
Terminal de trenes anexa al aeropuerto internacional Heathrow de Londres. Arturo y yo por primera vez en Londres; pero todo estaba «calculao» y bajo control: sacamos pasaje para Exeter (en la opción más barata del tren) como habíamos explorado por Internet. En Exeter es donde está la sede del famoso Servicio Meteorológico de Gran Bretaña que los ingleses llaman Met Office. Corriendo pues hacia los andenes, que no es tan fácil identificar «tu andén» y «tu tren»; pero nosotros dos no somos poca cosa, somos viajeros experimentaos. Llegamos a nuestro andén y ya estaba el tren allí. Miré el reloj y faltaban DOS minutos, pero el conductor haciéndonos señas como de que no coman más mierda y suban que nos vamos (las señas en inglés, curiosamente igualitas a como las hacen los choferes de guaguas en Cuba). Le pregunto a Arturito, que es el jefe de la exploración –¿será este? –Mejeto, no comas mierda, cuál va a ser — me dice Arturo que es de un hablar muy dulce y además yo soy su jefe y mucho más viejo y por tanto, siempre me trata respetuosamente. Pues nada, nos sentamos en un vagón casi vacío y a disfrutar del paisaje, que la vida es bella vista desde la ventanilla de un tren en Inglaterra, capaz que hasta nos asaltara Robin Hood por el camino (¿no era que Robin Hood asaltaba a los pobres para darle a los ricos?).

En fin, a gozar del viaje. Veíamos los pueblos al pasar, la gente jugando criquet, curiosamente, no se montaba ningún vendedor de refresco y bocaditos en las paradas, ni nadie alertaba de cuiden sus paquetes que vamos a parar en Camagüey…todo era una felicidad. De pronto se hace una parada más larga de lo habitual.

Oye Arturito, ¡cómo se baja gente aquí!, pero un rato más tarde entra un empleado a limpiar el vagón. Arturo pone su carita de qué res*ng*eta, ahora habrá que levantar los pies. Y yo que — tranquilo, eso es que se rompió la locomotora y estamos esperando que la cambien, tú sabes que esas cosas pasan –le digo por mi experiencia de los trenes en Cuba. Pues no, el janitor nos mira con cara de «están más confundidos que una pluma en un remolino de viento» y nos dice muy inglesamente — hagan el favor de bajarse, si no tienen inconveniente, porque este tren llega hasta aquí y no se van a quedar a vivir aquí.

Yo — mierda Arturito, esto es Bristol y no es la cafetería que hay en el reparto Náutico, estamos a medio camino. A esa hora comienza Arturito su repertorio de echarle la culpa a los ferrocarriles consolidados de Inglaterra, a la Reina de Inglaterra, a la pierna izquierda de Beckham, al agente 007 y a cualquier cosa menos a que por comemierdas nos montamos en un tren equivocado porque en los ferrocarriles de Gran Bretaña DOS MINUTOS SON DOS MINUTOS.

Mis fieles lectores espero que hayan leído a Dante, y sepan lo que es el infierno de esperar varias horas el próximo tren con la letanía de Arturo-Aura-En-El-Caballete de que ahora tendremos que pagar otra vez y las penurias que se derivarían de haber malgastado nuestro exiguo presupuesto…

Y yo que no, que ya nosotros pagamos HASTA EXETER, que nos hayamos querido bajar en Bristol a estirar las piernas y conocer los pueblos del sur de Inglaterra no significa que tengamos que pagar de nuevo.

Para no hacerle muy largo el cuento. Nos montamos en el próximo tren, no había que pagar, llegamos a Exeter, Arturo se quiso montar en el puesto del chofer del taxi (es decir, a la derecha alante); pero ya eso es ooootra historia. Hicimos nuestro trabajo, asimilamos la experiencia de Met Office, hicimos el Radar Meteorológico Cubano Doppler… y seguimos en Cuba, haciendo cada día algo por nuestro país, a pesar de los pesares.

Los quiere, su tío Mat El Viajero
Deja una respuesta