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Oriente Medio: 9. El Islam —Fe, Caligrafía, Un solo Dios y muchas huríes …en el paraíso

Mapa del Islam por el mundo actual. Serie sobre el Oriente Medio. Capitulo 9. El Islam

Una historia del Oriente Medio y sus religiones condensada en 40 capítulos. Capítulo 9. El Islam por el mundo. Es solo un intento de explicarme a mí mismo los conflictos sobre los que he estado oyendo y leyendo desde pequeño.

Todo empieza en la Península Arábiga hacia el año 610. En La Meca, un comerciante llamado Mahoma se retiraba a una cueva a meditar. Una noche, el ángel Gabriel se le aparece y le ordena: «¡Lee!». Mahoma, con lógica, responde que no sabe leer. Tras tres intentos, Gabriel le revela los primeros versos del Corán. Mahoma empieza a predicar que solo hay un Dios, Alá, y que él es su último mensajero (en la misma cadena que Abraham, Moisés y Jesús). En La Meca no le hacen mucha gracia (sus negocios de ídolos y peregrinación se resentían), así que en el año 622 huye a Medina. Esa huida, la Hégira, marca el año 1 del calendario islámico. En Medina, Mahoma se convierte en líder religioso, político y militar. Para cuando muere (632), casi toda Arabia está unificada. Y entonces viene lo gordo: en menos de un siglo, sus sucesores (los califas) conquistan desde España hasta la India. En cien años pasan de tiendas de campaña a imperio.

El Islam se resume en una frase: «No hay más dios que Alá, y Mahoma es su profeta», el testimonio de fe o shahada. Pero hay cinco pilares que sostienen la práctica. Primero, la shahada: decirla con convicción una vez en la vida te hace musulmán. Segundo, la oración (salat): cinco veces al día, siempre mirando hacia La Meca, con inclinaciones y postraciones. Tercero, la limosna (zakat): un 2,5% de los ahorros para los pobres, como un impuesto divino. Cuarto, el ayuno en Ramadán (sawm): un mes lunar sin comer, beber, fumar ni relaciones desde el alba hasta el ocaso. Duele la cabeza los primeros días, pero se hace para recordar a los que pasan hambre y domar el ego. Quinto, la peregrinación a La Meca (hajj): al menos una vez en la vida, si se puede pagar y se está sano. Millones de personas vestidas de blanco dando vueltas a la Kaaba, uncubo negro. Es el Woodstock del Islam, pero con más orden y menos barro.

Orlando L. Rodríguez González, tratando de explicar los conflictos en el Oriente Medio, y, como Simbad, dándose una vueltecita por ahí.
Bueno, esta vez decidí llegarme yo mismo, para palpar las arenas con mis manos, allá en el Oriente Medio.

El libro sagrado es el Corán. Para los musulmanes, es la palabra literal de Dios, no un libro inspirado. Existe en árabe desde siempre en una tabla guardada en el cielo. Tiene 114 capítulos (suras), no ordenados cronológicamente. Es poético, a veces legal, a veces narrativo. Muchos musulmanes lo memorizan entero; los que lo logran se llaman hafiz. Imagínate saberse de memoria la Constitución, la Biblia y un par de novelas.

Luego está el gran cisma: suníes y chiíes. Nace por un problema de sucesión: cuando muere Mahoma, ¿quién manda? Los suníes (85-90% del mundo musulmán) creen que el líder debe ser elegido por consenso. Así eligieron a Abu Bakr, suegro del profeta. Su nombre viene de sunna (las tradiciones del profeta). Los chiíes (10-15%) creen que el líder debía ser Ali, primo y yerno de Mahoma, por lazo de sangre. «Chií» significa «partido de Ali». Para ellos, los líderes (imanes) son infalibles. Hoy los chiíes son mayoría en Irán, Irak, Líbano (Hezbolá) y Yemen (los hutíes). Diferencias prácticas: los suníes rezan con los brazos cruzados sobre el pecho; los chiíes con los brazos a los lados. Y los chiíes se golpean el pecho (o a veces con cadenas) en la conmemoración de la muerte de Huséin, nieto de Mahoma.

