
Una historia del Oriente Medio y sus religiones condensada en 40 capítulos. Capítulo 18. Duelo de tanques en el Sahara. Es solo un intento de explicarme a mí mismo los conflictos sobre los que he estado oyendo y leyendo desde pequeño.
Para entender la historia que me confió mi amigo y vecino Luis Rangel (ya fallecido), hay que situarse en octubre de 1963. Argelia acababa de independizarse de Francia un año antes, y sus fronteras con Marruecos, trazadas a veces con poca claridad por el colonizador, se convirtieron en un polvorín.
Marruecos reclamaba los territorios argelinos de Tinduf y Béchar. Lo que comenzó como escaramuzas fronterizas derivó en una guerra abierta: se llamó la Guerra de las Arenas.
Ah, las fronteras trazadas a lápiz sobre un mapa … y luego disputadas con sangre en el desierto
Para entender la Guerra de las Arenas, debemos hablar de un problema común en el mundo árabe y africano: el de las fronteras. No olvidemos que, al terminar la Primera Guerra Mundial, las potencias europeas vencedoras se repartieron el botín del derrotado Imperio Otomano como si de un pastel se tratara.
Acuerdos secretos como el Sykes-Picot de 1916 dibujaron con regla sobre un mapa las actuales naciones de Oriente Medio (Irak, Siria, Jordania…), creando Estados artificiales que agrupaban a tribus y etnias rivales. Este mismo espíritu colonial, de trazar líneas en la arena desde una oficina en París o Londres, fue el que décadas atrás había definido el norte de África.
Francia y España se repartieron la región: Argelia fue invadida y convertida en departamento francés desde 1830, mientras que Marruecos quedó bajo el estatus de protectorado en 1912. La frontera que separaría a ambos países tras sus independencias no fue producto de siglos de historia compartida, sino de conveniencias coloniales.
Tratados como el de Lalla Maghnia de 1845 fijaron límites en zonas pobladas, pero dejaron vastas extensiones del desierto del Sahara sin definir, bajo el dominio efectivo de Francia, que consideraba ese territorio como suyo.
La Guerra de las Arenas (octubre de 1963)
El estallido se produjo apenas un año después de que Argelia lograra su libertad. La chispa fue la disputa por los oasis fronterizos de Tinduf y Béchar, reclamados por Marruecos como parte de su territorio histórico. El rey Hasán II de Marruecos, viendo a su vecino debilitado por su reciente y cruenta guerra de independencia contra Francia (1954-1962), decidió presionar militarmente.
A principios de octubre de 1963, las tropas marroquíes cruzaron la indefinida frontera y se enfrentaron a las argelinas, que aún tenían una estructura de guerrilla y no un ejército regular. La superioridad inicial marroquí era evidente.
Ante esta agresión, el presidente argelino Ahmed Ben Bella hizo un llamado de ayuda desesperado. La respuesta más rápida y contundente vino de un lugar insospechado: Cuba.
El Comandante en Jefe Fidel Castro, en un acto de solidaridad revolucionaria, envió un contingente de 686 hombres con 22 tanques soviéticos T-34 y artillería pesada en una operación denominada «Dignidad». Llegaron a Argelia a bordo del buque Aracelio Iglesias.
Su presencia equilibró la balanza y su sola llegada fue un factor disuasivo crucial para los marroquíes. La guerra, breve pero intensa, se libró en el implacable desierto del Sahara.
Finalmente, la mediación de la Organización para la Unidad Africana (OUA) logró un alto el fuego en noviembre, y en febrero de 1964 se firmó la paz, aunque el problema de fondo, el de las fronteras, no se resolvió y la zona quedó militarizada durante décadas.
Entre esos asesores cubanos que acudieron como voluntarios en defensa de los argelinos se encontraba Luis Rangel, santiaguero radicado en Camagüey, un verdadero soldado de la Revolución que cumplió numerosas y delicadas misiones en el extranjero. Por cierto, nacido y criado muy cerca de Vilma Espín y muy amigo de ella, y como es lógico, miembro del Movimiento 26 de Julio en Santiago de Cuba.
