Fue Edwin Campos quien primero me sugirió el libro de Rinehart, cuando yo indagaba por el de Doviak y Zrnic, en los coffee break de la 29 Conferencia en Montreal. Pero en realidad no cayó en mis manos hasta un año después, cuando mi legendaria visita a NCAR; pero vayamos por partes, como diría Jack cuando … bueno, ustedes conocen esa escabrosa historia.
Siempre he sido un lector empedernido, desde que aprendí a leer. Cuando comencé a trabajar en 1981 tuve mucha literatura técnica a mi alcance: las descripciones técnicas de varios radares y unos cuantos libros rusos referidos a la temática de los radares en la Meteorología y eso me entretuvo unos cuantos años. A eso hay que sumarle que, al «divorciarme» de mi especialidad anterior (Automática, Telemecánica y Comunicaciones para el Transporte Ferroviario) y «contraer nupcias» con esta nueva especialidad de Radares Meteorológicos, pues me vi obligado a mejorar mi Electrónica Básica de la carrera, y por tanto, me zambullí en numerosos libros de Electrónica también. Pero pasaron los años y las dudas sobre temas de radar comenzaron a acumularse, y ya en los 90 no tenía a quién preguntar, ni libros para consultar mis nuevas dudas. Mi primera gran oportunidad ocurrió al ir como científico visitante al Centro Nacional de Investigaciones Atmosféricas de los Estados Unidos. Sígame para que conozca esta historia.
Debo mencionar que durante mi primera década de trabajo obtuve muchísima información pidiendole directamente a los científicos una copia de los trabajos que me interesaban. Esto lo hacía enviando cartas de papel, a la antigua, como quien lanza botellas al mar, y la mayoría llegaron a buen puerto, en unos meses tenía a la vuelta de correo los artículos requeridos. Un cierto colega le llamó a eso «ruptura del bloqueo por el método espitolar«. Con muy contadas excepciones, eso no funcionaba con los libros, solo con artículos como es lógico.
En junio del 2000 tuve la oportunidad de visitar NCAR (el susodicho Centro Nacional de Investigaciones Atmosféricas), el brazo ejecutor de las ciencias atmosféricas en Norteamérica. La biblioteca es excelente, tiene todo lo publicado en materia de radar, y yo quería leermelo todo. Yo amanecía a las 7 AM en NCAR y me cogían las 7 PM todavía allí, un día incluso perdí el transporte y un guardia de seguridad me dio el aventón.
A eso de las 4 PM solía irse la bibliotecaria Leslie, y me decía —Orlando, sal por la puerta trasera, y déjame un papelito con los libros que te lleves para la casa (que siempre eran 3 o 4, por avaricioso, que no me los podía leer, pero los hojeaba).
NCAR radica en dos edificios (Foot Hill y Mesa Lab) en el pueblo de Boulder, Colorado. La biblioteca es única, pero físicamente ubicada en dos lugares diferentes. Frecuentemente Leslie tenía que mandar a pedir ejemplares que estaban en la otra biblioteca a solicitud mía.
Uno de los libros que leí me impresionó por su sencillez, su dominio técnico del tema de radares y su humor, despojado de los «sangrientos detalles de la matemática» (palabras de su autor) fue el libro Radar for Meteorologists del Dr. Ronald E. Rinehart
Este libro es una joya, y es el libro de texto de radar en numerosas (más de 50) universidades de Norteamérica con carreras de ciencias atmosféricas.
Pues nada, me lo llevé para la casa para leerlo en un fin de semana y lo logré, incluso releí varias partes. Le escribí a su autor y le comenté mis impresiones sobre el libro. Sostuvimos un amable intercambio.
No sé en qué momento le dije que me gustaría traducirlo. No sé el proceso que eso desencadenó en la mente de Ron. Sé que estando yo en Roma me envió un ejemplar del libro. Era el año 2001.
Ni corto ni perezoso comencé a traducirlo. Me tomó seis años. Traducía de noche, y a ratos los fines de semana. Yo escribía en una libreta la traducción, mi esposa la tecleaba cuando y donde podía. Fue muy trabajoso, pero agradable. Albio recuerda haber pasado por mi casa ya tarde en la noche y verme dormido sentado en un balance con una tabla delante y escribiendo (o durmiendo) la traducción.
Comparto con Rinehart el mismo tipo de humor y traté de que la versión en español mantuviera el mismo estilo refrescante y claro.
La interacción con Rinehart fue una experiencia inolvidable. A lo largo de esos años tuve oportunidad de preguntarle sobre numerosos tópicos, y cada explicación fue una lección de Meteorología de Radar, que además sazonaba con numerosas anécdotas llenas de humor. Fue mi arranque en firme y de a lleno en la Meteorología en general y la aplicada a los radares en particular.
Económicamente para Rinehart la edición en español ha sido una pérdida. Numerosos ejemplares en español duermen en su sótano. Ya yo le había advertido que los habitantes de estos lares hispanoparlantes no son muy adictos a comprar libros, sino a tratar de copiarlos.
Una vez fui a un país a impartir un curso sobre radares meteorológicos. Por supuesto, iba a basarme en la edición en español del libro de Rinehart, y les pedí a los organizadores que compraran un libro para cada uno. Lo que sucedió mis amables lectores lo imaginan: compraron un libro y sacaron 30 fotocopias en blanco y negro. Cuando llegué les dije —pero si el libro tiene láminas a color que son importantes para explicarles las imágenes de radar y su uso. Al otro día fotocopiaron a color las imágenes y les dieron una copia a cada uno. Sin comentarios.
Amables lectores hispanoparlantes, si Usted desea conocer de los radares y su aplicación a la Meteorología, no dude en contactar al Dr. Rinehart para obtener una copia en español de El Radar para los Meteorólogos. Esta propaganda es completamente gratuita, traduje el libro sin interés comercial, es que simplemente me apena que un libro tan bueno, y mis años de esfuerzo para traducirlo solo sirvan para alimentar a las polillas. Estoy seguro que lo obtendrán por un precio que no le hace honor a su gran valor intelectual. Creánme es un gran libro.
NOTA. Actualizo este post, hoy, 24 de septiembre de 2026. Ya Rinehart falleció hace unos años. Las traducciones hoy en día las hace la IA en cuestión de minutos; pero todo lo que aprendí con Ron de tecnología de radar, de Meteorología de Radar y de la vida en general, no me lo quita nadie. Supongo que los libros ya no están disponibles, pero andan fotocopias por ahí. Tal vez a alguien les puedan ser útiles. La edición en español contiene cosas adicionales sobre los radares MRL-5 y sus patrones de radiación de la antena y algunas otras cosillas que escribí para Rinehart para que usara en esta edición. Todavía en el 2016, cuando mi curso en Guatemala, interactuamos para dilucidar una falla en el radar de este país. Simples elucubraciones teóricas viendo las imágenes, ¡pero, coincidimos y acertamos, según le comentó a él el técnico de la EEC!

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