Radares Mirando al Sur

Fundamentos, Tecnologías, Aplicaciones, Historia y Memoria

Sequía en el Pico San Juan

Déjenme que les cuente esta historia ahora, que ya pasaron muchos años. Fue a raíz del huracán Lili, el de 1996, que causó gran afectación en las provincias centrales, el Episcopado Italiano materializó un donativo de cerca de un millón de dólares estadounidenses para fortalecer la Meteorología en las tres provincias más afectadas, Cienfuegos, Villa Clara y Sancti Spiritus. El proyecto estaba centrado en la provincia de Cienfuegos y estaba encabezado por el inolvidable y talentoso doctor Antonio de Jesús Fernández García. Como parte del proyecto se decidió invertir cerca de 30 mil USD en la modernización y automatización del radar meteorológico ubicado en el Pico San Juan. Corría el mes de abril del año 2000 y ya los ingenieros de LADETEC estábamos en plena faena para materializar el primer prototipo seriado del Radar Meteorológico Automático cubano, en lo que dimos en llamar Proyecto ELBRUS, cuando de repente …la sequía.

Todo iba muy bien, el abastecimiento de comida era inmejorable. Los operadores (y los ingenieros que estábamos trabajando en la automatización del radar) desayunábamos, almorzábamos y comíamos abajo, en el comedor de la Unidad Militar de las TRT que no estaba mal abastecido.

Adicionalmente, la estación de nuestro radar (aclaro que nuestro radar, que es el que está en la cima, porque en esa época habían varios radares de las TRT) recibía un pago «en especie» de parte de las entidades que tenían (y aun tienen) repetidores de radio en un local del radar. El pago era en comida. Antes de comenzar la automatización del radar, esa comida se les daba a los operadores y cada uno decidía si comérsela o llevársela para su casa. Al comenzar la automatización ellos tomaron la decisión de dejar esa comida para reforzarnos la alimentación a nosotros, los ingenieros.

Nada, nos tenían muy malcriados, nos daban leche condensada (a Marco), galleticas, refrescos, nos hacían pizzas, todo eso adicional a la comida del comedor. Cuando se dieron cuenta que el «cuello de botella» pasaba por Marco, que era el programador, pues no lo dejaban ni bajar al comedor, le traían el desayuno. Claro, era un amor mutuo, nosotros trabajabamos 10, 12 y a veces 14 horas diarias.

No era solo el trabajo de desmontar el cableado y volver a montar el radar en la versión automática, sino que todo lo que estábamos poniendo era nuevo para nosotros, eran tarjetas seleccionadas por catálogo, pero que nunca la habíamos visto, vinimos a tenerlas en las manos ya cuando estábamos desarmando el radar, era un alto riesgo.

Con respecto al radar de Camagüey, estábamos dando un salto enorme, tanto de hardware como de software; pero especialmente de software. Usábamos por primera vez Windows NT, usábamos por primera vez una arquitectura de cliente/servidor, y se suponía que los clientes debían correr desde cualquier lugar físico de la red (pero en ese momento el radar no tenía conectividad, ni Internet, ni nada, ni siquiera teléfono fijo, todo era por radio).

A eso súmele que el software tenía que enlazarse con las tarjetas que controlaban los objetos, que no eran tarjetas hechas por nosotros como en la maqueta de Camagüey, así que tenía que enlazarse con los drivers que daba un fabricante remoto que a Cuba no le daba soporte. Eso explica que si a todos nos malcriaban, a Marco mucho más, éramos varios expertos en el hardware del radar, pero era Marco solo para batirse con un software que él estaba creando sobre la marcha, se llamó VESTA|RDA (por Radar Data Acquisition).

Todo eso está muy bien, pero …y la sequía ¿qué? La unidad militar se abastecía de agua a partir de unos manantiales que estaban mucho más abajo y de ahí se empujaba más hacia arriba, hasta el radar. Nunca había habido problema con eso (ahora sí lo hay, la última vez que estuve, Osmany subía el agua con un tanque en la cama del katanga).

Y hete aquí que de repente …el manantial se secó producto de la sequía. Marco y yo habíamos tenido que ir a La Habana a unas gestiones cuando eso ocurrió. Los espartanos podían haber bajado y haberse ido para Camagüey y regresar cuando lloviera; pero eso no está en el ADN de nosotros, de un radar se regresa con el escudo o sobre el escudo.

Nunca mi equipo de ingenieros regresó sin haber terminado el trabajo, sin importar las dificultades. Se va a un radar y se regresa cuando el radar está funcionando, eso no había que explicárselo a ninguno que entrara a LADETEC, es un código de honor no escrito que seguimos manteniendo hasta el sol de hoy. No es por creernos cosas, creo que al CITMA no le será fácil volver a tener a un equipo así.

Supervivencia, se tomaba el agua de los deshumidificadores, cero baño, cero aseo. Solo resistir y vencer. Orinar y c@g@r por la maleza, a riesgo de despeñarse, que allá arriba no hay mucho espacio, la maleza empieza justo al borde del abismo por todas partes. Hay anécdotas que no puedo contar.

Nada, eso duró solo un poco más de una semana, cuando Marco y yo regresamos ya había agua en el manantial de nuevo. A dios gracias, porque no es muy digno despeñarse loma abajo cuando uno está c@g@ndo. Ah, qué penoso sería para un experto en radares perecer de forma tan poco honorable.

No quiero terminar sin llamarle la atención a mi incrédulo lector, que seis años después, cuando finalmente este radar se conectó a Internet, los clientes del VESTA|RDA, se conectaban remoto, bien remoto, sin ninguna dificultad.

Sí, desde mi casa, a través de un enlace por modem, yo cargaba el cliente remoto del VESTA|RDA del radar de Pico San Juan con el usuario GOD y tenía total dominio de todo el control del radar, incluso correr el osciloscopio virtual y ver la señal de video en tiempo real, sin haberle hecho ninguna modificación al software que escribió Marco tomando leche condensada (a él era al único que le deban leche condensada por muy envidioso que se pusiera Arturito) con galleticas de soda en aquellas madrugadas en Pico San Juan.

Si lo desea lea algunos posts sobre anécdotas en el radar de Pico San Juan, donde hice mi última reparación en un radar cubano antes de jubilarme.

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