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Estudiando en la Unión Soviética: los exámenes

En Cuba uno no tenía una idea de lo que era estudiar y vivir en la Unión Soviética, Todo el mundo te prevenía del frío y claro, el idioma era sabido que era un obstáculo; pero ni idea de ninguna de las dos cosas. El problema es que cuando uno no conoce algo se hace ideas, pero estas ideas están basadas en la percepción del mundo que uno tiene hasta ese momento. Te hablan de frío y uno se imagina los episodios de frío que ha pasado en Cuba y te hablan de idioma y uno se imagina el idioma inglés que estudió en el preuniversitario y que ha visto en las películas. Así mismo pasó con los exámenes. Los exámenes no tenían nada que ver con cualquier tipo de exámen que uno hubiera tenido en Cuba en los 13 grados cursados (sí, yo fui de los que sufrió el aberrado experimento que nos condujo a cursar 13 grados). Bueno, nada, siga leyéndome y le cuento de los exámenes en el sistema de educación superior de la Unión Soviética.

La primera vez que oyes la palabra «sésiya» (сессия, sesión o temporada en ruso) pues nada, lo interpretas como algo extravagante, ignoto. Después que te muele la primera sésiya es que empiezas a respetarla. Sí, la sésiya, la temporada de exámenes, no es juego, le hace picadillo de soya el cerebro «al más pinto de la paloma». El decanato de tu facultad ponía el calendario de exámenes, nada que la FEU opinara, los estudiantes en la Unión Soviética eran absolutamente NADA en ese aspecto. El calendario era inviolable.

En Cuba los exámenes consisten en una hojita impresa con 3-8 preguntas (que mayormente son ejercicios, al menos en las ingenierías), todos los estudiantes entran, el profesor que va a cuidar el exámen (no necesariamente de la asignatura a examinar) reubica a los estudiantes según su experticia anti-fraude y te dan un tiempo (2-4 horas) para responderlas de forma escrita. Entregas, el profesor de la asignatura califica y listo, pone un papel con las notas en el mural. Si ponchaste (desaprobaste), generalmente tienes derecho a un examen extraordinario (a veces dos), y si ponchas, pues tienes el «mundial» que ya es diferido.

Pues en la Unión Soviética las cosas eran muy distintas. Se entraba en grupitos de cuatro o cinco. Uno recogía un «billete», es decir un papelito que contenía un par de temas, que no preguntas y otro billete con uno o dos problemas prácticos. Los temas podían ser cualesquiera de los temas impartidos en las conferencias, allí iba toda la asignatura. El profesor, generalmente agarraba la mitad de los temas y los iba escribiendo como tema 1 de cada billete, luego agarraba la otra mitad e iba rellenando el tema 2 de cada billete; pero eso podía variar según el gusto del profesor. El caso es que te podía tocar cualquier tema de la asignatura. No existía tal como como un tema más probable o menos probable. Todos los temas de la asignatura eran equiprobables. La Ley de la Fatalidad (de Morphy) dictaba claramente que los temas que no estudiaras iban a estar en el billete que escogías al azar.

Pues bien, el estudiante se sentaba, resolvía (si podía) los ejercicios prácticos y escribía (para guiarse al «defenderlos») los temas teóricos. Cuando creías estar listo (o simplemente veías que nadie te podía «ayudar»), ibas con el profesor, le enseñabas tus ejercicios resueltos, si estaban bien, pues ya ibas en base a «3», si no los habías podido resolver era un «2» y se acabó. Si el profesor era muy magnánimo podía darte otros ejercicios, solo para demostrarte que igual no los podrías resolver.

Si habías resuelto los ejercicios prácticos, pasabas a explicarle al profesor (usando tus apuntes cuando te llamaba a su mesa) los temas teóricos. Los estudiantes se afanaban en copiar de los «chivos» (en ruso спаргалка, transliterado spargalka) es decir cualquier apunte o material no autorizado en un exámen. Inútil, los profesores los veían, por más «vivos» que se se creyeran, recuerden que el profesor no por gusto era mínimo PhD y había hecho eso mismo siendo estudiante miles de veces. Los exámenes solían durar varias horas hasta que habían pasado todos los estudiantes del grupo, había profesores viejitos que a la hora de almuerzo sacaban sus cosas y hacían un paréntesis para almorzar.

