
En el significado bíblico, la epifanía se traduce como «manifestación» o «revelación de Dios», refiriéndose a cómo Jesús se da a conocer al mundo. La Iglesia celebra tres eventos como epifanías principales: la visita de los Reyes Magos (Mateo 2:1-12), el bautismo de Jesús en el río Jordán (Mateo 3:13-17) y el milagro en Caná (Juan 2:1-12) (aquel donde transformó agua en vino, cosa que la Humanidad ha tratado de repetir sin éxito). Una epifanía es una comprensión súbita, profunda y reveladora de la esencia o significado de algo. No es simplemente una idea nueva, sino una reorganización instantánea de tu perspectiva sobre un problema, una situación o un concepto. Ocurre generalmente en estado de vigilia o en el límite. Por otra parte, también están los sueños proféticos e inspiradores, en los que experimentas imágenes, narrativas o símbolos que, posteriormente, sientes la necesidad de llevar a la realidad o que parecen predecir un evento futuro. Yo no soy un místico, yo soy ateo gracias a Dios, y me acuerdo de Santa Bárbara cuando truena. Soy simplemente un hombre muy estudioso y creo que epifanía o sueño revelador son dos modos que tiene la mente de resumirte un cúmulo de información, dos caras de una misma moneda, darte una conclusión y trazarte un camino que no lograbas ver, inmerso en un bosque espeso de informaciones cruzadas, como el que se tropezó el Príncipe buscando a la Bella Durmiente. Me han sucedido las dos cosas, si lo desea sígame y se entera.

Empecé a trabajar en 1981, proveniente de una especialidad de automática ferroviaria que muy poco tenía que ver con los radares meteorológicos, sin embargo acepté el reto y me lancé a estudiar TODO sobre radares en general y sobre los dos tipos de radares que había en Cuba en ese momento (los RC-32B y los MRL-5). Estudiaba yo a ritmos francamente inhumanos, no menos de cuatro horas diarias después de la jornada laboral. Estaba muy consciente que cuando vinieran los hijos ya eso no sería posible, así que aprovechaba cada minuto. El estudio de los radares me imponía retos de estudiar la base de componentes electrónicos que los formaban y aprovechaba lo aprendido para impartir cursos sobre lo que iba analizando. Leía libros, revistas y folletos sobre electrónica, porque mi base de la carrera era muy deficiente en esa materia. Por otra parte estudiaba el fascinante mundo de los microprocesadores, que en ese momento nada tenían que ver con los radares.

Yo siempre he sido inconforme con la técnica y sea lo que sea que analizo y estudio, mi mente se desboca a pensar cómo podría ser mejor. Mientras más estudiaba el radar MRL-5, más me parecían perfectibles todas sus partes. Mi segundo asesor, el brillante ingeniero Vilory Kravtchenko, me decía –Orlando, si vas a cambiar algo que funciona bien, por otra cosa que funciona bien igual, nadie te va a dar las gracias por eso, aunque tu circuito sea mucho más elegante y optimizado que el de fábrica, simplemente, a nadie le importa. Si vas a cambiar algo, debe ser que haga cosas que el otro no hace y mejore la funcionalidad. Kravtchenko le dijo a su sucesor al despedirse –Orlando es un ingeniero de radar completamente formado, puede resolver cualquier problema en el radar. Sin embargo, años después, cuando ya habíamos hecho el Sistema Hermes, le comentó a unos colegas que a él lo asombró, porque pensaba que de mí no saldría nada notable porque yo era muy fantasioso.

Ya para finales de 1983 tuve lo que dudo de si clasificar como sueño premonitor o epifanía (que la línea divisoria entre las dos es a veces muy difusa), lo crean mis incrédulos lectores o no, yo veía cómo sería el radar automatizado, con una claridad meridiana. Sin embargo, la base de componentes para materializarlo era aun una promesa de la electrónica y la computación, y otro asunto importante de lo que me di cuenta: yo no era suficientemente buen ingeniero para materializar todo lo que soñaba. Yo no clasificaba en mi riguroso auto exámen como candidato al puesto de ejecutor de mis fantasiosos proyectos. Hubo de pasar un tiempo largo antes de que aparecieran los componentes y aparecieran los talentosos ingenieros. Para no ser muy injusto conmigo mismo: necesitábamos varios ingenieros talentosos para llevarlo todo a la práctica, no era obra para un solo hombre. Me volqué a acortarles el tiempo de preparación en las cosas que yo sabía y salió un equipo formidable y la maqueta del Radar Meteorológico Automático montada en la Loma de la Mula…tal como algún día lo soñé.

