
En algunas ocasiones en mi vida me vi involucrado en sucesos extraordinarios, como aquel surrealista encuentro con la embajadora de Canadá. En otro post narraré la secuencia de acontecimientos que me llevó a presenciar cómo se consiguió un radar para las operaciones de lluvia provocada en el año 2005. El asunto era muy simple: había una sequía feroz en el norte del oriente cubano. Había que hacer llover de todas todas. Para el éxito de las operaciones del Programa de Lluvias Provocadas desplegado por el Gobierno Cubano se requería un radar. La tarea de hacer llover en la zona oriental se la habían encargado al audaz guerrillero, a Rogelio, y él nunca falló en ninguna misión, tampoco estaba dispuesto a que esta fuera su primer fracaso, por eso hizo … LA APUESTA.
Así pues…de repente, me vi en una reunión de protocolo con Jaqueline Faria, a la sazón Ministra del Ambiente de Venezuela, en su sede, en las Torres del Silencio en Caracas; pero antes debo explicar un poco cómo llegamos a esto. Estábamos a finales de abril del año 2005.

Mi sagaz lector se habrá dado cuenta que el Rogelio que mencioné es el General de División Rogelio Acevedo, Héroe de la República de Cuba, el intrépido guerrillero de la tropa del Che, presidente de CACSA y del IACC a la sazón. Acevedo había visto la noticia por la TV: nuestros hermanos venezolanos se habían comprado una red de 8 radares meteorológicos de última generación y tenían uno de ellos aun en las cajas, sin montar. Coincidió que Chávez vino a Cuba por esos días (diciembre de 2004 para la creación del ALBA) y ni corto ni perezoso Acevedo le pidió que nos prestaran un radar para la campaña de lluvias provocadas (aclaro que comprarse un radar tomaría 3 millones USD y un par de años, así que lo pedíamos porque podría ser un atajo para nuestra urgencia).

La ministra del Ambiente Jaquelín, presente en la conversación, aun sin estar muy al tanto de los detalles, dijo que sí (ella misma me contó —Figúrate Orlando, yo en medio de aquellos colosos de nuestra América, cómo iba a decir que no). Acevedo partió al día siguiente a buscarlo; pero se tropezó con un obstáculo, el Jefe del Proyecto VENEHMET (encargado de la compra y emplazamiento de los radares venezolanos), le explicó que no, que no podía dárnoslo y le dio un grupo de razones. Una era que lo iban a montar en lugar de uno cuya antena se dañó en la transportación, y además…una serie de razones por la cual nosotros NO PODRÍAMOS montarlo en Cuba en corto tiempo. Acevedo viró a Cuba y me llevó a Caracas para que conversara con el Jefe del Proyecto y diera mi opinión de si podríamos o no montarlo. Le dije al General que a pesar de lo que planteaba el Jefe del Proyecto, yo creía que sí, que lo montábamos, que era viable la idea si confiaban en nosotros para esta tarea y por supuesto, si se lograba el asunto de la edificación a corto plazo, porque el radar se necesitaba para ya. Yo como siempre, minimizaba las dificultades y maximizaba nuestras potencialidades, confiando en nuestra experticia de montadores de radares, aunque este no lo conocíamos en absoluto.

Entonces presencié este suceso extraordinario por el cual escribo este post. Cerramos el paréntesis y volvemos a la la reunión. En ella estaba la ministra Jaquelín Faria, el jefe del proyecto, Tirso Carballo, el general Acevedo y un par de sus funcionarios del IACC, un vicepresidente de Venezuela y este escribidor que iba de apoyo para si surgía una discusión técnica. Era una mesa oval grande, habíamos tenido un almuerzo protocolar allí mismo y después pasamos a «la cosa en sí misma», como decimos los cubanos, «al pollo del arroz con pollo» del asunto por el cual estábamos allí. La ministra hizo sucinta exposición del problema: los compañeros cubanos necesitan con urgencia un radar para las operaciones de lluvia provocada, nosotros tenemos uno aun aquí en Caracas que no se ha montado y le cedió la palabra al jefe del proyecto —a ver Tirso, explícanos tus puntos de vista.

