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Oriente Medio: 26. Irak, de la Guerra del Golfo al abismo (1990-2003)

Mapa histórico del Medio Oriente centrado en Irak, Kuwait y el golfo Pérsico, estilo atlas escolar. Que muestre las fronteras actuales de Irak, Kuwait, Arabia Saudí, Irán, Jordania y Siria. Incluir flechas que indiquen la invasión iraquí a Kuwait en agosto de 1990 (flecha roja desde Bagdad hacia Kuwait), y otra flecha o línea que represente la 'Operación Tormenta del Desierto' en 1991 con una coalición internacional atacando desde Arabia Saudí hacia el sur de Irak y Kuwait. Además, incluir una marca o línea de tiempo que indique la invasión de 2003 con una flecha desde el sur (Kuwait) hacia Bagdad. Usar tonos arena para el terreno, azul para el agua, y símbolos militares sencillos (tanques, aviones) muy discretos. Textos en español: 'Irak', 'Kuwait', 'Golfo Pérsico', 'Bagdad', 'Invasión de Kuwait 1990', 'Tormenta del Desierto 1991', 'Invasión de 2003'. Fondo beige claro, bordes de países en marrón. Estilo de mapa geopolítico limpio y claro

Una historia del Oriente Medio y sus religiones condensada en 40 capítulos. Capítulo 26. Ascenso y caída de Irak. Es solo un intento de explicarme a mí mismo los conflictos sobre los que he estado oyendo y leyendo desde pequeño.

Cuando en 1988 los cañones en la frontera entre Irak e Irán finalmente se silenciaron, Sadam Huseín alzó una espada ensangrentada que quiso mostrar al mundo árabe como el símbolo de su victoria. Pero bajo el oro y la pólvora se escondía una verdad mucho más sombría: Irak estaba en bancarrota, endeudado hasta los 80.000 millones de dólares y gobernado por un dictador adicto al poder que necesitaba desesperadamente un nuevo enemigo. Su mirada se posó entonces sobre un pequeño, rico y mal defendido vecino: Kuwait. Lo que vino después no fue solo una invasión, sino el primer acto de una tragedia en tres partes que arrasaría Irak durante tres décadas, atraería a las superpotencias, destrozaría el orden regional y sembraría las semillas del caos que aún hoy, con la caída de Al-Ásad en Siria, sigue escribiendo sus últimos capítulos. Bienvenidos al capítulo 26, síganme y les cuento sobre cómo Irak llegó al caos actual.

Los Cimientos de un Estado Frágil: Breve historia de Irak antes de Sadam

Para entender la magnitud de ese error, es vital explicar por qué Irak era un polvorín antes de la llegada de Sadam.

  • Del Mandato Británico a la Monarquía (1932-1958): El nacimiento artificial.
    Irak es una creación del siglo XX. Tras la derrota del Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial, Gran Bretaña unió artificialmente tres antiguas provincias otomanas (Mosul, Bagdad y Basora) bajo un solo estado. En 1932, se convirtió oficialmente en un reino independiente bajo la dinastía hachemita, pero fuertemente influenciado por los británicos. Este «Reino de Irak» nunca logró consolidar una identidad nacional sólida, pues estaba profundamente dividido por líneas étnicas (árabes y kurdos) y religiosas (chiíes, suníes y otras minorías).
  • La Era de los Golpes y el Ascenso del Baaz (1958-1979): Hacia el poder totalitario.
    La inestabilidad fue la tónica. En 1958, un golpe militar conocido como la Revolución del 14 de Julio derrocó la monarquía, asesinó a la familia real e instauró una república. Fue el inicio de una larguísima serie de conspiraciones y golpes de estado.
    La situación llegó a su punto de inflexión en 1968, cuando el Partido Baaz Árabe Socialista (una ideología laica y panarabista) tomó el poder mediante un golpe y nunca más lo soltaría. El poder real, sin embargo, no estaba en la cúpula del partido, sino en manos de su vicepresidente: Sadam Huseín, quien para 1979 ya había depurado a sus rivales, se había proclamado presidente y había comenzado a construir el culto a la personalidad más brutal del Medio Oriente.

