Radares Mirando al Sur

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Refutando la manipuladora falacia Ad Populum

La falacia ad populum, o del «argumento de la mayoría», es uno de los trucos retóricos más viejos y más efectivos que existen. Básicamente, consiste en defender que una idea es cierta solo porque mucha gente la cree. «Si todo el mundo piensa que X, entonces X debe ser verdad».

¿Y qué tiene que ver eso conmigo? Pues mucho. Desde que empecé a escribir en este blog, me he encontrado con esta falacia una y otra vez. No solo en política o en redes sociales, sino también en mi propio campo, el de la tecnología y los radares. Recuerdo perfectamente cuando en una discusión técnica sobre un nuevo sistema de procesamiento de señales, alguien soltó: «Pero si todos los fabricantes internacionales usan celdas de 1 km x 1 grado, ¿quién eres tú para cuestionarlo?». Esa es la trampa. Se apela a la mayoría para cerrar el debate, no para abrirlo.

En todos mis años de trabajo he conocido a algunos jefecillos, personas de indudable talento y gran preparación, que lo usan para manipular a su antojo a sus subordinados imponiendo algo que es de su beneficio personal, pero no del beneficio de la mayoría. Esgrimen esta falacia, generalmente, en contextos donde no hay pares que la puedan refutar, sino más bien una masa inerme que acepta como bueno cualquier argumento.

¿Qué es exactamente la falacia ad populum?

El término viene del latín y significa literalmente «hacia el pueblo». En lógica, describe el error de razonamiento que consiste en afirmar que la popularidad de una idea es una prueba de su veracidad.

  • A defiende la proposición X.
  • La mayoría de la gente cree que X es verdadera.
  • Por tanto —concluye A—, X es verdadera.

El problema, como se ve a simple vista, es que la verdad de X no tiene nada que ver con el número de personas que la sostienen. Si el argumento X es sólido, lo es por sí mismo, no porque lo repitan mil voces. Si es frágil, no se refuerza por mucho que lo grite una multitud.

La historia está llena de mayorías equivocadas

Durante siglos, la inmensa mayoría de la humanidad creyó que la Tierra era plana o que el Sol giraba alrededor de nuestro planeta. Y no me digan que eso era «en la antigüedad», porque hasta no hace tanto, la comunidad científica estaba convencida de que el éter era el medio por el que viajaba la luz. La mayoría se equivocó. Y la mayoría se equivoca a menudo.

En el debate cubano, por ejemplo, es moneda corriente escuchar: «Todo el mundo sabe que el gobierno es el reponsable de todos nuestros problemas actuales —obviando el asfixiante bloqueo» o «La gente en la calle dice que el problema es tal». Se usa la supuesta opinión general como un argumento de autoridad, cuando en realidad es una forma de eludir la responsabilidad de presentar datos, cifras o análisis concretos. Es un recurso muy efectivo para desviar la atención del verdadero meollo del asunto.

Pero a veces no es ni siquiera que se refiere a una mayoría real, sino a una burda manipulación, partiendo de un supuesto análisis sin citar referencias ni aportar datos: «los programadores buenos escriben en lenguaje C», «el socialismo es la causa del empobrecimiento de la gente«, «en una veintena de países analizados, organizan el servicio técnico contratando a terceros«, «lo mejor es comprar radares hechos y no ponerse a inventar«, «en todos los países desarrollados la gente vive en condiciones decentes», «es una práctica común en todo el mundo que las personas tomen dos litros de agua al día», «en cualquier país del mundo —este es especialmente usado por los cubanos para denigrar cualquier tema de cómo se hace en Cuba— las personas tienen garantizado ,,,».

La Inteligencia Artificial viene a facilitar a estos personajes. Le puedes pedir que te argumente a favor de un tema o en contra, o ambas cosas y en cualquier caso te va a facilitar un bello y tendencioso informe que apoye tus puntos de vista. Todo depende de cuán diestro y honesto seas escribiendo los prompts.