El antídoto del profesor contra las spargalkas podía ser hacer preguntas incisivas sobre ese mismo tema, que el estudiante que había copiado obviamente no podía contestar, o hacer preguntas adicionales (дополнительный en ruso) de cualquier otro tema. Según el conocimiento que el estudiante mostrara, aun habiendo copiado podía obtener un «3». Ya para obtener «4» o «5» había que mostrar dominio de la asignatura en otros temas o haber respondido brillante los temas que te tocaron.

Los soviéticos eran expertos en lo de las spargalkas. Las preparaban en muy diferentes modalidades. Había una muy popular entre los varones. Consistía en coserte un pañuelo en la parte interior (por supuesto) de la pechera del saco (solíamos andar siempre de saco, aunque no de corbata) y dentro colocar todos los temas separados en billetes y en un orden estricto. Se llamaba el sistema «raz» (раз, significa vez en ruso). El problema es que en ruso para contar uno no dice; uno, dos, tres, cuatro, sino que dice: vez, dos, tres, cuatro (раз, два, три, четыре…). Pues bien, mi compañero de cuarto y gran amigo Volodia, preparó su pañuelo y su spargalka. Cuando lo veo después del exámen, muy molesto le preguntó –¿qué pasó? Me dice –mira, no pude sacar la spargalka. El lío es que él era boxeador, de alto nivel, pero en una competencia se había lesionado el brazo derecho y tenía puesto un yeso. No le impedía escribir, pero sí meter la mano derecha dentro del saco y contar dentro del pañuelo a buscar el tema que le tocó, porque el pañuelo lo había cosido del lado izquierdo.

Había profesores que se atenían solamente a los temas que te habían tocado, pero generalmente para darte un «5» el profesor preguntaba a fondo de otros temas, especialmente de sus temas preferidos, o de aquellos más complicados. Yo tuve una profesora de Física (doctora de segundo nivel) que una vez que contesté impecablemente mis dos temas me preguntó –¿quieres 5? Sabes que vamos a barrerlo todo. Le repliqué –¿que tal si nos ahorramos tiempo y vamos a las Ecuaciones de Maxwell? (obviamente una bravuconada) Sí, el tema de la Electrodinámica era su favorito y además es un tema extraordinariamente complicado. Aún así estuvimos 45 minutos. Fue épico, ella trató de «pescarme» en los vericuetos de esas complicadas ecuaciones, pero quedó satisfecha, yo estaba preparado para un «5» sin resquicios… especialmente «me las había gastado» en lo de Maxwell.

Yo siempre usé como estrategia resolver rápido los ejercicios e ir de primero y «voluntariamente» (normalmente el profesor tenía que llamar a los estudiantes al «patíbulo» casi a la fuerza) a discutir mis temas teóricos sin haberme preparado, sin anotaciones, especulando de mi buena memoria. Delante del profesor iba escribiendo ecuaciones y todos los pormenores del tema en lo que iba a hablando, eso siempre impresionaba favorablemente. Y esa estrategia me salió muy bien. Saqué «5» en todos los exámenes, y sí, me lo sabía todo, o casi todo y tuve bastante suerte porque siempre hay temas en los que uno no logra prepararse para un «5» y otros en los que uno puede disertar. Los soviéticos de mi aula gustaban que yo entrara en el primer grupo, los profesores se ponían de muy buen humor conmigo.

