
IoT o la Internet de las Cosas es una realidad que llegó para quedarse ¿Quién, que tenga a su cargo un proceso industrial, no ha soñado con poder controlarlo al retirarse a su casa a descansar o incluso mantenerse atento estando de vacaciones? Seamos sinceros, todos somos un poco o incluso un mucho, inmodestos y no confiamos del todo en que otras personas serán capaces de hacer “nuestro” trabajo controlando un proceso como lo hacemos nosotros mismos. Aunque “de dientes para afuera” le digamos a los que se quedan –confío en ti, sé que lo harás todo bien; pero por dentro nos morimos de las ganas de chequear. La IoT vino para satisfacer estos oscuros (o tal vez legítimos) deseos. Hoy en día es tendencia que el control de procesos industriales se puede hacer desde nuestro teléfono móvil casi con tanto éxito como se hace presencial, esa es la Industria 4.0. Sí, podemos, no solo saber los estatus que caracterizan el proceso, sino que también podemos arrancar, detener, o cambiar parámetros de ejecución del mismo. Sí, desde la comodidad confortable de nuestro teléfono móvil, estemos donde estemos ¿Qué más podría haber soñado Julio Verne?

Veamos otra cara del mismo asunto. Uno es un profesional muy dedicado a su trabajo, por tanto, invierte muchas horas al día fuera de casa entre la transportación y el tiempo físico en la industria, tal vez su pareja es también un profesional y le sucede lo mismo ¡Qué duro es llegar tarde a casa y darse cuenta que en el refrigerador solo hay unos pocos productos, la mayoría vencidos por tiempo! ¿Acaso no sería bueno que “alguien” se ocupara de eso? ¿Y qué tal si el propio refrigerador, usando inteligencia artificial y sensores de código de barras y físicos se encarga de eso? ¿Y qué tal si el propio refrigerador, usando la internet se encarga de hacer los pedidos a las tiendas virtuales para completar el stock de bebidas y alimentos que nosotros hemos previamente establecido como ideal? Llegamos a la casa y todo está en orden, no hay que devanarse los sesos y salir corriendo a un mercado a abastecerse cuando uno en realidad desea bañarse, relajarse y comer sin preocupaciones. Lo mismo aplica para la lavadora que se encargó de lavar y si el detergente o el suavizador se terminó lo solicita a la tienda virtual. El receptor de televisor no se queda atrás y nos grabó nuestros programas favoritos durante el día ¿Qué más podría haber soñado Julio Verne? Ahí tenemos a la Internet de las Cosas facilitándonos la vida ¿Progreso? Indudablemente sí; pero…
Y ahora llego yo a estropear la fiesta.

En los años 50, un refrigerador era una cosa muy simple: un armario rectangular con un receptáculo en la parte superior (el congelador), una máquina de refrigeración, radiador y tuberías y contaba una «automática» muy elemental, que consistía en un termostato que enciende y apaga la máquina de refrigeración (compresor) para bombear un cierto gas refrigerante por todas las tuberías y mantener la temperatura deseada. El sueño de Carnot materializado en la industria. Se requerían entonces especialistas en máquinas eléctricas, en refrigeración, en fabricación de armarios metálicos con juntas selladoras…y especialistas en diseño para hacerlos bonitos. Sin embargo, hoy día se añadieron muchos más especialistas para lograr un producto que básicamente sigue teniendo la misma función: mantener alimentos a una temperatura baja. Ahora entraron programadores, informáticos, comunicadores, automáticos, electrónicos, desarrolladores web…toda una pléyade de especialistas escasos y muy bien remunerados y se mantienen los mismos que se requerían para producir aquel refrigerador elemental de los años 50. Todo era muy simple al principio, la necesidad (que no el poder adquisitivo) superaba la producción. Probablemente en el mundo de hoy se produzcan más refrigeradores, televisores, lavadoras que aquellos que las personas pueden comprar a los precios actuales. No se trata hoy día de convencer a una persona para que se compre un equipo electrodoméstico que no tiene. Se trata de convencer a los que los tienen para que cada año se compren un equipo MEJOR. Obviamente, volviendo al refrigerador de marras, ya no hay como hacerlos mejor en el sentido de su función básica. Los refrigeradores de hoy día enfrían tan bien como los de los años 50 (claro, ahora son más ecológicos, mas energéticamente eficientes … algo que no nos preocupaba en los años 50). Ahora se trata del VALOR AÑADIDO: las facilidades de la Internet de las Cosas, y para lograrlo, hay que fabricar equipos sofisticados y para eso hay que pagar a especialistas caros, sin embargo, el precio debe mantenerse en un nivel que sea “pagable”.
La pregunta es ¿cómo lograr producir equipos más sofisticados, manteniendo precios asequibles? ¿cómo pagar a esos expertos que están constantemente diseñando, probando y fabricando equipos cada vez más informatizados para que puedan ser controlados por los dueños desde el confort de sus teléfonos móviles? ¿vendiendo más equipos? Si se pudiera, pero la demanda tiene el límite de lo que la gente puede pagar, independiente a su deseo de tener un equipo cada vez mejor.
En los radares meteorológicos los fabricantes hace rato encontraron cómo hacerlo. Básicamente lo logran por dos vías: 1) todo el hardware se fabrica en módulos “cajas-negras” que solo el fabricante puede reparar (no importa si se rompió un mísero transistor o se quemó todo el bloque, no lograrás repararlo por ti mismo), y 2) el fabricante oferta un software muy sofisticado con muchísimas opciones; pero en la venta del radar se le entrega al comprador-ingenuo no el software con todas las opciones que viste en el folleto de promoción, sino un módulo básico. Lo otro…cómpralo aparte, las novedades, cómpralas aparte, las reinstalaciones y mantenimientos, págalos aparte. La idea es un contrato de mantenimiento posventa por medio del cual sigues pagando indefinidamente…o pierdes las funcionalidades del equipo. En el caso de los radares esto tiene la justificación de que el radar debe durar en explotación 10-15 años y que se vende muy caro (que no es el caso de los electrodomésticos). Los grandes fabricantes producen 20-30 radares anualmente, y los países pobres no se pueden comprar radares por su alto precio (1-5 millones de euros), por tanto, la venta de radares no es masiva.
Ahora bien, los efectos electrodomésticos no pueden tener precios exorbitantes porque muy pocos podrían pagarlos, entonces la idea es bajar el ciclo de vida a dos años o menos para que la gente desee comprarse uno nuevo ante una eventual falla, de modo que la reparación no sea una opción rentable para el cliente. No obstante, eso no satisface aún todas las necesidades de los fabricantes (recuerden los programadores, informáticos, electrónicos…cobran salarios muy altos en el mundo moderno). Entonces LG lanzó la iniciativa que ya les conté que funciona bien para los fabricantes de radares: atar al comprador a un servicio de posventa

¿De qué modo? Del mismo modo que en los radares. El software que “viene” con el equipo electrodoméstico trae solo algunas funciones básicas del equipo ¿Quieres todas? Abónate a ThinQ. Todo para tu comodidad:

ThinQ es un “animal” vivo, se modifica y la tarifa de suscripción cambia (aumenta, claro está). Termina siendo que para que tu lavadora lave ejecutando todas las operaciones, y tu refrigerador enfríe correctamente los alimentos, debes mantenerte pagando la suscripción (cada vez más alta) que te ata de por vida al fabricante. Lo mismo sucede con equipos industriales sencillos (autoclaves, equipos de refrigeración, máquinas herramientas, etc.).

¿IoT en función del progreso o en función de la dependencia tecnológica de un fabricante? Is Life Good? Saque usted sus propias conclusiones.

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