Radares Mirando al Sur

Fundamentos, Tecnologías, Aplicaciones, Historia y Memoria

Hablando de «monstruos»: Olano

Gerardo Olano y Alberto Sánchez, delante del equipamiento del primer ejemplar seriado del Radar Meteorológico Cubano, en la Loma de Casa Blanca, en el año 2020.

Hoy el Instituto de Meteorología tiene otra estructura, mucho más compleja, llena de directores (si no me equivoco hay 20 cargos con ese nombre en las dependencias meteorológicas de nuestro país); pero en 1981, cuando yo comencé a trabajar, la estructura era mucho más simple. En aquel entonces, en el Instituto de Meteorología existía solamente un director (lo que ahora es el director general), y dos subdirectores (técnico y científico). Subordinados a ellos estaban los departamentos en la sede. Como siempre, desvarío, hoy de lo que quiero hablarles no es de estructuras sino del hombre que ocupaba el cargo de jefe del departamento de Electrónica en la sede cuando yo comencé a trabajar: el ingeniero Gerardo Olano s.o.a. (más adelante les adelantaré la idea del mostro Maroto sobre qué significaba “s.o.a.” en la firma de Olano).

Olano el jefe

En Camagüey, que siempre fue la segunda plaza meteorológica del país (y la plaza tecnológica más fuerte), habían grupos llamados secciones, que estaban subordinadas a departamentos homólogos en la sede. En 1982 me nombraron jefe de la sección de Electrónica de la Oficina de Meteorología (Territorial Camagüey-Ciego de Ávila) y fue cuando conocí a mi jefe-homólogo en La Habana: Gerardo Olano, Jefe del Departamento de Electrónica en la sede. La primera impresión que recibí de Olano fue como jefe. Yo tenía que enviar (por valija) mi plan de trabajo mensual los días 20, Olano chequeaba el plan y me enviaba las correcciones para que comenzara a correr los días 25 de cada mes. El cumplimiento del plan yo lo mandaba el día 25 y enseguida recibía retroalimentación con la evaluación. Anoten mis amables lectores que no había correo electrónico, la valija eran unas maleticas con candado que el Ministerio de Comunicaciones se encargaba de trasegar PUNTUALMENTE de un lugar de Cuba a otro. Cada tres o cuatro meses Olano nos visitaba en persona y se preocupaba por todos los detalles con un alto nivel de exigencia. Después que Olano nos dejó, nunca más tuve un jefe con ese nivel de exigencia y de conocimientos como para evaluar la calidad y cantidad de trabajo y además, con esa vocación de dedicar tiempo a chequear puntualmente todos los trabajos (con gran conocimiento de causa). Nada se le escapaba. Fue un jefe muy riguroso que me enseñó a organizar el servicio técnico a los radares, proceso componente muy importante del actual Sistema de Vigilancia Meteorológica por Radar en Cuba.

Olano el ingeniero de radar

Cuando comencé a trabajar, yo estudiaba desenfrenadamente todo lo relacionado con los radares (bueno, esa costumbre aún no se me ha quitado). Estudiaba yo el radar MRL-5 a mi cargo y comparaba circuito a circuito todas las funciones con los radares RC-32B. Yo solía hacer infinitas preguntas a los ingenieros Diego y Aguiar y al Dr. Núñez, entre otras cosas sobre los radares japoneses. Obviamente, también se las hacía a Olano. Muy pronto comprendí que el único que respondía enjundiosamente todas mis preguntas y mis porqués sobre la circuitería del radar era Olano. Cada encuentro con él fue una inestimable escuela para mí, nunca le estaré lo suficientemente agradecido por todo lo que me enseñó y explicó. Olano sabía TODO sobre los radares RC-32B y me respondía con una profundidad matemática envidiable y con alto rigor teórico. Yo tenía en Camagüey el primer radar MRL-5 que había entrado a Cuba; pero Olano también tenía un alto nivel de conocimientos de este radar pues había ido a un entrenamiento en Moldavia (entonces una de las 15 Repúblicas Socialistas Soviéticas) y hasta donde pude constatar, conocía TODO de este tipo de radar también. En mi opinión, Olano era la autoridad máxima en materia de tecnología de radares meteorológicos en Cuba, lo que se dice un “señor ingeniero de radar”.

Equipamiento de los radares RC-32B que aún están en funcionamiento en Cuba.

Olano el reparador

Por otra parte, al margen de su experticia en radares, Olano es un genio de las reparaciones. Tiene el talento para reparar CUALQUIER COSA. Yo solo solo he conocido este talento especial en los ingenieros soviéticos Vilory Kravtchenko y Román Tichina y más recientemente en el monstruo Leonardo-Ichi. Por otra parte, Olano era un “manos-de-oro” para la mecánica de taller. Hoy en día, con más de 80 años, Olano sigue reparando todo tipo de equipos electrónicos en su casa. En algunas ocasiones Maroto le lleva trabajos de radar que requieren alta precisión y Olano los resuelve. Olano es de los pocos ingenieros que he conocido que solía trabajar con manuales (de electrónica y radiotecnia), en los cuales extraía las características de los componentes y calculaba todo por ecuaciones antes de implementarlo en la práctica. Sin embargo, Olano estaba lejos de ser solamente un ingeniero teórico. Sus habilidades manuales tanto para la electrónica como para la mecánica, eran pasmosas.

