
El siguiente suceso me ocurrió durante mi pasantía como científico visitante en el Centro Nacional de Investigaciones Atmosféricas (NCAR por las siglas en inglés de National Center for Atmospheric Research), en la pequeña ciudad de Boulder, en el Estado de Colorado, de los Estados Unidos de Norteamérica, en el año 2000. No tardé mucho en descubrir que había en la ciudad una tienda de segunda mano (Thrift Store).
Bueno, en realidad había varias, solo que yo descubrí la que me quedaba cerca de la casa de Louis, mi casera. Allí, en esa tienda me compré tres excelentes camisas que aun tengo en uso, me costaron $ 0.99 cada una. Bueno, me desvío, como casi siempre. Habían centenares de jeans, todos de uso, descoloridos, algunos con rotos. No me interesaban, pero tenía que pasar por ellos para llegar a otras cosas. De repente, como iluminado por Dios. pensé–bueno y si por casualidad (muy improbable porque toda esa ropa pasa por lavado) alguien dejó dinero en los bolsillos de este jean descolorido, allí en medio de centenares de ellos. Y nada, metí la mano en el bolsillo y efectivamente: 3 monedas de un dólar (válgame Dios, las camisas me salieron gratis) y algunas más fraccionarias ¡Dios, qué golpe de suerte! Me dije a mí mismo –pues nada, si Dios te indicó el camino, síguelo. Allá fui a revisar (discretamente) centenares de bolsillos de jean. Oh, ironías del destino: ESE era el único.
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