
Estimados lectores, seguramente ya ustedes han leído alguna de las tantas crónicas que he contado sobre nuestro viaje a Inglaterra en el verano del 2008; pero aun no les he dicho que las cosas habían comenzado antes de despegar del aeropuerto José Martí 3 de Rancho Boyeros. Pues sí, cuando fuimos a chequear los pasajes, el anuncio se demoraba y se demoraba hasta que por fin, dijeron lo que ya nosotros, que somos muy sagaces, nos habíamos dado cuenta: el vuelo estaba demorado. Nosotros viajábamos a Inglaterra auspiciados por las facilidades que el General Rogelio Acevedo, a sazón Presidente del IACC y de CACSA, había propiciado para poder llevar a feliz término, en el más breve plazo posible, la encomienda del Comandante en Jefe de fabricar un prototipo de Radar Meteorológico Cubano (Doppler) y luego reproducirlo en el resto de los radares cubanos. Para estos fines, Met Office, la sede del servicio meteorológico del Reino Unido, había sido contratada para facilitarnos una transferencia tecnológica de su procesador Doppler llamado Cyclops-D.

Antes de seguir debo aclarar que por esa misma época en que recibimos la encomienda de fabricar el Radar Doppler Cubano, se comenzó en el norte del oriente cubano un Programa de Lluvias Provocadas. Este programa fue encargado al General Acevedo para desarrollar toda la logística que implicaba el uso de aviones y aeropuertos y otras muchas actividades tecnológicas. En el momento que narro, al frente del programa se encontraba el experimentado Héctor Argilés y su mano derecha era la bella, elegante, gentil y muy diligente Liudmila Valle, que estaba con nosotros, encargada de facilitarnos todo para volar ese día.

Pero bueno, retornemos al salón de espera de los viajeros en José Martí 3. En vista de que lo de nuestro vuelo al parecer demoraba, Liudmila nos propuso ir a una cafetería que se encuentra enfrente del edificio principal del José Martí 3, para que no fuéramos a morir de inanición antes de llegar a Inglaterra –nos explicó la nunca bien ponderada Liudmila. Desde allí –nos explicó ella –oímos perfectamente cuando anuncien el vuelo. Efectivamente, llegamos y comprobamos que la acústica de lo que se decía en el salón principal era perfecta, oíamos todos los anuncios de otros vuelos.

Hete aquí que bueno, se nos ocurrió «bajar» la merienda con cervezas Cristal bien frías, total, el vuelo demoraba y con eso «bajábamos» la pena de la espera. Yo, que mis lectores saben que soy muy observador, noté que después de la segunda cerveza y 32 cuentos de Ichi, la acústica del local había empeorado; pero no dije nada por pena (con los de la cafetería que no sé qué controles de audio habrían tocado). Pasó el tiempo y pasó un águila…(no, eso me parece conocido de otro lado, no es de este cuento). El caso es que continuamos deteriorando la acústica con otros cervecillas, nada, para fortalecer el espíritu ante un vuelo trasatlántico de 9 horas.

Al largo rato, ya preocupada de tanto reírse de las anécdotas que Ichi contaba, Liudmila dijo –caramba, voy a ver que hace rato que no oigo nada. Ella fue a ver y nosotros decidimos estropear un poco más la acústica del local con otra ronda de cervezas, total, seguro que los de la cafetería habían apagado totalmente los sonidos que provenían del edificio principal. Ya a esas alturas nos daba lo mismo que los ingleses vinieran a tomar La Habana como nosotros ir a tomar Inglaterra. En eso aparece Liudmila, trasmutada en una especie de Usain Bolt en zapatos de tacones y nos dice –a correr, ya montaron, el representante me está aguantando el vuelo.

Yo que he leído muchos libros de Julio Verne me imaginé al pobre representante halando una gruesa cuerda que le impedía al avión despegar en puro forcejeo contra los motores ya encendidos y levantando presión. Siendo solidario con el tipo, les dije –muchachos, reloj, billeteras y cinto en la mano, laptop al descubierto para que anoten el número y a pasar por el arco magnético hechos una exhalación.

Entramos corriendo a todo lo que nos daban nuestras piernas reblandecidas, igual que la acústica de la cafetería; pero oh, veleidades del destino, allí estaba parado el representante (que no estaba halando ninguna cuerda gruesa ni ná, que semejante pendejada nada más se me podía ocurrir a mí, claro, ayudado por las Cristal) y Liudmila lo engatusaba porque el tipo estaba que echaba humo por la orejas. Ah, pero Arturito no se puedo aguantar y tuvo que enredarse con el tipo a reclamarle que no habían avisado que como se le podía ocurrir semejante comedera-de-mi3rd@ que si el tipo no había cumplido con los suyo…

El representante, que no sé de donde sacó tanta ecuanimidad le dijo –sí compadre, llamé a los 236 pasajeros que están sentados en el avión, por telepatía; pero ustedes tenían apagados los receptores de telepatía (y yo sacando conclusiones que la cerveza Cristal anula la telepatía). Dígame usted quién es el comemi3rda si ustedes o yo. La discusión no siguió porque yo venía detrás y le di un empujón a Arturito que fue a parar directo al arco magnético y por poco lo atraviesa por telepatía. A esa hora Liudmila –dejen las laptops, se las mando en el próximo vuelo, y yo –ni locos, que nosotros llegamos a Londres y de ahí por tren para Exeter. Nadie podrá experimentar como nosotros ese día la mala leche de los otros 236 pasajeros que llevaban rato sentados esperando por cinco comemi3rd@s que no oyeron las numerosas llamadas a chequear. Nada, cosillas que presagiaban un viaje entretenido.

Tranquilos amables lectores, fuimos, vinimos y fabricamos el prototipo de Radar Meteorológico Cubano (Doppler), y diseñamos nuestro propio procesador Doppler, que en honor al de los ingleses llamamos VESTA|Cíclope y además, fabricamos dos ejemplares seriados más del Radar Meteorológico Cubano.

Pero si mi amable lector no se ha saturado con este cuento, puede leer más, mucho más en los siguientes posts:

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