A Rangel yo lo conocería muchos años después, ya cuando trabajaba en organismos civiles y luego como jubilado, y me contaría (varias veces) la historia que hoy quiero compartir (y otras muchas que iré compartiendo con mis lectores, aunque las otras ya no están relacionadas con el Oriente Medio). No solo me la contó a mí, siempre igual, también en otras circunstancias se la contó a mis hijos en iguales términos, así que no era algo producto de la imaginación, era una anécdota real. Tal vez alguno de mis lectores la pueda confirmar.
La anécdota de Rangel: La Guerra de los Tres Disparos
Según me narró Rangel, él fue asignado como asesor de un batallón de tanques T-34 que acudió en ayuda de los argelinos. En el tanque insignia viajaba nada menos que el hermano del presidente Boumedienne (Houari Boumedienne, quien años más tarde gobernaría Argelia). La situación era crítica.
En un momento del avance, se aproximó a la frontera un ejército de tanques de un país que Rangel no recuerdo que me hubiera comentado, o tal vez sí y lo olvidé, pero todo indica que eran fuerzas marroquíes. La superioridad numérica era evidente. El comandante enemigo podía aplastarlos.
Frente a sí, en la otra punta del campo de batalla, en medio del desierto del Sahara, la columna blindada enemiga era una fuerza temible y modernamente equipada. Contaban con cerca de 40 tanques principales de batalla T-54, los mismos que por entonces asombraban al mundo en los desfiles de la Plaza Roja de Moscú. Su potencia de fuego se complementaba con una docena de cazatanques SU-100, máquinas diseñadas específicamente para destruir otros carros de combate. Para misiones de reconocimiento y apoyo rápido, desplegaban 17 tanques ligeros AMX-13 de fabricación francesa, que en ese entonces tenían menos de una década de servicio. Además, una flota de blindados Panhard EBR patrullaba las dunas, preparados para hostigar cualquier avance enemigo.

Pero Rangel, como ya dije es un santiaguero, digno heredero del General Antonio Maceo, símbolo del coraje de los cubanos. En lugar de retirarse o aceptar una derrota segura, apeló a un código de honor que hoy parece sacado de la época de las cruzadas. Debo hacer un paréntesis. Rangel había estudiado en los Estado Unidos y era un hombre de una vastísima cultura y en un rapto de coraje y sangre fría pensó en una estratagema muy arriesgada. Entonces Rangel le pidió a Boumedienne que le trasmitiera por radio al tanque insignia enemigo que él lo retaba a duelo: tanque contra tanque, uno a uno, los dos tanques insignias frente a frente.
Rangel conocía bien la sicología de los marroquíes. El jefe marroquí si no aceptaba quedaría como un cobarde ante las tripulaciones de los tanques que comandaba, por tanto, aceptó. Rangel propuso enfrentarse a dos kilómetros de distancia. El comandante marroquí, tal vez temiendo no acertar, contraatacó exigiendo que fuera a solo un kilómetro. Rangel aceptó porque era un cojonú y confiaba en sus habilidades como artillero y en su tanque. Como muestra de caballerosidad le cedió el primer disparo (un punto sicológico a su favor)
Aquí hago un paréntesis para que mi lector entienda mejor el duelo, aquí le doy una tabla comparativa con los datos técnicos clave de cada modelo durante el conflicto:
Ahora, es importante aclarar la diferencia entre estos dos conceptos para entender mejor las sutilezas sicológicas del duelo:
- Alcance Efectivo: Es la distancia práctica a la que un artillero promedio podía impactar un blanco del tamaño de otro tanque con una alta probabilidad de éxito. El T-34, al ser un diseño más antiguo, confiaba en la habilidad del artillero y su mira óptica, logrando impactos certeros hasta 1.6 km. El T-54, a pesar de su cañón más potente, tenía un alcance efectivo citado de 800 m para blancos de punto, posiblemente debido a un sistema de control de tiro que, aunque superior al del T-34, aún no era el estándar moderno.
- Alcance Máximo: Es la distancia balística máxima que el proyectil puede alcanzar en condiciones ideales de laboratorio. En la práctica, impactar algo a más de 2 km era casi imposible con la tecnología de la época.