El jefe del proyecto volvió a enumerar sus motivos, que ya le había explicado al General y que me había repetido a mí con lujo de detalles técnicos y dijo así: 1) que ellos (los de VENEHMET) necesitaban reponer la antena de un radar (Santa Elena de Uairén) que se había estropeado en la transportación; pero cuya edificación estaba lista para terminar el montaje, por la antena de un radar que aun no se había montado (Guri); 2) nosotros, los cubanos, no teníamos una edificación lista, y hacerla tomaría ciertamente más de un año; 3) aun si nos dieran el radar, no teníamos contrato de montaje con la fábrica y eso no se consigue de un día a otro, se firma con mucha antelación porque la fábrica tiene su plan (es decir, no tendríamos quién lo montara); 4) no tendríamos grupo electrógeno ni UPS aun cuando nos dieran el radar…

El jefe del proyecto, Tirso, hablaba pausada y lapidariamente y parecía que iba a seguir argumentando toda la tarde. En eso Acevedo lo interrumpe abruptamente y le pregunta —mi estimado amigo Tirso ¿Cuánto tú ganas en un mes? –el hombre se quedó un poco perplejo de la insólita pregunta, la ministra, expectante, mira arrobada a Acevedo con toda su simpatía y le hace seña al jefe del proyecto como para que responda. El hombre, un poco indeciso dice su salario y Acevedo le lanza LA APUESTA —mira, yo gano mucho menos que tú; pero me atrevo a apostarte una caja de botellas del mejor ron Havana Club que haya en Cuba, que pagaré de mi bolsillo y mis ahorros personales, que en menos de 2 meses la edificación estará lista y que nuestros ingenieros se encargarán del montaje –me miró y yo asentí con la cabeza —y conseguiremos todo lo que haga falta de los medios auxiliares; pero si «milagrosamente» nosotros en 2 meses tenemos lista la obra civil para recibir el radar, entonces, nos prestan un radar y tú me pagas a mí la caja de Havana Club. La ministra, muy divertida, le dijo salomónicamente al jefe del proyecto —mira Tirso, tomemos la siguiente decisión: si en 3 meses ellos tienen lista la edificación y asumen el reto, le damos el radar y que ellos se las arreglen como puedan, y si no, que es lo más probable que ocurra por todo lo que has dicho, que esperen al noveno radar que ya está comprado y llega el año que viene, y entonces lo mandamos directo para Cuba.

El jefe del proyecto asintió incrédulo y aliviado, muy seguro de que ganaría la apuesta, seguramente degustando de antemano en la mente el exquisito licor. Se quedó con las ganas. Tirso y yo, nos vimos en Holguín, una semana después y me dijo compungido al ver ya por donde andaba la construcción –Perdí la apuesta. Nunca supe si Tirso compró las botellas de ron; pero el radar sí que vino para Cuba. Así surgió lo que los venezolanos llamaron Proyecto CUVERA (CUba VEnezuela RAdar) y que para nosotros, en el Laboratorio de Desarrollo Técnico (LADETEC) se llamó Proyecto Bolívar, según nuestra tradición de nombrar los proyectos por el nombre de una cima montañosa emblemática, en este caso el Pico Bolívar (5000 m) en Venezuela. Durante más de 10 años brindamos muy diversos servicios de colaboración mutuamente satisfactoria con los venezolanos.

En otro post contaré el huracán de acciones que desplegó el General Acevedo, que no cree en milagros, apoyado por el entonces Primer Secretario del PCC en la provincia de Holguín y hoy Presidente de Cuba Miguel Díaz-Canel Bermúdez para tener lista la edificación CON TODOS LOS DETALLES, en apenas mes y medio. Acevedo no había dejado nada al azar, a mí me contaron que el día antes de hablar conmigo había volado por sobre la cordillera pilotando él y Lachondo (vicepresidente de CACSA), y desoyendo las condiciones de mal tiempo, solo para ver por sí mismo el radar de Guasdualito que ya estaba montado completamente. Hizo la apuesta como única vía para lograr obtener el radar, porque ya había agotado toda persuasión y con la apuesta, como en el póker, logró el golpe de efecto deseado.

Solo diré que en 70 días, ya el radar estaba montado y en funcionamiento, lo inaugurábamos el 29 de julio y de inmediato entró en funciones de la Campaña de Lluvias Provocadas. A finales de agosto el radar ya estaba en completo funcionamiento operativo asimilado en los estándares en la red de radares cubanos no solo para la lluvia provocada sino además, para uso del servicio meteorológico cubano. En los huracanes Ike e Irma nos brindó un excelente servicio este radar.

Ironías del destino: El radar en Holguín fue el primero de los 9 en recibir la aprobación de la fábrica para su explotación. Un tiempo después me pidieron ir a recibir oficialmente los radares venezolanos a nombre de VENEHMET, como contraparte del fabricante. El radar cuya antena se había estropeado (Santa Elena de Uairén), nunca se montó, a pesar de que el fabricante repuso la antena dañada, tampoco el del Guri se llegó a montar. De los 9 radares, solo 5 en Venezuela + el de Holguín se pusieron en funcionamiento. De los 9 radares, solo el que se montó en Holguín está hoy, 19 años después, aunque temporalmente inoperativo, en capacidad de funcionar.

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