Radares Mirando al Sur

Fundamentos, Tecnologías, Aplicaciones, Historia y Memoria

El fracaso no es caer, sino negarse a levantarse

La Biblia dice: «Quien esconde su pecado jamás puede prosperar” Proverbios 28:13 (TLA). Si no estás cometiendo ningún error, no estás aprendiendo. Si no estás tomando ningún riesgo, no estás creciendo. Liberarse del temor al fracaso es la libertad de crecer. Yo le he contado a mis amables lectores sobre nuestros numerosos éxitos en la parte ingenieril, o sea en el hardware de los radares meteorológicos que nos llevó a fabricar el prototipo de Radar Meteorológico Cubano (Doppler) encargado por la máxima dirección del país. Sin embargo, hoy quiero confesar uno de mis grandes fracasos, relacionado con la explotación de la información de radar, no para enmendarlo, que ya no tengo oportunidad de eso, sino para que sirva de experiencia.

Desde 1985 me di cuenta que la parte ingenieril que pretendía encauzar no podía estar ajena a la Física y a la Meteorología porque inevitablemente todo el trabajo del radar desemboca en obtener información que tribute al mejor entendimiento de los fenómenos meteorológicos, objeto de su funcionamiento. Así pues, mal que me pesara, tuve que estudiar cosas que se salían de mi perfil amplio de ingeniero eléctrico.

Por otra parte, todos los artículos que obtuve, que se publican sobre radares meteorológicos no son sobre sus interioridades ingenieriles (que obviamente son secretos tecnológicos de los fabricantes) sino sobre su aplicación meteorológica. A partir de ellos es que los ingenieros estábamos obligados a imaginar cómo sería la circuitería que permitía obtener esa información y visualizarla de esa forma..

Mis pasantías en Rusia. Canadá, Estados Unidos, Italia, Alemania e Inglaterra no tenían otra intención que obtener el conocimiento ingenieril que nos permitiera implementar soluciones técnicas modernas en nuestros radares; pero los anfitriones eran ellos mismos Físicos y Meteorólogos, solo que dominaban bastante bien la parte ingenieril del radar, pero desde el enfoque de utilización y explotación de la técnica y no de cómo es «por adentro». En muy pocos casos tuvimos contacto directo con ingenieros desarrolladores o de servicio técnico.

Quisiéramos nosotros o no, el conocimiento ingenieril había que «bucearlo» en un «océano» de información de aplicaciones y uso meteorológico del radar. Tuve la oportunidad inigualable de conversar con muchos de los más destacados Meteorólogos de Radar del mundo y aunque mi interés primario estaba centrado en la parte ingenieril, tampoco estaba dispuesto a dejar pasar la oportunidad de aprender métodos y procedimientos para extraer la información meteorológica que puede captar un radar de mano de tan distinguidos expertos.

A la luz de estas experiencias me tracé algunos objetivos para desarrollar la Meteorología de Radar en Cuba. Ellos fueron: 1) Traducir al español el libro de texto que se emplea para enseñar Meteorología de Radar en las universidades de Canadá y Estados Unidos: Radar for Meteorologists para dotar al InSTEC y al INSMET del material adecuado. 2) Formar un grupo de Meteorología de Radar en Camagüey a cuyos integrantes yo pudiera entrenar y transmitir directamente mis experiencias. 3) Usar la experiencia de los operadores y crear un servicio de vigilancia meteorológica con ellos, propiciándoles facilidades informáticas y capacitación. A esta última es a la que quiero dedicar este post.

Desde el año 2003 el Director General del Instituto de Meteorología, Dr. Tomás Gutiérrez Pérez puso en mis manos, no solo los destinos de las mejoras tecnológicas de los radares, cosa que había hecho en 1997 cuando inauguramos el radar MRL-5M en la Loma de la Mula, sino también el cauce que debía tomar la explotación de la información que debían brindar los radares meteorológicos automatizados con las soluciones cubanas. Ahora pretendo contarle a mis curiosos lectores las medidas que tomé en esa dirección.

Antes, debemos retroceder al año 1997. Cuando inauguramos el radar MRL-5M estábamos iniciando una nueva era en Cuba. Quiero intercalar que en ese momento este era el radar MRL-5 más avanzado del mundo, nadie se había atrevido a eliminar los mandos manuales a través de las consolas de operación, nosotros fuimos los primeros (para los radares MRL-5). Todas las acciones de control sobre el radar se ejecutaban desde una computadora (PC). En realidad, el radar MRL-5M no necesitaba operador humano, todos los regímenes de trabajo, estrategias de exploración y chequeos de parámetros los ejecutaba la computadora.