La Guerra del Golfo (1990-1991): El Gigante Herido

  • ¿Por qué invadió Sadam a Kuwait? El cóctel de deuda, petróleo y poder.
    A mediados de 1990, la paciencia de Sadam se agotó. Con una deuda imposible de pagar, acusaba a Kuwait de dos graves «traiciones»:
    1. Robo de petróleo: Los iraquíes afirmaban que Kuwait estaba perforando en horizontal desde el lado de la frontera para extraer crudo de los yacimientos compartidos del campo de Rumaila.
    2. Sobreproducción petrolera: Kuwait producía por encima de las cuotas de la OPEP, lo que hacía bajar el precio del barril y reducía drásticamente los ingresos de Irak. Sadam consideraba que, dado que él había contenido a Irán, Kuwait debía perdonarle la deuda y subir los precios.
      La negativa kuwaití fue la chispa. El 2 de agosto de 1990, el ejército iraquí cruzó la frontera y en cuestión de horas anexionó Kuwait.
  • Tormenta del Desierto: La coalición internacional contraataca.
    Sadam subestimó la reacción internacional. Estados Unidos, temiendo por el control del petróleo mundial y por la seguridad de Arabia Saudí, construyó una coalición de 42 países.
    El 17 de enero de 1991, la coalición lanzó la «Operación Tormenta del Desierto»: una campaña de bombardeos masivos durante cinco semanas que arrasó las infraestructuras de Irak y Kuwait.
  • Un éxodo masivo: Para proteger su fuerza aérea de los devastadores bombardeos de la coalición internacional, Sadam Huseín ordenó que un gran número de sus aviones despegara hacia Irán. La intención era que el refugio fuera temporal. Sin embargo, Teherán confiscó la flota aérea iraquí como «reparaciones de guerra» por el conflicto que mantuvieron entre 1980 y 1988, y nunca la devolvieron
  • El 24 de febrero, las tropas terrestres entraron en combate. En solo 100 horas, el ejército iraquí estaba en retirada y Kuwait era liberado. El 28 de febrero, se declaró el alto el fuego.
  • Consecuencias Inmediatas: Un país devastado y sanciones eternas.
    Irak quedó devastado. Los bombardeos impactaron todas las redes eléctricas, de agua y saneamiento, lo que provocó epidemias de cólera y tifus. Se estima que murieron entre 150.000 y 300.000 personas. Además, el ejército perdió el 50% de sus efectivos y el 70% de su fuerza aérea. Se impusieron severas sanciones económicas a Irak, lo que ahondó aún más el sufrimiento de la población civil.

Los Años del Exilio Forzado (1991-2003): La Década Perdida

  • El Régimen de Sanciones: El «genocidio silencioso» y el programa Petróleo por Alimentos.
    Las Naciones Unidas impusieron un embargo total que imposibilitaba la importación de alimentos y medicinas. La población civil fue la principal víctima de un castigo colectivo. Para paliar esta catástrofe humanitaria, la ONU creó en 1995 el programa «Petróleo por Alimentos», que permitía a Irak vender crudo a cambio de ayuda humanitaria.
  • La Consolidación de la Dictadura: Sadam, el poder absoluto en un país aislado.
    Lejos de derrumbarse, Sadam utilizó el aislamiento para profundizar su culto a la personalidad y su red de terror. Creó una economía clandestina para evadir las sanciones y se aseguró la lealtad de su entorno, principalmente del clan familiar y de los suníes de Tikrit. El descontento popular fue reprimido con extrema dureza, incluyendo el drenaje de los humedales del sur para castigar a los chiíes (recordar el bombardeo químico de Halabja contra los kurdos en 1988).

El Pretexto Final: La Invasión de 2003

Los Fantasmas de las Armas de Destrucción Masiva: La falsa justificación.
Tras los atentados del 11-S de 2001, la administración de George W. Bush encontró en Irak un nuevo objetivo en su «guerra contra el terror». A pesar de que los inspectores de la ONU no encontraron pruebas concluyentes, EE. UU. y el Reino Unido acusaron a Sadam de poseer armas de destrucción masiva (químicas y biológicas) y de tener vínculos con Al Qaeda. La comunidad internacional se dividió, pero EE. UU. decidió actuar por su cuenta.

El 5 de febrero de 2003, en la sede de la ONU en Nueva York, se consumó el engaño. Colin Powell, el secretario de Estado de Estados Unidos y un militar de reconocida reputación, tomó la palabra ante el Consejo de Seguridad. Durante una hora y siete minutos, desgranó un discurso donde repitió hasta 17 veces una frase que sonaría a condena: ‘armas de destrucción masiva’.

El Secretario de Estado, General Colin Powell, mintiendo descaradamente ante el Consejo de Seguridad de la ONU, mostrando un frasco con una simulación de Antrax, lo presentó como prueba irrefutable de que Sadam tenía armas de destrucción masiva.
El Secretario de Estado, General Colin Powell, mintiendo descaradamente ante el Consejo de Seguridad de la ONU, mostrando un frasco con una simulación de Antrax, lo presentó como prueba irrefutable de que Sadam tenía armas de destrucción masiva.

