Con las Olimpiadas ya tan cercanas pienso en Londres (es que esto empecé a escribirlo antes de…). Recibí con agrado la noticia de que una estación del Metro londinense lleva el nombre del legendario campeón Teófilo Stevenson, y hace poco me conmovió la noticia de la desaparición física del ídolo de Puerto Padre.
Siempre tuve una imagen brumosa de Londres, proveniente de las Aventuras de Sherlock Holmes, de Jack el Destripador, y de tantas cosas que he leido al respecto. Me viene a la mente la película italiana de Alberto Sordi que se llamó Fumo di Londra (Humo de Londres), en la que se veía todo muy nebuloso. Sin embargo amables lectores, Londres se presentó para mi todo lo más radiante y soleado que se pueda concebir, y eso que un caballero cubano como yo, está acostumbrado a este archipiélago, donde tenemos 375 días soleados de 365 posibles al año, que puede ser más, pero por modestia lo dejo ahí, está bien acostumbrado a lo que son días soleados.
Bueno, he estado dos veces en Inglaterra, y las dos veces solo he pasado por Londres bastante aprisa. Ahora acabo de llegar por tercera vez. Los pronosticos prometían un lluvioso Londres, bien brumoso…y nada, hoy Lodres me desilusionó de nuevo, y volvió a estar soleado. Nada, es que yo vengo a visitar a los de Met Office, que son los que fabrican el Tiempo en el Reino Unido, y ta lvez les pareció mal recibirme con lluvias.
Ahora ya es de noche aquí y ya estoy por tercera vez en Exeter, donde está el Cuartel General del Tiempo.
Inglaterra vuelve a sorprenderme con esas guaguas de dos pisos, que siempre me hacen pensar en que en La Habana serían un dolor de cabeza para los choferes y conductores, ya no sería fajarse solo con los que montaron por atrás que pasen la peseta, también con los ninjas que se montaron directo al segundo piso.
También me pone a meditar esa costumbre inglesa de ir el chofer sentado a la derecha como los conductores de coches de caballos en Camagüey (que dicho sea de paso, el transporte local aquí vale carísimo, bueno, igual que allá, que en cualquier momento un cochero en Camaguey te va a pedir 2 libras esterlinas…). Bueno, también está la mala costumbre inglesa de que el carro vaya por la senda de la izquierda, pero mi amigo Albio también lo hace en la central, maldiciendo de los que vienen de frente ocupándole «su senda» que la derecha ya va ocupada por lentísimos carruajes que merecerían ser desintegrados, pero nunca nos ha llegado la pistola desintegradora que pedimos, y que después rectificamos que debía ser una ametralladora desintegradora porque son muchos los automobiloides que entorpecen el flujo normal de nuestro carro.
Bueno, tengo muchas anécdotas de Inglaterra, que iré contando, pero ahora mismo veo una ardilla por la ventana del «lounge» del hotel donde estoy sentado, y no estoy seguro si es efecto del Jet Lag, o si es una ardilla de verdad, eso quiere decir que tengo el sueño trastocado y que debo acostarme que mañana tengo que hacer una presentación sobre nuestros modestos logros, precisamente aquí, en Inglaterra, que fue donde inventaron los radares, y eso es algo así como venir a bailar en casa del trompo.
Deja una respuesta