Esta reorganización instantánea de la perspectiva, de la que hablaba al principio, no es un privilegio de místicos, sino la forma en que una mente preparada encuentra la salida del laberinto. La historia está llena de estos destellos: Mendeléiev soñando con la Tabla Periódica que ordenaba los elementos caóticos, o Kekulé vislumbrando en un sueño la estructura circular del benceno. También Paul McCartney soñó su más famosa canción, Yesterday (tanto que al inicio pensó que podría haberla oído en alguna parte). En mi caso, tras devorar manuales y circuitos de aquellos radares MRL-5, la imagen completa del sistema automatizado se me apareció con una nitidez absoluta, como un plano listo para ejecutar, pero para el cual no existían los componentes … ni tenía personal para acometer una obra como esa. No fue magia; fue la conclusión a la que mi cerebro, cargado con todos esos datos, llegó por fin a presentarme la solución completa.
Hablemos ahora de la otra modalidad: la epifanía.

Un caso verdaderamente sorprendente, no como el mío, es el de las epifanías, (que vienen siendo la otra cara de la misma moneda de los sueños reveladores), de Nikola Tesla por la amplitud y precisión de sus visiones en estado de vigilia. Él predijo tecnologías que definirían el futuro, como la comunicación inalámbrica para transmitir «señales telefónicas, documentos, archivos musicales y videos» a nivel global, que hoy reconocemos como internet y WiFi. También imaginó «máquinas voladoras» capaces de cruzar el Atlántico en horas y dispositivos controlados a distancia, precursores de los drones modernos, y no podían faltar. los teléfonos celulares.

Hemos hablado de la epifanía súbita en muchos ejemplos de Tesla, ese fogonazo que ordena un rompecabezas mental. Pero existe otra forma de revelación: la visión paciente y deductiva. Julio Verne (mi gran inspirador para hacerme científico) no tuvo un sueño único; su genio fue tejer, libro tras libro, un futuro coherente a partir de los hilos de la ciencia de su tiempo. Él no ‘vio’ el submarino nuclear en un trance; lo dedujo.

Mientras mi epifanía/sueño del radar y el sueño de Mendeléiev fueron destellos que resolvieron un problema, la de Verne fue un faro constante que iluminó un camino. Ambos procesos, el instantáneo y el metódico, parten del mismo principio: una mente profundamente inmersa en su material, capaz de conectar puntos donde otros solo ven datos dispersos.

La Ciencia también ha dado una descripción a estos fenómenos de sueños_premonitorios/epifanías. Se llama Efecto Zeigárnik. Describe cómo nuestra mente tiende a recordar y seguir procesando tareas incompletas o problemas sin resolver, incluso cuando no estamos pensando conscientemente en ellos. Es el mecanismo que explica por qué, tras horas de estudio muy intenso de un problema, la solución puede llegarte mientras paseas o, efectivamente, mientras sueñas. Es la base científica que respalda la idea de que «la incubación» del problema precede a la iluminación.
La segunda «cosa» (la modalidad de visión en estado de vigilia) me sucedió digamos que más de golpe, mientras paseaba por la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción de Santiago de Cuba. Esta catedral es la más antigua de Cuba y su historia de resistencia (fue destruida y reconstruida varias veces por terremotos y ataques de piratas) es en sí misma una lección de perseverancia y la perseverancia y la resiliencia han sido dos de mis más fuertes virtudes. Así que no es extraño que en ese lugar, un buen día, cuajaran ideas que estaban retorcidas en un mar de informaciones en mi mente.
Pero bueno, estimado lector, uno debe tomar los buenos ejemplos, como el de Scherezada y dejar algo para otro día, para no agotar la paciencia de mis fieles lectores.

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