Como responsable de los destinos de todo el personal del radar de Camagüey se abría ante mí un dilema social: ¿qué hacemos con los operadores? ¿los reubicamos? ¿los forzamos a irse de Meteorología declarándolos disponibles? En ese momento (1997, que estaba automatizado solo el radar de Camagüey) no hicimos ninguna acción, dejamos a los operadores continuar haciendo su observación cada tres horas y transmitiendo la información codificada FM-12 por radio (en ese momento en la Loma de la Mula no había teléfono fijo), solo que operando desde una PC.

En el año 2003, al poner en mis manos los destinos de toda la red de radares (7 en ese momento en total, 4 automatizados: Camagüey, Pico San Juan, Casa Blanca y Punta del Este) el problema adquirió una nueva dimensión que no podíamos soslayar, desde el año 2000, con la variante de automatización industrial seriada, los radares eran capaces de operar, no solo de modo automático (sin operador humano), sino podían ser operados remoto desde cualquier lugar de Internet (aunque en ese momento solo el de Casa Blanca tenía conexión a Internet). Esta era una nueva vuelta a la tuerca del tema de qué hacen los operadores si ya no tienen que accionar nada, no tienen que chequear parámetros, en fin, cada vez menos, solo transmitir vía radio. Y en el 2006, ya con todos los radares completamente automatizados y con acceso a Internet, la figura del operador en cada radar se hacía más insostenible.

Cierto que los radares no se podían dejar solos por muchos motivos: abastecer el grupo electrógeno y darle atención primaria, cuidar la instalación, dar atención primaria al equipamiento de radar que aunque modernizado, conservaba módulos del radar original que databan de los años 70 y 80; pero hubiéramos podido convertir las plazas de operadores a plazas de custodios, con la consiguiente pérdida salarial.

En el año 2006 teníamos en la red de radares muchos operadores de gran experiencia en el análisis de la información de radar, fogueados en las pantallas de los radares analógicos. Por otra parte, la Meteorología de Radar, como especialidad independiente, había desaparecido. Yo deseaba resucitarla al más alto nivel. Para lograr eso, durante seis años traduje el libro Radar for Meteorologists del doctor Ronald E. Rinehart, que fue toda una escuela para mí por la interacción con Rinehart. La otra acción importante fue crear el Grupo de Meteorología de Radar; pero eso merece un post aparte.

El motivo de este post es hablar de las acciones con los operadores de radar. Una vez liberados de la «esclavitud» que significaba la engorrosa tarea de operar el radar, decidí emplear todas sus capacidades como analistas en hacer observaciones comentadas cada una hora. Sí, era una solución pragmática y «remedial» en el camino hacia una Meteorología de Radar soñada. Los operadores podían ser muy experimentados, pero no eran de nivel superior, solo se les exigía grado 12.

Como en cada momento solo había de guardia ocho operadores y son 14 centros meteorológicos provinciales, decidí que cada operador tuviera a su cargo tres provincias y que en vez de usar las imágenes de «su» radar, usaran el mosaico de todos los radares disponibles para cada una de las tres provincias bajo su responsabilidad. Hicimos un software de control para esto y creamos un grupo de supervisión y control que se aseguraban que los operadores ejecutaran los comentarios (muy fáciles de hacer por medio de un software en el cual se escogían las opciones (creciendo, decreciendo, intensificándose o debilitándose, moviéndose en dirección…). Nada de esto era nuevo, es la información que ellos tenían que codificar en la era de las observaciones manuales.

Funcionó. Un tiempo. Funcionó mientras tuvimos a los controladores chequeando cada una hora. Luego fracasó estrepitosamente y no pude hacer nada por eso. Fracasó porque los operadores con experiencia o se jubilaron o se fueron a buscar mejores salarios. Fracasó porque de forma general, con muy pocas excepciones, el sistema nacional de pronósticos ignoró la labor que hacían los operadores comentando. Fracasó porque los propios operadores se consideraban ajenos a este trabajo. Fracasó porque los operadores nunca entendieron las facilidades de los mosaicos y persistían en usar la información de «su» radar en lugar del mosaico. Fracasó porque los directores provinciales tenían una visión regionalista y pensaban «mi» operador debe atender «mi» provincia y no otras. Funcionó inicialmente porque Tomás me apoyó; pero Celso tenía la misma visión provincialista de los directores provinciales y yo pienso que la acción de los radares es supraprovincial. En fin… fracasó.

Ahora volvemos a la disyuntiva inicial: los operadores son cada vez más custodios de la instalación porque ya es cada vez más difícil buscar un personal calificado que quiera ir a trabajar en las condiciones actuales de salario y condiciones de vida y trabajo en los radares.

Fin de la historia. No es que me niegue a levantarme, es que no me quieren de pie. De las iniciativa uno ya hice un post, De la dos, hablaré más adelante.

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