Radares Mirando al Sur

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Mi 5 de septiembre

Sé que a mis desconfiados lectores les va a parecer exagerado lo que voy contar. El 5 de septiembre de 1957 yo cumplía 1 año, 8 meses y 19 días de nacido, cuando sucedió el alzamiento de los marinos en Cayo Loco. Sin embargo, recuerdo con nitidez lo que voy a narrar. La casa en la que vivíamos mi padre, Orlando Rodríguez Fiallo, mi madre Teresa González Álvarez y yo, en Cienfuegos, era más o menos igual que la casa en la que aún vive mi mamá (ya de 88 años cumplidos) actualmente en Camagüey, solo que esta, la de ahora es más luminosa, la de Cienfuegos la recuerdo más oscura. Mirando hacia la calle, la casa tenía una puerta a la derecha y una ventana a la izquierda.

La ventana era alta, le daba al pecho a mi papá. No recuerdo cómo comenzó, solo sé que mi papá me puso un palito entre los dientes y me metió debajo de la cama. Se sentían explosiones y tableteo de ametralladoras, lejanos. Mi papá estaba todo el tiempo en la ventana, asomándose y tratando de mejorar el ángulo; pero estábamos lejos. Yo, claro está no lo sabía en ese momento.

Más grande supe que él era del movimiento 26 de julio y que no había sido avisado de la acción. Una y otra vez yo me escapaba de debajo de la cama e iba a curiosear, y una y otra vez, pacientemente, él me volvía a meter debajo de la cama, con el palito en la boca. No sé cuánto duró, no recuerdo nada más, son solo flashazos en que lo veo, con sus pantalones anchos y su camisa por fuera. Han pasado ya 66 años.

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