
Los cubanos que íbamos a estudiar en la Unión Soviética veníamos a Cuba de vacaciones al terminar segundo año, al terminar cuarto año y al graduarnos en quinto año. Sin embargo, el plan de estudios,como en casi todas partes del mundo contemplaba vacaciones de invierno al terminar el primer semestre de cada año y al terminar cada año. De esta forma, pues algo había que hacer al terminar primer año y tercer año, en que permanecíamos en el país (me refiero a la Unión Soviética, claro).
Las vacaciones de invierno eran excursiones, es decir el Instituto se encargaba de sacarte el pasaje y te ponían un profesor-guía, al llegar al lugar ya te tenían dónde ibas a dormir, generalmente era en albergues de institutos parecidos a nuestros albergues. Todo estaba coordinado y la excursión duraba creo que una semana o menos. Ya en la ciudad tenías una planificación estricta de lugares de interés a visitar.

Yo recuerdo claramente mis vacaciones de invierno de primer año: Leningrado (hoy San Petersburgo). Esperaba un frío espantoso; pero no, las temperaturas en Leningrado estuvieron esa semana cercanas a cero grado (por debajo, claro). Recuerdo nítidamente algunas excursiones: el crucero Aurora, el Palacio de Invierno, el Hermitage y un carrusel de museos, incluido el del bloqueo que fue impactante.

Las de segundo año ni modo, no recuerdo si viajé a alguna parte.

En tercer año: Bakú, capital de Azerbaidzhan.No recuerdo los lugares, una ciudad con mucho viento, un viento incómodo, los albergues no tenían buena calefacción o simplemente no la tenían, no recuerdo.

En cuarto año: Riga,la capital de Letonia, una bella ciudad, mezcla de las culturas rusa y alemana que han caracterizado a esa república báltica. Recuerdo las iglesias, el segundo órgano más grande de Europa en la catedral, el monumento a la Libertad (volví en 1989 y me contaron otra historia: lo llamaban el monumento a la libertad…perdida, ya estaban a dos años de separarse de la Unión). Hacía frío, pero no excesivo. Una ciudad muy bonita.

Las vacaciones de verano eran diferentes, en el instituto te daban una «putiovka», un papel firmado y acuñado con tu nombre para el balneario en el Mar Negro que te tocara (recuerdo los nombres de Burevestnik, Adler y Sochi) y tenías que viajar hasta ese lugar por tus medios. Yo estuve en Burevestnik (que significa Albatros) al terminar el primer año (en el post sobre la Lengua Rusa conté de mi largo viaje en tren en solitario.

Al terminar tercer año volví a Burevestnik (pero creo que no era el mismo campamento, sino otro cercano y de igual nombre), esta vez con mi amigo Santiago Orosa. Sucede que lo preparamos todo; pero dejamos la «putiovka» arriba de la cama, y lo peor, nos dimos cuenta cuando ya llegamos al lugar. Tuvimos que ir en avión porque no conseguimos pasaje en tren, pero igual al llegar a la ciudad de Sochi, tuvimos que coger el tren para Burevestnik.

Espantoso, de la carpeta nos mandaron a ver al jefe de aquello. El hombre dijo -asunto simple, preguntaremos al instituto, si son ustedes, bien, si no, se van y estuvimos varias horas angustiados esperando la respuesta al «telex». Y claro, todo salió bien, solo el susto.

Las vacaciones de verano eran de 21 días (humm, no recuerdo bien, es lo que me parece). Por el día había playa, voleibol (vean la foto de arriba), ajedrez y un sinfín de atracciones más. Por las noches se hacían actividades y bailables. Allí no estábamos solo estudiantes, también trabajadores soviéticos que venían a vacacionar. La comida era tan saludable que no lográbamos engordar ni un gramo (Santiago y yo queríamos aumentar porque estábamos muy flacos), eso sí, convertíamos toda la grasa en músculo, estaba pensado para que los rusos gordos bajaran de peso.
Fue una etapa muy agradable.
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