«Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles». (Bertolt Brecht)

He tenido el privilegio de trabajar con personas extraordinarias. Este es uno de los casos, Leonardo, a quién le dicen Ichi (por su parecido con aquel esgrimista ciego de las películas japonesas de los años 60), es…
Graduado de Ingeniero en Radiolocalización y Radionavegación y Máster en Ciencias Técnicas en el muy prestigioso Instituto de Aviación de Kiev (según lo acredita su Título validado en muchos países), Leonardo empezó con nosotros en 1991. Leonardo es oriundo de Guáimaro, pero no del mismo Guáimaro, sino de Palo Seco, bueno, no del mismo Palo Seco, sino de Galvis, un pequeño pueblito cerca de Palo Seco, pero tampoco de Galvis, sino de La Salvadera, que es, vaya, un caserío cercano a Galvis, pero bueno, tampoco de La Salvadera en sí misma, sino de “las afueras” de La Salvadera, en fin,…abreviemos, Leonardo es “del campo”. Hoy en día, es uno de los ingenieros integradores de radar más completos del mundo. Leonardo es un hombre de teoría y de práctica.

Todos sus hermanos y demás familiares son monteros y trabajan en el campo, a Leonardo lo mandaron a becarse para Los Camilitos, y de allí al Instituto de Aviación de Kiev y de allí vino con nosotros, así de corta es su trayectoria. De no ser por esta facilidad educativa que hace tan grande a nuestra Revolución, Leonardo hubiese dedicado su formidable intelecto a criar ganado, y no es que yo piense que para criar ganado no hacen falta hombres inteligentes y trabajadores, sino que Leonardo tiene un talento singular para la técnica, en especial para la electrónica y los radares.

Leonardo, como ingeniero “en comunicaciones”, había sido asignado para la Oficina de Correos de Guáimaro y vino aquí muy decidido a quedarse con nosotros, tal parece que la idea de repartir cartas no iba con su carácter. Le pregunté si tenía dónde quedarse en Camagüey, y me dijo:–no te preocupes, me quedaré por ahí, por cualquier rincón y viajaré los fines de semana– Y así fue, durante 9 largos años durmió sobre una mesa de lunes a viernes, hasta que construyó su casa.

Leonardo transitó rápido por todos los equipos nuestros: radar de sondeo aerológico, radar láser, radares soviéticos MRL-5, radares japoneses RC-32B, y en todas las cosas fue dejando una estela de cosas bien hechas y un sello de garantía de ir haciendo que las cosas que va tocando cada día funcionen mejor, y sobre todo por la rapidez conque las hace. Leonardo fue construyendo sus estándares de calidad hasta llegar a la excelencia en el servicio técnico a los radares meteorológicos, en Cuba y fuera de Cuba. Está reconocido entre los mejores de su especialidad en el mundo y certificado por dos grandes fabricantes para dar servicio técnico a sus radares.

En 1993 impartí un Estudio de Postgrado (un curso de posgrado para cada uno de los sistemas) para varios ingenieros nuevos que trabajaban en mi grupo. Por diversas causas de enfermedad, Leonardo no pudo asistir mucho (cuando eso aún vivía en Galvis y viajaba semanal). En las evaluaciones fui muy riguroso, les hacía exámenes prácticos introduciéndoles averías, conocidas por mí, en el radar y obligándolos a encontrarlas. Leonardo, sin apenas conocer los circuitos como sí lo conocían los otros, encontraba las averías de forma intuitiva, es como si un “olfato” especial lo guiara, y con una gran economía de mediciones enseguida encontraba el problema. Su razonamiento lógico es inobjetable. Estas cualidades muy pronto lo llevarían a ser el ingeniero principal de radiolocalización de todo el país.

A estas cualidades de ingeniero excepcional Leonardo une otras de persona muy sencilla. Casi recién llegado tuvimos que ir a trabajar en el “autoconsumo” que tenía el CITMA en la Loma de la Mula. En los alrededores del radar todo fue en un tiempo antes del desbroce, marabú. Allí había unos platanales sembrados por nosotros, los trabajadores del CITMA. Era prácticamente imposible guataquear un surco de aquellos sin tropezarte con una espina de marabú de las que te perforan la suela de las botas. En su primera vez, Leonardo se quitó los zapatos y los dejó en la guardarraya, desoyendo los consejos de todos. Todo el mundo se quedó esperando verlo salir con los pies ensangrentados, pero en vano, salió muy campante después del surco de ida y de vuelta, y dijo:- ¡estás loco!, si no me quito los zapatos se me estropea el único par que tengo. A partir de ese momento me lo pedían para cualquier trabajo rudo. No sé si por genética o por su preparación militar, Leonardo posee una resistencia extraordinaria para los trabajos pesados y la ha demostrado dentro y fuera de Cuba en los trabajos ejecutados en las más complicadas y difíciles condiciones.