La ley islámica es la sharia, que significa «el camino al agua». No es un código fijo, sino un sistema para deducir cómo vivir según el Corán y la sunna (lo que Mahoma dijo, hizo o aprobó). Los abogados musulmanes usan analogía, consenso y razonamiento. Por eso hay escuelas distintas: unas más duras (hanbalí, la de Arabia Saudí), otras más flexibles (hanafí, la de Turquía y el sur de Asia). Mucha gente confunde sharia con castigos corporales (mano cortada por robar, lapidación por adulterio). En la práctica, esos castigos tienen requisitos de prueba tan imposibles (cuatro testigos presenciales del acto sexual) que apenas se aplicaban históricamente. La mayoría de los musulmanes vive la sharia como: rezar, no comer cerdo, no usar usura, honrar a los padres, ser justo.

Sobre las preguntas comunes: el velo. El Corán dice que las mujeres creyentes deben cubrirse el pecho y «echarse el velo sobre el escote». Lo de cubrir el cabello (hijab) viene de interpretaciones posteriores. El niqab (solo ojos) o la burka (total) son tradiciones culturales, no requisitos coránicos. En Irán es obligatorio; en Indonesia, opcional. ¿Y Jesús? Los musulmanes lo veneran como un gran profeta, nacido de la Virgen María, que hacía milagros. Pero no es hijo de Dios –eso sería politeísmo–, y tampoco murió en la cruz: Dios lo elevó al cielo y pondrá a otro en su lugar. Volverá al final de los tiempos, matará al Anticristo y se casará. ¿El alcohol? Prohibido. El Corán lo llama «abominación del demonio». Pero históricamente, califas borrachos y poetas sufíes bebiendo vino místico han sido abundantes. La norma es clara; el cumplimiento, variable.

Orlando L. Rodríguez González de "visita" al paraíso mahometano, conociendo el lío de las huríes.
Bueno, ya que estaba por el Oriente Medio decidí llegarme a ver cómo era eso de las huríes…

En la escatología islámica, la creencia en el más allá es uno de los seis artículos de fe. Los difuntos residirán en sus almas desde la resurrección hasta el Día del Juicio (Yawm al-Qiyama), tras el cual los justos serán recompensados en el Paraíso (Yanna o Jannah) y los impíos castigados en el Infierno (Yahannam). El Paraíso es un exuberante jardín de deleites eternos con ríos de leche y miel, frutas al alcance de la mano y vino sin resaca, cuyos placeres superan todo lo concebible en la tierra. En ese lugar idílico residen las huríes (del árabe ḥūriyya), unas doncellas de eterna juventud y extraordinaria belleza creadas por Dios para ser las compañeras de los bienaventurados. El Corán y la tradición las describen como vírgenes de inmaculada pureza, de grandes ojos negros y tez traslúcida tan fina que deja ver la médula de sus huesos, y las mencionan como una de las mayores recompensas para los fieles

Para terminar: el Islam es la segunda religión más grande del mundo, con unos 1.800 millones de fieles. Y el país con más musulmanes no es árabe: es Indonesia. Allí el Islam llegó por comerciantes, no por espadas. También hay más musulmanes en India que en Pakistán, y más en Nigeria que en Egipto. Así que cuando pienses en un musulmán, no pienses solo en un beduino con camello: piensa en un informático en Yakarta, un profesor en Dakar o una tendera en Estambul. Un Dios, un profeta, cinco pilares, dos grandes equipos, un libro que rimaba en árabe y una ley para interpretar cómo vivir bien. Y la obsesión por no poner imágenes de Mahoma –por eso todo está decorado con caligrafía y geometría, que es más bonito y evita problemas teológicos.

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