Radares Mirando al Sur

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Atención al Hombre: la privacidad.

A inicios de los 80, recuerdo que el Partido y el Estado cubanos adoptaron un grupo de medidas para mejorar la atención a las personas. No obstante, en este post quiero hablar de algunos enfoque que siempre me han parecido erróneos.

Voy a comenzar por algo bien simple: el hospedaje. Yo he pasado por las mil y una «casas de visita», mayormente en La Habana. Ya en los últimos años mejoramos un poco porque el hospedaje se organizaba en los hoteles Neptuno-Tritón, El Bosque y el Vedado. Es decir las condiciones de sábanas y toallas limpias, aire acondicionado y casi siempre agua caliente, mejoraron; pero siempre quedó el tema de la privacidad: uno no escoge con cuántas personas ni con qué personas vas a convivir una semana, es con quien «te toque». Tuve casos de convivencia armoniosa; pero también de convivencia muy desagradable, por diversos motivos. Ese tema es una asignatura pendiente para el Socialismo Cubano y la Atención al Hombre. A veces alguno de los compañeros llevaba a su pareja por alguna necesidad…ni la más mínima sensibilidad de facilitarle, teníamos que reacomodarnos para ser solidario y dejarle una habitación solo con su pareja. No pocas veces dormí en el piso para ceder mi espacio.

Complejo Neptuno-Tritón.

A fuerza de tanto viajar por el mundo, especialmente por los países desarrollados comprendí una cosa: las personas necesitan privacidad de habitación y de baño/servicio y en general, en muchas cosas, privacidad, individualidad. La convivencia es tolerable solamente con la pareja. Nada como disponer de una habitación y un baño al cual uno pueda ir sin causarle molestias a compañeros de cuarto.

Lujosa habitación en Berlín…para mí solo.

Sin embargo, en mi experiencia en la Unión Soviética ese tema era aún peor. En primer lugar, usted no podía alquilar una habitación de un hotel en su misma ciudad, solamente se le permitía alquilar en un hotel si iba de visita a otra ciudad. En segundo lugar, si usted viajaba con su esposa/esposo a otra ciudad, podía alquilar en un hotel; pero no una habitación para usted con su pareja, No, usted alquilaba dos capacidades, la mujer iba para una habitación con otras mujeres desconocidas y el hombre igual, con otros hombres en otra habitación, muy al estilo de las «casas de visita» cubanas.

Mi primer asesor, Román Tychina, visitandonos en el hotel Nalchik.

Sin embargo en Cuba, eso sí no sucedía, si usted alquilaba una habitación en un hotel, era, obviamente, para estar a solas con su pareja. Y nunca hubo en Cuba restricción para alquilar en la misma ciudad. A principios de los 80. las habitaciones de los hoteles Habana Libre, Capri, Riviera, Nacional…solo costaban 21 CUP la noche, bien que lo sé que estuve en todos.

Hotel Habana Libre.

En el año 2000, cuando viajé a estados Unidos mi primera noche era, obviamente, solo en una habitación muy lujosa en un motel (Best Western Golden Buff).

Habitación en el Golden Buff, en Boulder.

Al otro día partimos hacia el radar que estaba a 600 km de Boulder. Pensé que dormiríamos en las propias instalaciones del radar S-Pol, que eran varios vagoncitos. Pero no, cuando terminamos la jornada, salimos en el carro hacia el pueblo más cercano, Burlington (un pueblito para filmar películas del oeste, con su correspondiente museo), que estaba a más de 100 km del radar.

No hice ninguna pregunta; pero en mi fuero interno me iba preguntando con cual de mis compañeros de viaje me tocaría compartir habitación. Llegamos a un lujoso hotel (si mal no recuerdo, el Faifield Inn), ellos fueron a la carpeta, yo esperé sentado en el lobby (por cierto, gasolina y hospedaje lo pagaban con una tarjeta de crédito «estatal», es decir de NCAR que es una institución gubernamental). Cuando terminó el check-in, me devolvieron mi pasaporte y me dieron una tarjeta magnética, me dijeron –habitación tal, nos vemos mañana a las 8 a. m. aquí. Nuevamente habitación super lujosa para mí solo.

Pues no, a ninguno de ellos se le hubiera ocurrido compartir habitación con nadie. ese es un estándar muy bien establecido en los países desarrollados, solo que yo aún tenía mi mentalidad de alojamiento de trabajo «a lo cubano».

No, ese tipo de alojamiento con pésimas condiciones y compartido, a veces con muchos, NO ES atención al Hombre. Yo no quiero ahora narrar sobre las casas de visita por las que he pasado en La Habana en funciones de trabajo, creanme, es una historia de horror, las cosas que tuvimos que soportar para poder hacer nuestro trabajo. Ramoncito y yo, muchos años después de haberse ido para Estados Unidos, rememorábamos «las cosas» que pasamos en la casa de visita de J y Malecón. Yo siempre he sido espartano; pero hay muchas cosas que han dependido de la poca sensibilidad de los jefes, y esas, son intolerables.

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