
Desde que comencé mi vida laboral, cambiando a la especialidad de radares meteorológicos “en segundas nupcias”, comencé a pensar en todas las posibles aplicaciones de esta técnica. Claro, estando en el Centro Meteorológico de Camagüey, que está literalmente “incrustado” robándose un pedazo del aeropuerto Ignacio Agramonte de esta ciudad, pues resultaba prácticamente imposible no pensar en el tiempo (el weather, para que no haya confusión) y su relación con la aviación. A partir de este momento, dada mi natural curiosidad, me surgieron muchas preguntas, cuyas respuestas me tomó años conseguir. La primera de ellas le da título al post. Si mi curioso lector quiere saber mi respuesta, siga leyendo.
Pues bien, según he podido colegir a lo largo de los años, muchas veces sufriéndolo en carne propia, los diferentes fenómenos meteorológicos pueden traer como consecuencia los siguientes cinco efectos negativos (según mi punto de vista).
1. Amenaza a la seguridad de los vuelos

El tránsito aéreo se duplica cada 15 años, la competencia y la congestión del tráfico van en aumento, y las exigencias de la navegación aérea están en constante evolución; pero por otra parte los fenómenos meteorológicos peligrosos para la aviación tienen la misma frecuencia de siempre o peor, aumentan con el cambio climático. En consecuencia, los espacios de tiempo seguros y libres son cada vez menores para ser usados por un tráfico creciente. Así pues, la peor afectación que pueden causar los fenómenos meteorológicos es aquella relacionada con la seguridad de los vuelos. La consumación de vuelos seguros de principio a fin es el objetivo supremo de la aviación. No es algo que podamos planificar como pérdida, simplemente es inadmisible algo que haya accidentes de aviación; pero, justamente, los fenómenos meteorológicos no están bajo nuestro control, no los podemos suprimir. Es implica que debemos centrar todos nuestros esfuerzos en hacer que nuestros vuelos no confluyan con fenómenos peligrosos que puedan derribarlos.
2. Afectación del bienestar (confort)

Los fenómenos meteorológicos a veces sin traer como consecuencia una tragedia catastrófica pueden, sin embargo, ocasionar grandes trastornos a los pasajeros o a la carga. En el más sencillo de los casos crean situaciones desagradables que las personas recuerdan como muy negativas (la perciben mucho peor de lo que fue). Yo, que no soy especialmente miedoso para los vuelos he pasado por zonas de turbulencia que me han hecho acordarme de Santa Bárbara sin que esté tronando. Una vez aterrizamos en Camagüey en plena tormenta, un piloto arrecho como dicen los venezolanos o coj0nú como dicen los cubanos. A mi lado un señor grandón, religioso él, con biblia y rosario en mano, no paraba de recitar versículos y soltar latinazgos. Yo le dije –compay no se preocupe, que si vamos a ver a Dios hoy usté va bien «preparao». Ná, el tipo solo iba «ap3ndej@o» porque el traqueteo fue muy fuerte, ironías que tiene la vida, en otra ocasión lo vi haciéndose el guapo…bue, esa es otra historia. Nada, que hay fenómenos meteorológicos que aunque no tumben la aeronave es mejor evitarlos para no gastarle neuronas a los viajeros. Un pasajero que pasa por esa situación puede no querer volver a volar con esa aerolínea (total, en todas partes cuecen habas).
3. Atrasos, aplazamientos y cancelaciones

