, dado que lo que uno iba a pagar por encima no era significativo.

Este amigo y compañero de trabajo en LADETEC fue con su familia a comer a ese restaurante por un «estímulo» del sindicato. La carta no existía, la dependiente te decía los precios a viva voz. Mi amigo, al igual que yo, tiene gran memoria y facilidad para sacar cuentas. Sin embargo, una va a relajarse (mismo mecanismo sicológico de la tienda, el timador cuenta con eso), y las personas cuando comemos bien tendemos a estar en mejor predisposición. No en balde los negocios se cierran, en el mundo entero, en una cena.

Pues bien, el truco era cargarte en la cuenta un extra, basado en que la mayoría no retenía en la mente ni cuanto te subvencionaban, ni cuánto costaba cada plato (a pesar de que la muchacha te lo decía claramente…al sentarte), en fin, después de pasada una hora o más, que habías comido y bebido ya uno no recordaba. Mi amigo, al que solíamos llamar La Bala, por su rapidez en todo, barruntó que la cuenta estaba mal; pero no quiso armar «la desagradable», habían comido bien.

El problema es que la gente no tiene medida. Cuando fue al parqueo de la instalación a recoger las bicicletas, el parquedor más fresco que una lechuga le pide 5 pesos. Mi lector debe entender el contexto, en esa época el parqueo costaba 40 centavos por bicicleta. Ya esa fue la gota que desbordó la copa. Regresó a donde estaba la dependienta, invadiendo sus predios y le pidió su factura, el papelito que ella le había llevado para cobrarle.

El susodicho papelito estaba arrugado y tirado en el piso, en su lugar ya la displicente dependienta había hecho una nueva nota con los precios reales, que era la que quedaría para la «contabilidad», la diferencia, para su bolsillo (en componenda claro, con todo el resto del turno). La dependienta, «bembiblanca», muy consciente de cuanto le había cobrado de más se lo devolvió de inmediato, simulando que se había percatado del error después que él se había ido. Me imagino la cara de pocos amigos que llevaba mi compañero. Luego fue al parqueo, le dio UN peso y le dijo al parquedor —coge y vas de fiesta.

La esencia de este timo la he visto repetirse muchas veces en mayor o menor escala. Dondequiera que ha existido un mecanismo de distribución subvencionada de algo, ha propiciado que administradores, personal de comedores obreros, de bodegas y otros, han tenido la oportunidad de apropiarse indebidamente de recursos que el Estado cubano ha destinado a favorecer a personas necesitadas. «Luchar» es la palabra que se asignó a este proceder.

Claro, siempre ha habido muchísimas personas honestas en nuestro país, sin importar cuán difíciles sean los tiempos y son mayoría. Y sí, los mecanismos de ayuda y estimulación, por muy imperfectos que hayan sido han ayudado a millones de personas en la Cuba Socialista.

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