Radares Mirando al Sur

Fundamentos, Tecnologías, Aplicaciones, Historia y Memoria

Orientación Vocacional

Muchacho, estás más confundido que una pluma en un remolino de viento…

Debo confesar que yo llegué al último año del Preuniversitario (en mi caso el grado 13º) sin tener una idea clara con respecto a la carrera que yo habría de estudiar, algo así como que estaba “más confundido que una pluma en un remolino de viento”, como dice el Gallo Claudio al Pollito Sabihondo. Cero de orientación vocacional. Mi amigo Manuel Adolfo Guerrero Fernández tenía un folletín en el que se explicaba muy someramente a qué se dedicaba un ingeniero eléctrico, un ingeniero mecánico, un ingeniero químico…provenía de su hermana María Irene, que había elegido Medicina unos añitos antes; pero esto a nosotros no nos decía nada en absoluto. No me veía a mí mismo en ningún trabajo después de graduado. Así las cosas, ya después de enero de 1975, todo se simplificó un poco para mí: yo quería ir a estudiar a la Unión Soviética (desde muy pequeño mi tío Evaristico me había inculcado el amor por ese país, cuando él fue a estudiar a Járkov y me mandaba bellas postales de Lenin y la Plaza Roja…). Ya eso contaba como la Primera Opción (además, era carrera priorizada), de no clasificar para carrera en el extranjero (pedían un promedio elevado), uno iba a competir por otra carrera en Cuba como Segunda Opción, es decir, cualquiera que la pidiera en Primera Opción, estaría por delante, por tanto, la probabilidad de atrapar la segunda opción era baja si se trataba de una carrera de las codiciadas. No obstante, yo estaba dispuesto al riesgo, es más, me parecía que no corría ningún riesgo, yo no veía ninguna causa para que yo no pudiera ir a estudiar a la Unión Soviética (yo era uno de los 4 primeros expedientes del Pre), como en efecto, no la hubo; pero pudo haberla habido…

Último día de clases en el Preuniversitario Álvaro Morell, con mis amigos Kin, Arsenio y Julio.

Una vez seleccionada la Primera Opción como Carrera en el Extranjero, recibimos unas hojas con un resumen de las carreras disponibles en el extranjero, clasificadas por organismos. No recuerdo mucho, sé que a mí me atrajo una que decía: Automática, Telemecánica y Comunicaciones (ATC) y venía en el grupo de Transporte, esa fue la que retuve en la mente. Posteriormente llenamos las planillas; pero nos advirtieron que no se ponía la carrera, si no que se ponía solamente el organismo y escribí “Transporte” en la planilla. Me concedieron la beca y me fui a estudiar un año en la Facultad Preparatoria Hermanos País, en la Habana, en la cual uno recibiría una intensa preparación en idioma (ruso en mi caso, como la mayoría y unos pocos que recibían rumano, polaco, alemán, porque ya se sabía que irían para esos países). Además del ruso, a partir del segundo semestre estudiábamos Matemáticas, Física, Química, Dibujo e Historia de la Unión Soviética, todo eso en ruso, por supuesto.

Facultad Preparatoria Hermanos País

Ya casi finalizando el curso de la Facultad Preparatoria nos reunieron en el teatro de la Facultad a todos los que habíamos marcado TRANSPORTE en la planilla. Hasta ese momento, yo daba por sentado que desde que ingresé en la Facultad Preparatoria yo tenía segura mi carrera soñada de ATC; pero estaba completamente equivocado. Era allí en ese teatro donde verdaderamente ocurriría el otorgamiento.

Santiago Orosa a la izquierda, con el ruso Serguéi y el Azerbaizhano Alik, ya en Quinto año.

Eran dos funcionarios del Ministerio y comenzaron por la provincia de Pinar del Río, leyeron las especialidades disponibles y luego mencionaban el nombre del estudiante y de cada uno seleccionaba la carrera dentro de las disponibilidades asignadas a la provincia. En realidad, yo no presté mucha atención a las otras provincias. De Pinar una muchacha escogió la especialidad (luego fue a estudiarla a Leningrado). De La Habana, mi amigo Santiago Orosa escogió ATC. De Matanzas, Dalia Guardo pidió también ATC. Por Las Villas Pedro González fue el que seleccionó la plaza de ATC disponible para su provincia. 

En tercer año recibiendo un diploma por buenas notas.

