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Estudiando en la Unión Soviética: las nacionalidades

Probablemente a la mayoría de los cubanos que fuimos como becarios a la Unión Soviética nos pasó igual. En mi grupo había un muchacho con el que hice mucha afinidad al principio por las Matemáticas, su nombre es Anatoli Bakshiev. Conversábamos de muchas cosas y un día él me dijo que era hebreo (judío) y eso me dejó desconcertado ¿Acaso no eres soviético? —le pregunté. Me dijo —claro que sí, soy soviético y soy judío. Me explicó —soy ciudadano soviético y soy hebreo de nacionalidad y me enseñó su documento de identidad que los soviéticos llamaban pasaporte, en la quinta línea se leía hebreo. A su vez él también estaba perplejo al saber que el negrito Galano, los rubios de ojos azules Yoel y Santiago, la trigueña Dalia, el pelinegro crespo Pedro y yo, todos éramos simplemente cubanos. Fue mi primer encontronazo con el tema de las nacionalidades.

Aunque en el aula la mayoría eran rusos, me enteré que Zhora es armenio, Alik, azerbaidzhano y que ya mirando a los de los otros cinco grupos que conformábamos la especialidad de Automática, Telemecánica y Comunicaciones (las conferencias las recibíamos los seis grupos juntos), había ucranianos, kazajos, bielorrusos y un sinfín de nacionalidades más, y sorprendentemente para nosotros, todos ellos eran soviéticos. Me costó trabajo «digerir» aquello.

Universidad Patricio Lumumba en la Unión Soviética.

En Cuba, ciertamente, blancos, chinos, indios, jabaos, negros, mulatos, capirros … sin lugar a dudas todos somos y nos sentimos cubanos. Una sola ciudadanía y una sola nacionalidad.

Mis compañeros de aula, Dalia y Galano.

Yo siempre he sido muy observador y este tema me llamó la atención y me documenté (que para eso teníamos una biblioteca muy bien surtida). Me leí el trabajo de Lenin de donde saqué esta fase:V. I. Lenin, El derecho de las naciones a la autodeterminación (1914) y Notas críticas sobre el problema nacional (1913). Lenin no trató el tema a profundidad, se limitó a constatar que no tiene la misma connotación para los rusos, la nación históricamente opresora que para las otras etnias y naciones oprimidas por los rusos. El problema es bien complejo. No se resolvió en la era soviética y la mejor prueba de ello fue la disolución de la unión en 1991.

El que la etnia o nacionalidad de la persona estuviera recogida en su documento de identidad me pareció una paradoja contrastante con los principios enarbolados como base para la formación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en 1922, que en teoría constituía una unión libre y federal de repúblicas con igualdad de derechos. Habiendo conocido a unas cuantas personas de etnias no rusas, me llevé la impresión  que el sistema que etiquetaba (en el documento de identidad) en ocasiones, jerarquizaba a las etnias y podía conceder/denegar privilegios a las etnias no rusas.

Entre los estudiantes corría el el «chiste» de: ¿qué significa la Amistad de los Pueblos de la Unión Soviética? (solía haber murales, telas de un lado a otro de la calles y pancartas con esta frase). La respuesta era: «eso es cuando rusos, bielorrusos, ucranianos, kazajos, armenios, azerbaizhanos se juntan para patearle el fondillo a los judíos».

Cubanos, estudiantes de mi instituto, más jóvenes que yo.

Lo cierto es que a los hebreos nadie los quería. Los hebreos nunca eran obreros, eran artistas, profesores, científicos, trabajadores intelectuales y por regla general, nunca ocupaban cargos importantes. En la literatura universal, mis letrados lectores deben saberlo, los judíos suelen aparecer como avaros y manipuladores, no solo en la Unión Soviética. De hecho, después de la disolución de la unión, muchos, incluidos mi tutor y Tolik, y otros muchos conocidos, emigraron para Israel.

El de la izquierda es Zhora el armenio, el derecha es Tolik, el hebreo, en una playa en Israel (Zhora de visita). Los dos muy talentosos y excelentes personas.

Se los digo amables lectores, porque en total estuve en la Unión Soviética más de seis años: el problema de las nacionalidades es bien complicado. Lo que he aprendido en la vida es que lo importante no es de qué nacionalidad eres, sino si eres buena persona o no.

¿Qué importa la nacionalidad? Este es mi hermano Valodia y como hermanos nos tratamos hasta el sol de hoy.

Lenin argumentaba que el internacionalismo de la nación dominante no podía limitarse a la igualdad formal, sino que debía incluir una «desigualdad que compense» la opresión histórica, otorgando más derechos y un trato preferencial a las naciones antes oprimidas para construir una verdadera confianza entre los trabajadores; pero ciertamente, eso es muy difícil de conseguir en la práctica.

Fuente de la Amistad de los Pueblos en la VDNJ (Exposición Permanente de los Logros de la URSS, en Moscú)..

El problema sigue siendo actual, Rusia es un estado plurinacional, pero desde 1989 no visito el país, por tanto, no tengo referencias de cómo es ahora este tema. Otro día seguiré contando cosas sobre este maravilloso país en el que tuve la suerte de estudiar.

Mis queridos compañeros de aula, muchos años después.

Y no se deje engañar amable lector, de cualquier nacionalidad hay excelentes personas y de cualquier nacionalidad hay muy malas personas, sí, eso nos incluye a los cubanos. Todavía la Humanidad tiene mucho camino que recorrer.

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