
Como podrán imaginar mis lectores, una de nuestras tiendas favoritas en Exeter, Inglaterra, era la de todo por una libra (esterlina), que se llamaban Poundland. En realidad, la cosa no era «Todo por una libra esterlina», sino más bien era «Todo por dos, tres o cinco libras esterlinas». Pues sucede que aquí también tuvimos anécdotas.

Yo recuerdo que yo compré un martillo metálico, que por cierto, en cuanto lo apenqué un poco en Cuba se le jorobó el cuello metálico. A diferencia de otros países, en estas tiendas, y en general, en toda Inglaterra, no hay tiendas de chinos ni se venden objetos chinos. Cierto, venden baratijas; pero no baratijas chinas sino baratijas «proudly made in United Kingdom«; pero para mí que era la misma kk que la baratija china.

Ichi venía muy contento porque había encontrado un disco de corte para su pulidora; pero la mujer de la caja lo vio, se lo quitó de la mano y le dijo redondamente (¿debería decir roundly? que NO, que ese artículo había sido retirado de las ventas. Ichi insistía en que se lo vendiera que él se lo llevaba para Cuba y la mujer –NO, no vas a matar ni a ingleses ni a cubanos. Al parecer estos discos estallaban (defectuosos) y ni hablar, estaban retirados de la venta, la mujer le preguntaba a Ichi que de dónde lo había cogido. Ichi –de dónde va a ser, de los estantes.

Entonces Ichi y yo nos paramos del lado de afuera de la caja a esperar a Arturito. Arturo venía con unas cuantas baratijas, entre ellas unos jugueticos muy pequeños, como de carpintería; pero eran jugueticos para su niño (que ya está graduado y trabaja como programador a tiempo parcial en LADETEC). La cajera cogió las cositas de Arturo y le dijo algo que Arturo, que habla y comprende muy bien en inglés, se bloqueó y no entendió. La mujer se lo repitió y Arturo seguía en blanco. A Ichi era como si le hicieran cosquillas. En eso la cajera se vira para Ichi y le pregunta que si Arturo hablaba inglés. Ichi gozando su minuto de gloria le dijo –No.

El caso era que de uno de los artículos, el más pequeño, podía coger tres objetos de esa categoría por el mismo precio. Yo, como estaba fuera del charco, entendí a la primera, además, era evidente que la cosita esa era muy mierderita para estar en la misma categoría de precio que las otras; pero Arturo venía atribulado sacando la cuenta de lo que tenía que pagar. Si Ichi está leyendo esto debe estar riéndose todavía acordándose del chucho que le dio a Arturito por eso.

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