Pero la imagen que pasaría a la historia fue el gesto que cerró la farsa. Con un frasco en una una mano con una elegancia de cirujano, Powell alzó un pequeño frasco de tapa azul que contenía un puñado de un extraño polvo beige. ‘Menos de una cucharada de ántrax seco… aproximadamente esta cantidad… paralizó el Senado de Estados Unidos’, declaró ante un auditorio expectante, advirtiendo que Bagdad no había podido dar cuenta de decenas de miles de esas dosis letales que el régimen de Sadam presuntamente escondía.

Detrás de él, unas pantallas mostraban unas supuestas imágenes de satélite o unas diapositivas con diagramas que señalaban camiones como supuestos ‘laboratorios móviles’ para fabricar armas biológicas. El montaje era perfecto. La prensa mundial, que había tragado con la historia, difundió la imagen del vial. La opinión pública quedó convencida. El prestigio de Powell fue el anzuelo perfecto en esta operación de propaganda. La guerra ya era un hecho, aunque las armas que denunciaba ese frasco nunca, nunca, aparecerían.

El 20 de marzo de 2003, la coalición anglo-estadounidense lanzó la invasión con una campaña de «shock and awe» (impacto y pavor) sobre Bagdad.

La «Línea Rusa» (Turquía no quería buscarse problemas con los rusos por alinearse con Estados Unidos): A medida que se acercaba la invasión, Turquía, un aliado clave de la OTAN, fue un obstáculo. El parlamento turco se negó a permitir el paso de tropas estadounidenses, lo que obligó a Washington a replantearse la logística (entrar solo desde Kuwait) y buscar la cooperación, o al menos la no interferencia, de sus vecinos.

Negociaciones secretas: Funcionarios estadounidenses mantuvieron conversaciones confidenciales con Irán para coordinar los movimientos militares en Irak. Un objetivo central de estas negociaciones fue obtener un compromiso iraní para no derribar aviones estadounidenses que se adentraran accidentalmente en su territorio durante las operaciones en Irak.

Un pacto extraoficial: Zalmay Khalilzad, quien sería embajador en Irak y la ONU, escribió que EE. UU. buscó ese compromiso de no agresión y lo obtuvo. Los reportes indican que ese fue el núcleo del acuerdo: Irán no atacaría los aviones de la coalición que violaran su espacio aéreo sin intención. A cambio, se especula que Washington se comprometió a permitir que grupos de la oposición chií iraquí, apoyados por Teherán, cruzaran la frontera para participar en el conflicto. Sí, la política es sucia, Irak, en este caso era enemigo de Estados Unidos, y también lo había sido de Irán.

«Misión Cumplida»: El rápido colapso del régimen.
El ejército iraquí, diezmado por una década de sanciones, se derrumbó rápidamente. En menos de un mes, las tropas estadounidenses tomaron Bagdad. El 1 de mayo, el presidente Bush, en un alarde peliculero digno de Hollywood, declaró el fin de las «operaciones de combate» desde un portaaviones, bajo una pancarta que proclamaba: «Misión cumplida».

Orlando El Escriba en un "cameo" a bordo del portaaviones USS Abraham Lincoln, el 1 de mayo de 2003 cuando Bush declaró "Misión Cumplida" la invasión a Irán.
Misión Cumplida: Papi Buche los hizo «puré de talco», somos los «más mejores del mundo mundial», lo único malo ahora en Irán es que la jama está floja en este portaaviones y en el otro hay problemas con los sanitarios que si no…


Con el país ocupado y sin rastro del ántrax o las armas químicas, la farsa quedó al descubierto. El general Powell se retractó más tarde, calificando aquel discurso como una ‘mancha’ imborrable en su expediente y un ‘doloroso’ error. Pero era tarde. La mentira del frasco ya había cobrado factura: medio millón de muertos estimados en Irak y un país destrozado que aún sangra hoy.

La realidad era muy distinta. La falta de un plan de posguerra, el desmantelamiento del ejército iraquí (lo que dejó a cientos de miles de hombres armados y desempleados) y la incapacidad de garantizar la seguridad desataron una sangrienta insurgencia y una guerra civil sectaria.

Las raíces del caos actual. El puente hacia Siria y el ISIS

La invasión de 2003 no solo derrocó a Sadam Huseín; destruyó el estado iraquí y desató una violencia sectaria que nunca ha cesado totalmente. El vacío de poder que dejó la ocupación estadounidense fue el caldo de cultivo perfecto para el surgimiento del grupo yihadista más brutal del siglo XXI: el Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS).

Las consecuencias de esta invasión aún se sienten hoy. La desintegración de Irak desestabilizó por completo la región, creando el escenario para los conflictos en Siria, donde ISIS establecería su califato. Lo que comenzó como una deuda impagable y un error de cálculo, terminó siendo el cataclismo que definió el Oriente Medio de nuestro tiempo.

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