Unos años después, los venezolanos pagaron la certificación en fábrica de Leonardo, Arturo y Roberto, pues paradójicamente, no nos permitían efectuar reparaciones (humm, ¿después de haberlo montado nosotros?) hasta quye hubiesen sido certificados por la fábrica. Durante el curso, en la parte de receptores, el Profesor dijo en las clases (participaban además de los tres nuestros, venezolanos y españoles): en nuestros radares empleamos receptores de «tal tipo» (para no entrar en detalles técnicos), ¿alguien imagina por qué? Leonardo, en un inglés que avergonzaría a Shakesperare, pero empleando una matemática que enorgullecería al mismísimo Euler, le explicó ventajas e incluso desventajas del método. El Profesor, impactado, le hizo un ofrecimiento insólito (nunca antes hecho a un no-alemán): –me voy a retirar, te ofrezco el puesto de Jefe del Departamento de Diseño de Receptores (con una salario de 5 cifras). Leonardo, nuevamente en su inglés de Galvis, le dijo, no gracias. El Profesor pensó que no entendía y buscó una traductora. Leonardo le repitió en español (de Galvis) que no, que no estaba interesado, que le gusta trabajar y vivir en Cuba. No nos habríamos enterado si no fuera porque los colegas españoles y venezolanos me hicieron el cuento.

Leonardo-Ichi ha brindado su colaboración en varios países, siempre en materia de radar, desde América Latina hasta las antípodas, su límite es el cielo.

Cuando el huracán Irma se aprestaba a destruirnos, el radar de Gran Piedra estaba sin la UPS principal, acabábamos de comprar un lote y hacer llegar la UPS a este radar era un reto mayor. Habíamos analizado con las autoridades de Santiago de Cuba las opciones y ninguna parecía viable, pero ya teníamos el huracán arriba. En helicóptero no se podía por el fuerte viento. Subirla con grandes camiones todoterreno era inviable, por el mal estado del camino y por la abundante lluvia. Se evaluó subir con burros; pero no apareció la opción. Así las cosas Leonardo «me pidió la bola». No hay otra opciones, la subiré «a lomo de hombres» y me toca ir a hacer eso–me dijo como para que ni se me ocurriera otra opción (yo me aprestaba a ir yo mismo, porque Leonardo llevaba 15 días de reposo por un problema serio en la cervical). Celso andaba para Montreal, Maritza, la presidenta de la AMA me autorizó con el compromiso de que lo haríamos con mucho cuidado y que nadie corriera riesgos.

No había modo de cumplir ese compromiso, el trabajo era riesgoso para el equipo y peligroso para las personas. Leonardo, André, Yuniel y un grupo de bravos santiagueros subieron el equipo por el terreno arcilloso que normalmente (en seca y buen tiempo) se te desmorona al caminar.

Subieron con pesados fardos de una UPS de +100 kg, desmenuzada en no muy pequeñas piezas, bajo lluvia intensa y vientos ya huracanados. La UPS estuvo armada y lista y el radar en parámetros nominales para enfrentar el huracán. Una proeza singular dirigida y ejecutada por Leonardo.

Leonardo tiene tres pasiones: los radares, la pelota y la construcción. Él se siente tan feliz levantando una pared como arreglando un equipo complicado, y su pasión es ver y oír un juego de pelota. Sí, no me equivoqué, no es una bobería lo que dije, el necesita ver el juego (ya sea por el TV o en vivo), y además oír los comentarios por la radio.

Si pudiese además grabar todo eso para repetirlo después, bueno, ya eso sería el Paraíso. Conste que Leonardo, al igual que yo, le va al equipo de Camagüey gane o pierda. Estimados lectores, con monstruos como este…cualquiera es un buen jefe.

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