El tanque enemigo apuntó y disparó. El proyectil rozó la torreta del T-34 soviético en el que iba Rangel, el tanque se estremeció pero, no le hizo mella. El blindaje había aguantado. Recuerden mis lectores que en las Puertas de Brandeburgo todavía hoy hay un par de tanques T34, no les tengo que explicar qué significa esto.
Entonces fue el turno de Rangel. Este, excelente artillero y tanquista, apuntó, disparó usando tal vez una estrategia de billar. Rangel sabía que dándole de lleno al tanque enemigo, difícilmente perforaría el blindaje del T-54 soviético. Deliberasdamente Rangle apuntó a la parte baja. El tanque enemigo, en una carambola, saltó por los aires y cayó mirando en dirección contraria, a todas luces fuera de combate.
Rangel, entonces, le transmitió al adversario: «Tu turno para el próximo disparo», pero el jefe marroquí, viendo que su mejor disparo no había logrado nada y que el cubano había hecho saltar por los aires su tanque que él confiaba en que era superior, con un solo tiro, no hizo más disparos. Izó bandera blanca declarándose vencido (había sido humillado con todas las de la ley) y se retiró con toda su columna de tanques, mucho más numerosa que los 22 tanques cubanos.
Rangel siempre me decía que este episodio se conoció como la Batalla de los Tres Disparos (a pesar de que solo fueron dos: el del enemigo y el suyo). Una muestra de que, en medio de la guerra industrial del siglo XX, todavía había espacio para el valor personal y el honor entre caballeros.
La diferencia en las especificaciones explica perfectamente la psicología del duelo que les describí:
- La oferta inicial de Rangel (2 km): Al proponer combatir a esa distancia, Rangel estaba jugando su mejor baza. Sabía que su T-34 tenía un alcance efectivo de 1.6 km. A 2 km, estaba forzando al enemigo a disparar en una distancia casi imposible para el T-54, mientras que su propio disparo, aunque difícil, sería mucho más certero (y él confiaba en sus habilidades). Era una apuesta estratégica y valiente, aprovechando la debilidad de su oponente.
- La contrapropuesta marroquí (1 km): El comandante marroquí, con su T-54, era consciente de su desventaja a larga distancia. Al proponer reducir la distancia a 1 km, entraba en su zona de confort. A esa distancia, su cañón de 100 mm era devastador y su mira le permitía apuntar con mucha mayor precisión que a 2 km. Era una jugada inteligente para neutralizar la ventaja de Rangel. Rangel al aceptar corrió un gran riesgo y demostró una sangre fría espantosa.
- El factor sorpresa del blindaje: La anécdota cobra aún más sentido y explica por qué el jefe marroquí se retiró. El comandante marroquí aceptó el duelo a 1 km confiado. Disparó primero y acertó en la torreta. Si el blindaje del T-34 hubiera sido el estándar (de 90 mm), el impacto de un proyectil de 100 mm a esa distancia lo habría destruido. El hecho de que no le hiciera mella fue un giro inesperado que decidió la contienda a favor de Rangel. Al fallar en su distancia de confort ya estaba derrotado. Al acertarle Rangel ya fue devastador, no huyó solo por cuestiones de honor, quedó aterrorizado por la demostración que recibió.

No en balde Fidel lo había expresado claramente: «Y si queremos saber cómo deben ser nuestros tanques en la hora del combate: ¡deben ser como la caballería camagüeyana de Ignacio Agramonte en el rescate de Sanguily!».
Un pequeño apunte histórico (para los curiosos)
Quienes conozcan la cronología oficial notarán que en 1963 el presidente de Argelia era Ahmed Ben Bella, y Houari Boumedienne era solo su ministro de Defensa (presidiría más tarde, a partir de 1965). Sin embargo, mi amigo Rangel recordaba siempre al «hermano del presidente Boumedienne» dentro del tanque. Es posible que con el paso de los años asociara a Boumedienne con el título presidencial que luego alcanzaría. Yo he preferido transcribir su relato tal como me lo contó, porque la memoria de un amigo y un soldado merece respeto por encima de las precisiones de los libros.

La anécdota, verificable o no, forma parte de lo que él vivió y me legó. Y eso, para mí, es también historia. Indudablemente, la presencia y el valor de los cubanos fue un factor decisivo y disuasivo en esta Guerra de las Arenas.
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