
No me digan que no, que de leer el título ya a uno le entran ganas de comer pastelitos. Los pastelitos de guayaba son ricos y punto. No lo voy a discutir con nadie. A la vez que el Instituto de Meteorología entraba en la Batalla de Ideas, cuyo disparador fue el asunto del radar Doppler, se iniciaba el Programa de Lluvias Provocadas para mitigar la fuerte sequía en el oriente cubano. Dado que el General de División Rogelio Acevedo estaba al frente de este programa e interactuaba con el ministro del CITMA en funciones Dr. Fernando González Bermúdez y con el director del Instituto de Meteorología, Dr. Tomás Gutiérrez, no pasó mucho tiempo hasta que Rogelio Acevedo pasara a ocuparse activamente de los asuntos de radar, dada su vinculación con las tareas de lluvia provocada. A la postre, el accionar del General Acevedo fue el puntillazo definitivo para concretar el prototipo de Radar Meteorológico Cubano encargado por el Comandante en Jefe. Desvarío, como siempre; pero la anécdota que voy a narrar está íntimamente relacionada con lo que expliqué.

Pues sí, los de LADETEC viajamos no pocas veces en funciones de la lluvia provocada. Hubo un tiempo en que nos hospedábamos en La Villa Panamericana. Una de estas veces ocurrió la anécdota que les contaré. Después de varios días de estancia en La Habana, el día de marras íbamos a desayunar y retornábamos a Camagüey. Albio manejaba el balamóvil e íbamos, además, Arturo, Leonardo y yo. El desayuno era incluido en el hospedaje, por eso aprovechábamos para llenarnos para no tener que comer nada hasta llegar a Baracoa, aunque en realidad solo íbamos para Camagüey.

Desafortunadamente, había unos deliciosos pastelitos de guayaba. Yo cogí dos, me comí uno y lo sentí picado y dejé el otro. En eso veo que Arturo viene con la mano izquierda todo lo más bajo que se puede poner sin jorobarse y la derecha un poco por debajo de la barbilla, entre las dos una imponente columna vertical de pastelitos de guayaba. Más atrás pasa Ichi en otra modalidad, con una columna vertical de pastelitos en cada mano haciendo equilibrios. Cosa extraña, Albio La Bala no comió pastelitos (se atracó; pero de otras cosas).

No habíamos salido de La Habana cuando fuimos a recoger un encargo por el Parque Lenin. Allí tuvimos que ir al baño los tres comedores de pastelitos. Yo no tuve que ir más al baño, pero para Ichi y Arturo era solo el preámbulo. No hubo mata que no abonaron por toda la autopista. Había que parar cada 3 kilómetros. Tuve que esconder los planos del radar para que no pararan en papel sanitario. Albio le pidió a los dos que sincronizaran los culos para no parar por uno y 500 metros después parar por el otro. Los dos iban con cólicos; pero Ichi le daba cuero a Arturito por los pastelitos como si él mismo no estuviera en ese trance.

Dice Albio que en el km 259 Arturo se asiló en un baño. Según Albio, Arturo aguantaba la puertecita del baño por la parte de abajo (sí, de esas puertas que no llegan hasta el piso ni hasta arriba, como una mamparita). Albio jura que Arturo dejó la madera de la puertecita con surcos por las uñas clavadas. Albio se acercó al baño y le preguntó a Arturo –¿Ya estás listo? Arturo le dijo –No, ve y tómate un café. Albio ripostó –Ya tomé café. Arturo –Pues ve y tómate otro café. A estas alturas debo aclararle a mis lectores que Albio y Arturo eran de esos «matrimonios» que discuten por todo, aceite y vinagre. Cuando yo quería explorar todas las aristas de una solución técnica solo tenía que sentarme con los dos para oír todo lo habido y lo por haber a favor y en contra, Albio siempre a favor, Arturo siempre en contra de Albio en lo que fuera. Ichi siempre riéndose de los dos y poniendo la nota cómica.

En fin estimados lectores, a este viaje lo bautizamos como «La Gran Cagástrofe»; pero sobrevivimos y fabricamos tres radares Doppler, el prototipo en Camagüey y dos ejemplares seriados, Casa Blanca y Holguín. Nadie murió de diarreas, fue solo un «aflojamiento» anal.

La Bala en el Balamóvil

Deja una respuesta