Pablo Maroto, el mejor y más constante discípulo de Olano, con 73 años aún sigue siendo un pilar del servicio técnico a los radares meteorológicos en Cuba.

Olano el experto lingüista en inglés-japonés

Olano estuvo al lado del especialista japonés que envió Mitsubishi durante todo el proceso inversionista de los radares RC-32B en La Bajada, Punta del Este y Gran Piedra en el período de 1972-1973. Sucede que cuando vino el especialista de la fábrica nadie entendía lo que hablaba el en inglés. Núñez que sabía bien el idioma inglés y que había estado en una larga visita a Inglaterra lo intentó y no se entendieron. Vinieron otros que en la sede del INSMET se preciaban de hablar bien y nada. Vino un experto de la Academia de Ciencias y tampoco. Finalmente trajeron a un traductor profesional y rebotó por igual: nadie se entendía con el japonés. Hete aquí que dejaron que Olano se acercara y…voila, se entendieron y en lo adelante, Olano no se separó del japonés lo que fue muy fructífero para su asimilación del equipamiento. Nadie supo cómo era posible; pero así fue. Hace cosa de un año Olano me reveló el secreto que guardó 50 años.

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Tartamudez. Stutering

Sucede que Olano había tenido una suegra oriunda de Barbados, angloparlante, por supuesto. Ella le había enseñado inglés a Olano. Mis sagaces lectores se preguntarán –bueno ¿y acaso los demás que habían traído antes no habían estudiado inglés? Pues sí, eran muy buenos en inglés; pero la suegra de Olano era TARTAMUDA y el japonés también, ese era el punto: había que saber “inglés-para-tartamudos”. No solo la suegra de Olano, sino algunos amigos de ella, eran también tartamudos y Olano aprendió a hablar en inglés en esa dura liga. Olano no solo sabe inglés, sino también ruso. Nunca supe qué tan bien hablaba Olano en ruso; pero me consta que leía y entendía los libros técnicos del radar MRL-5 sin dificultad. Obviamente el conocimiento de los idiomas fue una habilidad importante en su vida; pero lo fundamental es que Olano se aplicaba con ahínco al estudio de la técnica de los radares y a cuanta cosa hiciera falta. Nada en este campo de la tecnología le era ajeno.

Olano el innovador

La incorporación de Olano al montaje de los radares japoneses RC-32B fue una bendición para los especialistas de la fábrica. Olano, aparte de entenderlo y asimilarlo todo, contribuía con sus notables habilidades en todos los trabajos de montaje. En el montaje del radar de la Gran Piedra (que ya he contado en otro post todos los restos constructivos que esto significó), se presentaron dos dificultades que habrían sido insalvables para los fabricantes si no llegar a ser por el espíritu innovador de Olano. La primera fue que en el proceso de transportación se golpeó el espejo reflector de la antena. Una sección se dobló y quedó muy seriamente dañada. Para Mitsubishi esto hubiera significado enviar de vuelta la antena y esperar porque llegara una nueva. Olano en cambio, analizó muy bien el daño, buscó las herramientas adecuadas con unos chapisteros y logró restablecer la superficie parabólica del espejo reflector de modo que ni los expertos de la fábrica podían detectar donde estuvo el daño, y ahí está, 50 años después, aun en servicio.

Antena del radar RC-32B en Gran Piedra, todavía en funcionamiento, casi 50 años después.

El otro asunto fue la instalación de la cámara fotográfica. El dispositivo de sujeción de la cámara fotográfica venía preparado para colgar de un techo plano; pero el puesto de operación del radar se ubicó en una de las cabañas del Centro Recreativo La Gran Piedra. Esta cabaña la compró la Academia de Ciencias al INIT (organismo ya desparecido, que administraba los hoteles y centros turísticos en Cuba).

Cabaña donde se ubica desde 1973 la sala de operación del radar de Gran Piedra.

Olano modificó el dispositivo de sujeción de la cámara para adaptarlo a las características del techo inclinado de estas cabañas y todo quedó perfecto. Durante años se obtuvieron excelentes fotografías de las imágenes de radar.

Imagen del radar de la Gran Piedra tomada con la cámara fotográfica instalada y adaptada por Olano.