Si el estudiante desaprobaba, es decir cogía un «2», podía ir a repetir el exámen tantas veces como al profesor le alcanzara la paciencia,siempre dentro de la sésiya. El que no lo lograba dentro de la sésiya, ya tenía que pedir permisos especiales en el decanato en el semestre siguiente. Las notas (definitivas, los «2», generalmente no se anotaban) se escribían en un librito de calificaciones que acompañaba al estudiante durante los cinco años (algo así como la libreta de abastecimientos, pero para 5 años).

La libreta de calificaciones era un documento que a los buenos estudiantes los beneficiaba. Me recuerdo que ya a la altura de finales de tercero o principios de cuarto tuvimos una asignatura, se llamaba Comunicaciones Alámbricas (Проводная связь). Tenía dos semestres. En el primer semestre se estudiaba todo lo de los postes, los cables, en fin, líneas de comunicaciones. Ese primer semestre no llevaba exámen, sino zachiot (зачёт, en ruso) que es una prueba cuya nota es aprobado o no aprobado, sí o no. No obstante, el Profesor Prokofiev, a quien le decían un nombrete de un Nazi alemán de la Segunda Guerra Mundial, para enfatizar lo malvado y riguroso que era, sí le ponía nota, que valía solo para él, en la libreta de calificaciones se escribía solo zachiot (es decir «pasó»).

En el primer semestre él me puso «4», yo había contestado impecable. Fui de nuevo, a repetir la prueba, lo hice impecable de nuevo y me puso «5», además me marcó como estudiante que no se conforma con menos de «5». En el segundo semestre sí tenía examen, cuya nota iba al expediente final. El examen fue muy largo, usé la misma estrategia, delante de él escribí una larga tabla de unas 5 o 6 columnas y unas 13 filas con las normas de atenuación de los cables, no obstante, no lo impresioné, me dijo –te faltan dos filas al final. Yo estaba consciente que me faltaban y se lo dije por lo claro –no me acuerdo, pasamos al otro tema, que igual, entre otras cosas era una tabla semejante, con las medidas para disminuir la atenuación. Escribí como 14 filas, consciente de que me faltaban tres. Me lo señaló, igual le dije –no recuerdo las tres últimas. Me dijo –OK, te faltaron cosas, contestaste para «4». Yo para dentro de mí, me dije –bueno, a prepararme para revalidar. Sin embargo, ocurrió lo que nadie podría esperar del nazi, el ogro me dijo –no obstante, tu pasado te salva (recordando lo del zachiot y tal vez mirando todos mis semestres anteriores impecables en la libretica) y me puso el «5».

En mi segundo examen del primer semestre de primer año yo había sacado un «4» en Historia del PCUS. Fue una nota injusta; pero Mijail Mijáilovich Lenitsev era anticubano y habíamos discutido por una expresión peyorativa sobre el Che Guevara. En el segundo semestre saqué «5», era la nota que importaba, la que iba a al expediente. No obstante, ese «4» en la libretica de calificaciones me molestaba, me picaba y a la altura de cuarto año fui al decanato y pedí revalidar esa nota. El decano, un tipo excelente me dijo –Orlando, esa calificación no va al expediente; yo no le dije nada, pero me miró y me dijo –OK, es un problema de honor, te deseo éxitos. Ya con un gran dominio del ruso me leí y con placer, todos los materiales originales en los discursos de Lenin y algunos otros materiales. Estuvimos como tres horas en este examen sui generis, Mijail Mijailovich vio que no me podía pescar en los materiales históricos, empezó a tantearme con cosas de política internacional, pero yo leía muchos periódicos en ruso, por placer. Finalmente me dijo –OK, no debí haberte puesto ese «4», eres un estudiante excepcional fue un placer discutir contigo, no tenías que haber repetido el examen, igual te habría puesto el «5» solo de ver tu trayectoria impecable. Me escribió en «5» en un renglón debajo y yo, con un lápiz rojo taché el renglón del «4». Nada, como dijo el decano: un asunto de honor, nunca me ha gustado dejar cuentas pendientes.

Total, en 42 años de trabajo, jamás nadie miró que yo había obtenido «5» de promedio. Si gusta puede leer otros escritos relacionados:

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