Radares Mirando al Sur

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Sirocco: la pioggia sporca

Les cuento a mis fieles lectores que me han pasado muchas cosas en mis andanzas por el ancho mundo. Este fue uno de esos sucesos extraordinarios. Me ocurrió un día, en mis caminatas de fin de semana por la Ciudad Eterna. Siga leyendo para que se entere.

Pues sí, iba caminando por las calles de Roma, no recuerdo haciendo qué exactamente, pero los fines de semana yo hacía dos cosas como ya les conté: visitaba iglesias o andaba de mercado. De repente me atrapó una llovizna con fuerte viento. Como por arte de magia, de todas las esquinas salían bangladesianos (o hindúes, o pakistaníes, que sé yo) vendiendo paraguas, decenas de ellos ofreciéndote todo tipo de modelos y colores de paraguas. Yo, por supuesto, no compré, mi bolsillo no era apto para comprar un paraguas cada vez que me sorprendiera una llovizna. Yo llevaba mi chubasquero, sí, ese fue el nombre que se popularizó en Cuba en los 80, era como una capa (solo la parte de arriba), de nylon con capucha, servía lo mismo para taparse el frío de nuestro ridículo invierno que para cubrirte de una lluvia ligera. Pues nada, me lo puse y seguí en mi ruta, que yo no soy hombre de amedrentarse por una lloviznita.

Entretenido como soy, iba yo existiendo, bueno, pensando como dice René, y al rato me percato que los carros parqueados en la calle estaban recubiertos de un fanguillo color diarrea. De pronto miro mis brazos y veo que yo también iba como si me hubieran echado un cubo de diarrea. La llovizna pasó pronto (que no el viento desagradable) y en cuanto pude me quité el chubasquero y le sacudí la diarrea, perdón, el fanguillo.

Al próximo día laboral le conté a mi anfitrión, il dottore Eugenio Gorgucci. Lapidario me dijo —Sí, il Sirocco, la pioggia sporca (en español: el siroco, el viento cálido proveniente del Sahara que llega al sur de Europa). Y allí mismo me tentó a discutir sobre qué yo creía sobra la Reflectividad de la lluvia «sucia». Llegamos a la conclusión que debe ser igual a la de la lluvia, porque a fin de cuentas son gotas de agua en cuyo interior viene polvo del Sahara, pero el radar solo ve la capa de agua que recubre al polvo.

Bueno, lluvia cochina aparte, para mí fue una excelente oportunidad esta pasantía en el Istituto per la Fisica dell´Atmosfera con el Dr. Eugenio Gorgucci, uno de los grandes investigadores en el uso del radar Doppler y Polarimétrico para la estimación de las precipitaciones. Nunca antes tuve la posibilidad de «jugar» con un radar como lo hice Polar 55C, para adquirir y procesar datos Doppler y polarimétricos. Hasta les dejé un software para estos fines escrito por mí (y asesorado a distancia por Marco), que por supuesto, no era ni remotamente una cosa como el VESTA|Process, posteriormente Luca Baldini lo mejoró y lo hizo más rápido. Fue agradable e instructivo. Este conocimiento también formó parte del Radar Meteorológico Cubano (Doppler).

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