Los representantes de Mitsubishi estuvieron muy contentos con la ayuda de Olano en todo el proceso de montaje y puesta a punto de los tres radares RC-32B y no sabían cómo hacer para retribuir y agradecer de algún modo material. Recuerden mis sagaces lectores que era una época en que el dólar estadounidense (y cualquier divisa en general) estaba proscrita (ni tenerla, ni usarla y ni mirarla de lejos). Ocurrió que en esa época Olano contraía nupcias con Marta Calvo, también trabajadora del INSMET. Los japoneses averiguaron para costear ellos la luna de miel; pero no era así que funcionaban las cosas. En esa época a cada nuevo matrimonio se le concedía UNA semana en un hotel (costaba 21 pesos cubanos el más caro de los hoteles, “de primera”, como le decíamos). Mitsubishi habló y habló y consiguieron que a Olano y Marta se le concedieran DOS semanas, pagando ellos (los japoneses) al Estado Cubano las dos semanas.

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Olano el justiciero

A mediados de los 80, a uno de mis subordinados, el obrero calificado Dimitri Robles Arteaga, le dio por hacer una innovación a los equipos de radiocomunicaciones de banda lateral única que se usaban en todo el servicio meteorológico en el país (de la firma Marconi, canadiense). Dimitri modificó la salida a válvulas de vacío de estos transceptores y les adaptó transistores rusos porque no había las válvulas originales. Olano se había mostrado bastante escéptico y no muy receptivo a este trabajo. Cuando Dimitri refinó su prototipo, Olano me dijo –traigan su mierdita para acá y vamos a probarlo. Cuando llegamos Olano nos propuso llevarlo al Laboratorio Central de Telecomunicaciones (LACETEL), centro rector para la homologación de cualquier equipo de radiocomunicaciones.

Instituto de Investigación y Desarrollo de Telecomunicaciones - EcuRed
LACETEL: https://www.ecured.cu/Instituto_de_Investigaci%C3%B3n_y_Desarrollo_de_Telecomunicaciones

En LACETEL le midieron todo lo que se le mide a un equipo de este tipo y concluyeron: NO PUEDE trabajar. Nosotros muy apesadumbrados; Olano, muy tranquilo, fue hasta el carro, regresó y les dijo a los de LACETEL–Bien, ahora pruébame este otro, y para sorpresa nuestra, sacó un equipo Marconi original en perfecto estado y sin modificaciones que traía en el carro. Al terminar, Olano cotejó los resultados de ambos: el de Dimitri superaba al original en todos los parámetros.  Olano les dijo amablemente a los de LACETEL –estos otros equipos, que como ven son inferiores, tienen la certificación de ustedes desde hace más de 12 años para trabajar en Cuba, así que no coman más mierda y denme la licencia para esta modificación.

Y lo más importante

Hay algo muy importante que no les he dicho a mis fieles lectores, es más, les he mentido deliberadamente.  Es hora de decirle la verdad: Olano no es graduado de ingeniero, ni de licenciado, ni de técnico medio, ni pasó ningún tipo de estudios en instituciones docentes, ni en Cuba ni en el extranjero. Olano es AUTODIDACTA.

Yo no creo mucho en títulos. He tenido oportunidad de confrontar mis conocimientos con una pléyade de doctores, masters e ingenieros graduados de MIT, Stanford, Harvard y otras universidades muy renombradas…y ná, créanme, no todo lo que brilla es oro. Es en la práctica donde uno debe demostrar la valía de sus conocimientos.

La práctica es el criterio de la verdad.

Para mí, Olano tiene los máximos honores. Así pues, Dr. Olano, me quito el sombrero antes Usted y le agradezco todo lo que me enseñó. Los radares que Usted me legó, 50 años después, gozan de buena salud, y en gran medida es un mérito suyo. Le estoy agradecido, además, por haber propiciado que Maroto entrara a trabajar al Instituto de Meteorología. Hoy, cuando escribo esto, Maroto (con sus 73 atléticos años a cuestas) está regresando de poner de alta el radar japonés RC-32B de La Bajada.

El mostro Olano y a su izquierda el mostro Maroto, a quien él trajo para Meteorología

Si alguien de los que lo conoció necesita comprar algo en La Cuevita, en San Miguel del Padrón, por favor, pase y enséñele este post a Olano, se va a alegrar. Ya se los digo amables lectores, con precursores así, no podía si no surgir una escuela de talentos en los radares meteorológicos cubanos.

PD: Maroto especula que «s.o.a.» en la firma de Olano quería decir: «sin otro apellido»

Comentarios

Una respuesta a «Hablando de «monstruos»: Olano»

  1. Avatar de Luis Enrique Bisbé Sifontes
    Luis Enrique Bisbé Sifontes

    Aunque no he conocido al maestro Olano con todas estas anécdotas es digno de admirar y ejemplo a seguir , como dice Orlando me quito el sombrero ante él maestro de maestros , Orlando gracias por enseñarnos todas esas historias que hay que contarlas y no sabemos para nosotros y los que vengan detrás para que se cpcnozcan gracias.

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