
«Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles”. Bertolt Brecht
He tenido la oportunidad de trabajar con personas extraordinarias, este es uno de los casos. Marco Antonio Pérez Saavedra, graduado de ingeniero en Automática en la Universidad Central de Las Villas, comenzó a trabajar con nosotros a principios de septiembre de 1995. Casi tengo un problema con la justicia porque tenía solo 21 años y ya yo “lo explotaba» como ingeniero, algo así como explotación infantil. Suerte que el 17 de septiembre de ese año ya cumplió 22 años y yo «libré» de esa acusación. De todos los que han hecho aportes relevantes a la modernización de los radares cubanos, el de Marco es el más notable porque físicamente trabajó con nosotros solamente hasta el 2000, es decir 5 años; pero en ese corto intervalo, desarrolló y puso en práctica ideas que revolucionaron nuestro pensamiento colectivo, más allá incluso de mis muy fantasiosas y atrevidas previsiones. El desempeño de Marco en ese corto tiempo fue verdaderamente fenomenal y aquí les cuento por qué.
La cosa comenzó así. Arturo y Roberto habían viajado como «scouters» a la UCLV buscando alguien que se graduara ese año y que quisiera trabajar con nosotros pues necesitábamos con urgencia un programador y enseguida lo recomendaron a él, que era de Camagüey. Eso ocurrió en los meses finales del curso 1994-1995 cuando Marco andaba en los líos de su tesis. Él dijo que le interesaba y quedaron en que yo conversara con él cuando ya retornara graduado a Camagüey. En efecto, Arturo y Roberto me dieron la dirección, en el mismo reparto Puerto Príncipe donde yo vivía; pero me dieron mal el número de la casa. Tocaba yo en la casa de al lado preguntando por Marco Pérez, cuando su mamá Olga, que estaba en el portal de su casa, al lado de donde yo tocaba, me oyó y me gritó –Orlando, es aquí, ese es mi hijo. Fue como un mazazo en la cabeza para mí, del cual me costó unos segundos reponerme.

Marco su papá y Olga su mamá, eran ingenieros que trabajaban en la parte de automática de la industria azucarera y nos conocíamos de fórums, reuniones y congresos relacionados con la automática, éramos colegas, muy conocidos, ellos ligeramente más viejos que yo. Yo no me podía creer que el hijo de ellos, a quien yo, ayer como quien dice, veía pasar para la escuela primaria, fuera a trabajar conmigo. Sí, fue duro reconocer que ya yo era “un puro” que iba a trabajar con el hijo de unos amigos. La propuesta resultó retadora para él y confirmó su disposición a ir con nosotros, a pesar de mi coletilla de motivación: “allí en Meteorología no dan ná, es por puro amor al arte”. Me dijo –lo único que quiero es que no me retengan cuando yo decida irme, a lo que yo le dije, como he dicho a todos –Las puertas de LADETEC están abiertas para entrar y para salir. Y no, Marco nunca consiguió zafarse de nosotros y de los radares.

Yo siempre he pensado que una cultura general amplia ayuda mucho a un profesional de cualquier rama y Marco ya a sus 21 años había leído más libros que yo, que modestia aparte me consideraba un devorador de literatura. Por otra parte, en el aspecto técnico que nos interesaba, Marco era ya un programador experto cuando llegó a nosotros. Mientras estudiaba, él había estado trabajando en el Grupo «Merchise«, que dirigía el talentoso profesor Medardo Rodríguez en la UCVL, bajo cuya tutela Marco había hecho trabajos importantes; por ejemplo, había programado un juego de damas chinas que Microsoft había incluido en el repertorio de Windows 95.

No obstante, en su aporte para nuestro trabajo Marco fue mucho más que un programador, Marco se metía en TODO, trataba de entenderlo todo en los radares, y a nivel de “cajitas negras” (es decir sin sumergirse en la electrónica interna) logró entender muy bien que entraba y qué debía salir de cada bloque.