Tipos comunes de ad populum

No siempre se presenta de la misma forma. Estas son algunas de sus variantes más habituales:

  1. La apelación a la tradición: «Siempre se ha hecho así, así que debe ser lo correcto». Es la versión vintage de la falacia. Lo antiguo no es bueno por antiguo, ni lo nuevo es malo por nuevo.
  2. La apelación a la moda o al «efecto arrastre»: «Este producto es el más vendido, así que debe ser el mejor». Es el motor de gran parte de la publicidad moderna. La popularidad de un producto no dice nada sobre su calidad intrínseca.
  3. La apelación al «sentido común»: «Cualquier persona sensata sabe que esto es así». Se usa para cerrar el debate apelando a un supuesto consenso universal que, en realidad, no existe.
  4. La apelación a «en todos los países se hace así» o «los europeos usan esta método organizativo», es decir, aludiendo a una burda y falaz generalización.

¿Por qué es tan efectiva (y tan dañina)?

La falacia ad populum funciona porque apela a nuestras emociones y a nuestro miedo a quedar aislados. El ser humano es un animal social; nos duele ir contracorriente. Por eso, cuando alguien nos dice que «todos piensan X», nuestro cerebro se activa en modo alerta: «Si no pienso como todos, quizá soy yo el que está equivocado». Eso es precisamente lo que explota este truco retórico.

Pero conviene hacer una precisión: no toda apelación a la mayoría es falaz. En una democracia, la opinión de la mayoría es relevante para tomar decisiones políticas. En una investigación de mercado, saber qué prefiere la mayoría es un dato valioso. La falacia solo se da cuando la popularidad se usa como prueba de verdad y no como un simple dato contextual.

Cómo refutar un ataque ad populum

Recibir un argumento de este tipo puede ser frustrante, pero también es una oportunidad para demostrar solidez argumentativa. Estas son algunas estrategias prácticas que he aprendido en mis años de debates técnicos:

  1. Señala la falacia con calma: Lo primero es identificar el truco y nombrarlo sin acalorarse. Algo como: «Me estás diciendo que X es cierto porque mucha gente lo cree. Eso no es un argumento, es una descripción de lo que la gente piensa. ¿Puedes defender X con datos?». Al ponerle nombre, desnudas el truco.
  2. Redirige el foco al argumento: No dejes que se vayan por la tangente. En lugar de discutir cuánta gente piensa X, vuelve una y otra vez al fondo de la cuestión: «La popularidad de esa idea es irrelevante para este debate. Hablemos de los hechos: ¿dónde están las pruebas que la respaldan?».
  3. Recurre a la historia: Un recurso eficaz es recordar ideas populares que resultaron falsas. Pregunta: «¿Crees que todo lo que la mayoría ha creído a lo largo de la historia era cierto?». Eso suele poner en evidencia la debilidad del razonamiento.
  4. Aplica el principio de la «nota al pie»: Si el ataque es público —en un comentario o en redes— puedes responder con brevedad y elegancia, y dejar constancia de que el otro ha optado por la apelación a la mayoría en lugar del debate. Eso, a los ojos de los lectores, te da la razón.
  5. No caigas en la trampa de la reciprocidad: Lo peor que se puede hacer ante un ad populum es responder con otro ad populum (por ejemplo: «Pues yo conozco a mucha gente que piensa lo contrario», «yo hevisitado numerosos países y eso no es así»). Eso legitima la falacia y convierte el debate en un concurso de popularidad. Mantén la calma y la altura.

Conclusión

La falacia ad populum es un recurso viejo —ya la conocían los sofistas en la Antigua Grecia— pero sigue siendo uno de los trucos retóricos más utilizados para eludir el debate de fondo. Es cómoda, porque exime a quien la usa de presentar pruebas, pero también es una señal de debilidad: quien recurre a ella está admitiendo, tácitamente, que no puede defender su idea con razones.

La mejor refutación, por tanto, no es enzarzarse en una discusión sobre cuánta gente piensa qué, sino mantener el foco en el contenido, exigir datos y no perder de vista lo que realmente importa: la solidez de las ideas. Como decía el filósofo, no importa cuántos la griten, la verdad no se decide por aclamación.

Por eso, cuando alguien intente convencerte basándose en que «todo el mundo lo dice», recuerda: dato mata relato, como dice mi amigo Fidelista Por Siempre.

Comentarios

Una respuesta a «Refutando la manipuladora falacia Ad Populum»

  1. Avatar de Moises Luciano
    Moises Luciano

    Excelente análisis de este asunto tan a la moda.

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