El villano-mal-tiempo también causa situaciones desagradables y hasta angustiantes cuando por su culpa se retrasan los vuelos, o incluso a veces se cancelan o posponen los vuelos. Yo me he visto en esos casos muchas veces. Cierta vez viajaba yo a Munich desde La Habana en vuelo de Cuba hasta París, llegando por Orlý y saliendo por Charles de Gaulle (en la mente siempre digo de Golf, tal vez porque en ruso se oye algo así) para Munich. El vuelo de Cubana salió muy atrasado por una tormenta (y un par de horas más Dios sabe por qué; pero igual, ya la culpa la cargaba el villano-mal-tiempo). Resumen, que llegué atrasado al aeropuerto de Orlý (no, mi hija se llama Orlý; pero no es la dueña del aeropuerto), ya sin tiempo para atravesar toda la ciudad y atrapar mi vuelo en el aeropuerto de Charles de Gaulle (que no, que no existen evidencias de que le gustara jugar al golf, en cambio era buen lector). No obstante…un buenito-mal-tiempo había retenido mi vuelo Paris-Munich en Charles de Gaulle y pude cogerlo sin problemas (ya se los decía, en todas partes cuecen habas). El caso es que sí, que los fenómenos meteorológicos ocasionan retrasos, cancelaciones y aplazamientos y no hay mucho que hacer al respecto, solo preocúpese por llevar en el equipaje de mano un buen libro y una muda de ropa (por si acaso tiene que esperar un día o dos y no tiene acceso a la maleta).
4. Pérdida de eficiencia

La aviación es un negocio de altos capitales invertidos y siempre está al filo de la bancarrota no como las empresas telefónicas que bien o mal administradas son muy rentables. En la aviación hay grandes capitales invertidos en dos cosas: en los aviones y en las terminales aéreas. En ambos aspectos se requiere que haya una explotación intensiva para que se recupere el capital invertido y deje ganancias. Como puede comprender mi instruido lector, los fenómenos meteorológicos peligrosos no ayudan para nada en este loable propósito de los inversores. Sin tener un doctorado en economía uno puede darse cuenta que la eficiencia de las terminales se mide por el aprovechamiento intensivo de sus pistas y la cantidad de despegues y aterrizajes que pueda garantizar en una unidad de tiempo. La eficiencia de los aviones se puede medir por la cantidad de pasajeros-horas-kilometraje. En ambos casos los fenómenos meteorológicos indeseables le aguan la fiesta a la eficiencia del negocio de la aviación.
5. Afectaciones a la economía

De que los fenómenos meteorológicos causan pérdidas económicas a la aviación a nadie le caben dudas. Cuando se cae un avión las pérdidas son enormes, porque hay que reponerlo, porque hay que pagar los daños que causó en tierra (mucho más si el daño es en la terminal aérea, que en ese caso la inutiliza parcial o totalmente), porque hay que pagar indemnizaciones y porque ese tipo de accidentes trae asociada una pérdida de credibilidad de la aerolínea que es muy difícil de compensar. Sin llegar a los casos de accidentes catastróficos, los vuelos en que los pasajeros hayan experimentado excesivas turbulencias tienden a crear una mala reputación que daña económicamente a la aerolínea. Cuando sobre un aeropuerto hay fenómenos meteorológicos que obligan a suspender las operaciones de inmediato los aviones que están esperando para aterrizar incurren en un gasto de combustible mayor sea por esperar circulando alrededor del aeropuerto o sea por tener que ir a un aeropuerto alternativo. En este último caso no se trata solo del costo del combustible, sino de toda la logística asociada al trato a los pasajeros involucrados (hospedajes, transportación, alimentación) y nuevamente, afectación al bienestar de las personas que ven interrumpidos sus planes sean de trabajo, de negocios o de paseo. Los atrasos y cancelaciones son aún mucho peores para aquellas personas que tienen que realizar conexiones entre varios vuelos, como el caso en que me vi involucrado.
¿Qué hacer?
Obviamente no vamos a suprimir a los fenómenos meteorológicos por más que lo deseemos, es más, serán cada vez más numerosos, y más peligrosos. Tampoco vamos a suprimir a los aviones, puede que los drones se perfeccionen tanto que cada uno logre tener el suyo; pero igual…habrán de volar en la misma pérfida y amenazadora atmósfera. Solo nos resta prevenirlos mejor y acomodarnos y para eso necesitamos cada vez mejor tecnología. ¿Y por qué me interesa a mí todo esto? Ah, pues porque a una de estas tecnologías en constante evolución he dedicado toda mi vida laboral y me sigue gustando: los radares meteorológicos.
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