Para entender el “fenómeno Marco”, debo comentar sobre el contexto en que ocurrió. Llegó a nosotros en el momento que gestábamos la automatización completa de los radares meteorológicos cubanos y este fue un campo donde él pudo dar rienda suelta a toda su creatividad. En el año 1994 nosotros habíamos solicitado que nos dieran un radar MRL-5 nuevo, para montarlo en la Loma de la Mula en una versión completamente automatizada. Deseábamos dar paso a un radar sin la estructura de consola de operación que permitía el mando manual y simplificar la circuitería del radar. Se le llamó Proyecto MACHIETA y culminó en 1997 con el montaje y puesta en marcha del primer radar MRL-5 con mando solamente automático en el mundo (y se habían fabricado más de 300 de estos radares). Después del montaje, solíamos reunirnos en el radar a concebir el proyecto futuro.

A continuación, entre 1998 y 2000 se dio la oportunidad de extender este trabajo al radar de Pico San Juan, y para poderlo reproducir, tuvimos que pasar a una variante empleando tarjetas industriales. Esto nos dio la oportunidad de desarrollar y poner a punto un prototipo industrial. A este los llamamos Proyecto ELBRUS y culminó en septiembre de 2000, coincidiendo con la salida de Marco a estudiar una maestría en la Universidad McGill de Montreal. En este breve intervalo, el aporte de Marco fue colosal. Sin él, otra habría sido la historia de los radares meteorológicos en Cuba.

No me canso de explicarles a los jóvenes colegas que el éxito extraordinario del trabajo de Marco no se basó en que es muy inteligente (que lo es, debe tener un IQ bien alto, al menos es una de las personas más inteligentes con quien yo haya trabajado) sino en la cantidad de horas que trabajaba con alto rendimiento. En sus mejores momentos Marco promediaba más de 14 horas de trabajo al día. Se quedaba en el centro hasta tarde y se iba en bicicleta de noche, en una época en que los asaltos a las bicicletas no eran una rareza. Llegaba a su casa y seguía trabajando hasta altas horas. Al otro día volvía al trabajo entre las 9 y las 10 de la mañana, tan fresco como una lechuga, véanlo ustedes mismos en la foto (y lea de cómo se fue a las manos con un «peso» gallo).

No solo trabajaba muchas horas, sino que trabajaba con gran intensidad y altísima productividad. Tanta era su concentración que la gente le hablaba y él, imperturbable, ni siquiera oía a los ilusos que intentaban abordarlo en lo que se hacía bucles en el pelo con los dedos ¿Era uno de los Illuminati de Baviera o estaba en Babia? Nadie sabe a ciencia cierta, pero dicen mis compañeros que hubo indicios de sus rituales secretos y pactos con el diablo para tener mejor rendimiento.

En el Laboratorio de Desarrollo Técnico siempre hemos tenido la costumbre de discutir las cosas técnicas sobre basamentos científicos y hacer prevalecer la razón técnica; pero siempre de una forma equilibrada, sosegada y educada y Marco era un ejemplo en eso; quiero decir en lo de no querer perder ni «a las escupías». Si lo sabré yo que he tenido discusiones con él de muchos días seguidos y creo que todavía tenemos temas pendientes, de esos que pasan los años y cada uno acumula y guarda en mente nuevos argumentos para la próxima vez que discutamos. Cada una de las 7 veces que he ido a Montreal «derretimos» las madrugadas en discusiones sin fin.

El trabajo que hizo Marco tiene mucho de común con el salto largo de 8.90 m de Bob Beamon en México 1968 y con el salto de altura de 2.45 m de Javier Sotomayor en Salamanca en 1993, porque todo lo que programó entre 1995 y 2000 aún está vigente en la red de radares y escribo esto en septiembre de 2023 que Marco ya cumple 50 y si lo sigo aplazando, terminaré escribiendo de cómo entró al asilo. Para no aburrir a mis lectores, los logros profesionales de Marco puedo resumirlos en tres líneas fundamentales: 1) el formato de las observaciones de radar, 2) el sistema de adquisición de los datos y control del radar y 3) el sistema de procesamiento de la información de radar…casi nada.