Hasta ese momento no había habido conflictos, solo había una plaza de ATC por provincias y solo una persona la había pedido. Cuando llegan a Camagüey, el hombre del Ministerio dice –para Camagüey solo hay Economía y Construcciones. Yo pensé que debía ser un error. Dijeron mi nombre y me preguntaron ¿Economía o Construcciones? Yo, muy seguro de lo que quería, les dije –ni una ni otra, yo vine aquí para estudiar Automática, Telemecánica y Comunicaciones, si no puede ser, pues la CUJAE me espera con un año de atraso, agradecido por todo lo que he aprendido este año; pero no, si de algo estoy seguro es que no voy a estudiar ni Economía ni Construcciones.

Celebrando el Primero de Mayo de 1978 en Moscú con mis compañeros de estudios.

Lo dije tan seguro como dije en Décimo Grado que no iría para el Destacamento Pedagógico. Se miraron entre sí, y uno de ellos le dijo al otro –vamos a dársela, luego ajustamos. Salí del teatro hecho una exhalación y me fui para La Habana, feliz, a pasear, ir al cine (sí, cuando eso había muchos cines funcionando) y comer algo por ahí en aquella Habana feliz del año 1976, cuando uno comía opíparamente en un restaurante estatal (que no había de otro tipo) por 10 pesos cubanos (que no había ninguna otra moneda).

Joel Reyes y yo, en el albergue 4, en primer año.

La “cosa” no terminó allí. A continuación, llamaron a la provincia de Oriente. El primero fue mi amigo el tunero Joel Reyes, que pidió ATC. Casi al final, llamaron a José Galano y ahí vino el problema: Galano había escrito en su planilla AUTOMÁTICA, TELEMECÁNICA y COMUNICACIONES, y por supuesto, no transó por ninguna otra. Galano, además, es hijo de un mártir de la Revolución y es un clásico santiaguero con el espíritu de Maceo, no era nada fácil quitarle su sueño. A esa hora me mandaron a buscar, para quitarme la especialidad, pero ya yo no estaba por todo aquello. Joel, no menos Maceo que Galano, tampoco transó de cambiarse.

José Galano y Dalia Guardo, en una fiesta, ya siendo estudiantes.

Ya que hablo de orientación vocacional, pues déjenme comentar sobre cuán bien cubría esta carrera mis aspiraciones. Pues no, la carrera no resultó ser lo que yo esperaba cuando la vi en aquel primer documento. Apenas un semestre de Electrónica en toda la carrera no llenaba mis sueños; sin embargo, sí me dieron muy sólidos fundamentos de Automática, Telemecánica y Comunicaciones, pero todo eso muy orientado a la especialidad, como que de perfil estrecho. Los graduados de esta especialidad estaban destinados en la Unión Soviética a servir en las Distancias de Señalización, Centralización y Control de Vías Férreas en una plaza denominada “ELECTROMECÁNICO”. Ciertamente, la automática y la telemecánica que estudiamos estaban orientadas a dispositivos electromecánicos: relés, cambiavías (unos actuadores que suplantan a los retranqueros), semáforos…muy poca electrónica para mi gusto. No obstante, yo le cogí amor. Estudiamos muy bien, los profesores de altísimo nivel, candidatos a doctores y doctores, y hasta algún que otro miembro correspondiente de la Academia de Ciencias. Estaré eternamente agradecido a Rusia por estos estudios y el nivel técnico que adquirí y por el propio estudio del idioma y la cultura rusa (lea “Día de la Lengua Rusa”).

Al llegar a Cuba recién graduado me di cuenta que estábamos muy lejos de tener en los Ferrocarriles de Camagüey los dispositivos de automática y telecomunicaciones que yo estudié y me busqué otro rumbo (lea “De cómo Simbad descubrió la Isla Meteorológica”). Los fundamentos estudiados me sirvieron, sin embargo, para adoptar “en segundas nupcias” la que definitivamente sería la carrera de mi vida durante más de 41 años (lea “De ferrocarrilero a radarista”). Aun así, hubo una asignatura a la que no presté mucha atención y justamente, resultó la clave para mi tesis de doctorado (lea “La asignatura pendiente”) y no es que hacerme doctor fuera algo muy importante; pero sí deseable (lea “Más sabe el diablo por viejo que por doctor”).

Hisilicon Balong

Ahora, ya jubilado, y efectuada mi «Gira de Despedida» sigo en el quehacer de la automática, la electrónica y la innovación sostenible (lea https://meteoradares.wordpress.com/2024/01/05/ladetec-en-pos-de-la-innovacion-sostenible/)

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