Comencemos por el formato de los datos de las observaciones. Marco creó un sistema genial que permitía grabar el dato de radar en múltiples microformatos, cada uno con la resolución angular, tamaño y cantidad de celdas, que uno quisiera adquirir en cada uno. También se podía seleccionar si grababas los datos de una longitud de onda o de la otra o de los dos simultáneos (banda S o X porque el MRL-5 es un radar de doble longitud de onda simultánea). A este tipo de archivos lo llamamos OBS (porque los archivos se guardan con extensión *.obs. Muchos años después, en el 2012, cuando desarrollamos el radar Doppler, esta facilidad nos permitió guardar los datos de velocidad y ancho espectral como microformatos adicionales s los de Reflectividad, sin variar la estructura de los archivos OBS. Además de lo anterior, el formato OBS tiene una gran ventaja por lo compactado del dato. Gracias a eso, cuando se logró la conectividad en cada radar, con redes muy lentas (32 kbit/s), los archivos pudieron circular, 10 años después de que Marco los concibiera sin tener conexión a Internet. Mis respetos y agradecimiento, eso es previsión. Este es el formato de datos que usamos actualmente para trasegar la información de los 8 radares.

Con respecto al control de cada parte del radar y la operación del mismo, así como la adquisición digitalizada de la información (video a la salida del receptor), Marco lo concibió en un solo software. Para la maqueta esta aplicación se llamó VESTA|Capture, escrita como aplicación de escritorio para Windows 95. El plato fuerte, y probablemente lo más complejo de todo lo que hizo Marco fue el driver virtual (VxD) es decir el software de bajo nivel que permitía enlazar nuestras tarjetas artesanales (eran 9) con el interfaz gráfico de Windows 95. Ese VxD estuvo escrito en ensamblador y era tremendamente complejo, porque dentro de él se ejecutaban todas las órdenes para encender y apagar los bloques del radar, se efectuaban los chequeos de todas las señales de estatus digitales, se leían las señales de control analógicas por medio de conversores A/D diseñados por nosotros, se leían las señales digitalizadas de video de los dos receptores (banda S y X) a alta velocidad (2 millones de muestras de 8 bit por segundo), y lo más complejo, se ejecutaban los lazos de posición, velocidad y aceleración para el mando de los motores de antena en los dos ejes (acimut y elevación) para lo cual se leía la posición de la antena por medio de transductores (codificadores) digitales de la posición de la antena en los dos ejes, y claro, se ejecutaban las rutinas automáticas completas para la ejecución de observaciones completas de la atmósfera.

Colosal, una verdadera joya de programación. Tan largo y complejo era este driver que llegó a un punto en que algo no le funcionaba. Marco me pidió «explicármelo» paso a paso para ver si se hacía la luz. Lo hicimos. En un punto, aclaro que yo no entendía ni jota, le pregunté (algo instintivo) –¿y por qué? Meditó para responderme y me dijo –aquí está el problema, es decir, él solo se dio cuenta al explicarme. Hoy en día nadie se atreve a tanto en ensamblador. El caso es que todo eso cumplió su cometido y se mantuvo funcionando durante 8 años hasta que modernizamos el radar en el año 2005 con tarjetas industriales y nos sorprendió Dennis en esa faena. Era solo una “prueba de concepto”.

Para el prototipo industrial Marco diseñó un software servidor/cliente escrito para Windows NT. El servidor VESTA|RDA_Server, cumplía las funciones que hacía el VxD, pero enlazándose con los drivers de las tarjetas industriales que compramos. Los clientes, VESTA|RDA_client, mantenían la misma estructura gráfica del VESTA|Capture; pero podían correrse múltiples clientes incluso en máquinas remotas que estuvieran conectadas en red. Marco hizo una hombrada: programó VESTA|RDA (servidor y clientes) “en seco”, sin ningún tipo de conectividad y sin tener las tarjetas que habríamos de usar, solamente guiándose por la información de catálogo del fabricante, sin los drivers de las tarjetas y fuimos para el radar de Pico San Juan y allí fue que llegaron las tarjetas y allí fue que puso a punto todo sobre la marcha, cuando a la vez cableábamos y modificábamos el radar. La máquina del radar no tenía conexión en red con nadie.

Nosotros de día, 12 horas, Marco de noche y madrugada las otras 12 horas. Era nuestro espíritu espartano en funciones por segunda vez. Cuan largo fue el salto de Marco solo se puede entender por lo siguiente: Marco se fue en septiembre del 2000, ya en el 2006, con todos los radares automatizados, yo, desde mi casa, con un módem de 14440 baudios, corría los clientes de cada uno de los VESTA|RDA_server de los 7 radares y podía manipular la operación de cada radar y chequear sus parámetros (el osciloscopio virtual de los videos digitalizados era mi juguete favorito).

He dejado para el final mi super favorito: el software de procesamiento y visualización de la información de radar, al que Marco llamó VESTA|Process. Si hablamos de previsión y visión de largo alcance, debemos recordar que esta fue la primera aplicación que hizo Marco, en 1996, cuando aún ni siquiera estaba automatizado el radar de Camagüey en la maqueta de 1997. VESTA|Process es el generador de productos que se alimenta con el dato primario y ejecuta el procesamiento secundario de la información del radar y su visualización en pantalla en tiempo real. VESTA!Process fue escrito para Windows 95, como aplicación de escritorio y aún subsiste y corre en Windows 10 y es usado en todo el sistema meteorológico cubano, no solo en los radares, sino también en los grupos de pronóstico provinciales y nacional. También se ha usado en otros países. He tenido la oportunidad de trabajar con diversas aplicaciones semejantes en otros radares del mundo y VESTA|Process sigue siendo mi favorito. Dondequiera que he ido a impartir cursos de explotación del radar en otros países, hago las demostraciones convincentes de por qué es superior a los sistemas de otros fabricantes que se usan en esos radares. En el año 2007 los especialistas rusos volvieron a continuar los experimentos de lluvia provocada, truncos en 1991. El Dr. Boris Koloskóv, asesor de la parte de radar, recibió una sorpresa muy grata al conocer al VETSA|Process, era como ver materializadas sus más secretas aspiraciones en cuanto a procesamiento interactivo de la información de radar…se llevó una copia.

No puedo dejar de mencionar la tesis de maestría de Marco que desarrolló en la Universidad McGill bajo la supervisión de una de las personalidades cimeras de la Meteorología de Radar del mundo, el Profesor Isztar Zawazki, desaparecido físicamente este año 2023. Yo quería que la tesis versara sobre la doble longitud de onda, para potenciar el uso de nuestro radar MRL-5M (de banda S y X simultáneas). Zawadzki quería más bien que fuera sobre temas de polarimetría. Finalmente, Marco impuso nuestro tema y logró un resultado notable, que echó por tierra conceptos sólidamente afianzados en la comunidad, enunciados muchos años antes, nada más y nada menos que por el ilustre David Atlas (lea aquí el artículo). Hasta de la NASA se interesaron por el tema del satélite con doble longitud de onda. Que no se haya continuado trabajando en esta línea en Cuba es una de mis grandes insatisfacciones profesionales. El tema aún continúa siendo promisorio y el radar RD-200SX de Camagüey aún mantiene la capacidad de doble longitud de onda, forma parte de nuestro legado.

Pues sí, amables lectores, con personas como Marco, pues verdaderamente me fue muy fácil llevar a nuestro colectivo a estar entre los 10 primeros del mundo. Marco ha estado todo el tiempo con nosotros. Con él he discutido los problemas principales de radar y de software y me he beneficiado de su exuberante fantasía tecnológica y sus consejos de software. Nos ha ayudado de todas las formas posibles, con las publicaciones, con el pago de eventos, con la búsqueda de información cerrada para Cuba, con su hospitalidad, ha comprado libros y componentes que nos han hecho falta. En el 2015 íbamos a desarrollar un proyecto de ensamblaje de un radar con una empresa canadiense, donde él tendría participación; pero no se materializó. Para el nuevo LADETEC hemos convocado a coparticipar a todos los que trabajaron con nosotros de forma creativa: Albio, Yasser, Alexey, Darío, Luisi, y por supuesto, Marco.

Desde la primera vez que fuimos juntos a Montreal en 1999, para presentarnos en la 29na Conferencia de Meteorología de Radar, Marco y yo tuvimos discusiones logísticas y dietéticas y este último es un tema que quiera uno o no, el cubano no puede eludir, así pues, dado nuestro carácter de discutir por cualquier cosa, pues también teníamos que hablar de carnevaca y helado de chocolate, sobre todo mi discusión se basa en que eso no esté ausente en su casa por los días que yo voy a caer por ahí, yo muy bien que le he explicado a él que lo del congrí es para ellos, que se ponen nostálgicos; pero que lo que es a mí no tienen que entretenerme con nada que no sea el tema principal ya mencionado.

Y los dejo con unas fotos que muestran todo el progreso que significó la introducción del VESTA|Process como herramienta de análisis de la información de radar…saque usted sus propias conclusiones sobre el aporte de Marco.




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