
A principios del año 2012 estábamos ya en la culminación de una larga epopeya para dotar a nuestro país de modernos radares Doppler, en particular, ya para mayo, poníamos a punto el prototipo en los predios del Centro Meteorológico de Camagüey. Todo había comenzado por aquella conversación en la Mesa Redonda Informativa entre el Dr. José Rubiera y el Comandante en Jefe, en septiembre del 2004, con el huracán Iván ya amenazando seriamente a Cuba. De ahí se derivó la encomienda: diseñar y fabricar un prototipo de Radar Meteorológico Cubano Doppler para la sede central del Instituto de Meteorología de Cuba. Este radar sería el prototipo que luego se extendería a todos los radares. Pues bien, ya estábamos poniéndolo a punto cuando el delegado del CITMA en Camagüey, José Castelló, me llamó y me dijo –hay que suspender la puesta a punto, no se puede volver a radiar, alguien de la Torre de Control del aeropuerto interpuso una demanda ante el centro de Higiene y Epidemiología por supuestos daños a la salud de los controladores aéreos que allí trabajan. Con esto quedaba servida la mesa para la pelea: la Torre de Control versus el radar Doppler.
La primera acción, como siempre hago en la vida, fue disuasiva. Les pedí que organizaran una conferencia con todos los interesados. La hicimos en el aeropuerto. Expuse mis argumentos: 1) El prototipo del radar Doppler usaba los mismos transmisores que usaba el radar MRL-5 sobre el que se fabricaba, la misma antena original, por tanto, su patrón de radiación era el mismo del radar MRL-5. Ya el radar MRL-5 había estado ubicado en el Centro Meteorológico de Camagüey desde su inauguración en diciembre de 1981 hasta su traslado a la Loma de la Mula en abril de 1997, es decir, 16 años, por tanto, no cabía esperar ningún daño a la salud del personal de esa área. 2) En su momento, en 1982, habíamos hecho ese estudio (Rodríguez, O.L. (1983): “Mediciones de la densidad de potencia de radiación de microondas en el Centro Meteorológico de Camagüey y Recomendaciones”. Informe Técnico, depositado en la Biblioteca CMP Camagüey, 15 pp.), cuyo resultado fue que los niveles de densidad del flujo de potencia de microondas en el entorno del Centro meteorológico y el aeropuerto no resultaban dañinos. Expliqué el patrón de radiación de la antena (teórico y medido en 1982) y les mostré los cálculos de la densidad de potencia para ese punto (la torre de control) y lo comparé con la exigente norma soviética y no había nada de qué preocuparse.

Replicaron que entendían eso de que era la misma antena y los mismos transmisores; pero que ahora implementaríamos un modo Doppler de radiación. Contra-repliqué explicando los regímenes de trabajo de los transmisores en Modo Doppler, es decir, ciertamente, introducíamos un nuevo régimen de trabajo: pulsos de duración más corta, frecuencia de repetición más alta; pero les mostré los cálculos de que los niveles de potencia promedio resultaban incluso más bajos que en el Modo No-Doppler, convencional que usaba el radar MRL-5.

Nada, no hubo entendimiento, terminaron diciéndonos como Antonio Maceo a Martínez Campo: no, nos entendemos, guarde usted sus documentos. Ellos en realidad basaban su reticencia en que tenían un pequeño radiorreceptor de AM que «sonaba duro» cuando el haz de la antena del radar pasaba iluminando la torre de control, esa era su «prueba».

La pelea pasó a otro nivel. Tuvimos varios encuentros más, esta vez con personal del Centro Provincial de Higiene y Epidemiología de Camagüey (CHEC). Vino finalmente un experto del Centro Nacional, el Dr. Carlos Barceló, un erudito en la materia. Yo le dije –bien, para saldar este diferendo de una vez y por todas, acudamos a Marx: «la práctica es el mejor criterio de la verdad». Así fue, pactamos que viniera una comisión y nosotros organizaríamos las mediciones. Leonardo (Ichi) y yo preparamos un documento con la metodología de medición y se lo enviamos al Dr. Barceló. Fue aceptado.

Vino la comisión, encabezada por el Dr. Barceló, especialistas de las TRT de La Habana, ingenieros de las TRT de Camagüey, ingenieros del IACC, especialistas de Higiene y epidemiología de Camagüey y de La Habana. Hicimos las mediciones, yo operaba el radar, Leonardo (Ichi) medía en la torre, en presencia de los de la comisión. Todos firmaron los resultados de las mediciones. Leonardo había hecho una brillante demostración de sus habilidades en las mediciones de microondas, con explicaciones muy didácticas. Elaboramos el documento (Fernández, L.L. y O. L. Rodríguez (2012): “Niveles y efectos de la radiación de microondas producidos por el radar RD-200 SX ubicado en su nueva posición en el CMP Camagüey”. Informe Técnico depositado en la Biblioteca Digital del Centro de Radares, 7 pp.), comparando con las normas soviéticas, las más exigentes y protectoras del mundo (Comité Estatal de Normas de la URSS (1976): “Normas sanitarias y reglas para la ubicación de estaciones de radio y televisión, y estaciones de radar” [en ruso]), los niveles de radiación eran inocuos. Veredicto: vencedor el radar Doppler.

Hay gente que no acepta la derrota. Interpusieron una nueva demanda, esta vez al Control de Frecuencias del Ministerio de Comunicaciones: «el radar Doppler afecta a las comunicaciones del aeropuerto». Vino el móvil de medición de frecuencias de RadioCuba. Esta vez fue más fácil para nosotros, los de RadioCuba hacían ellos las mediciones, sin participación nuestra. Estuvieron una semana midiendo todo el espectro de radio frecuencias en la gama de microondas en el entorno del aeropuerto y nosotros tuvimos al radar efectuando el régimen de exploración y radiación que nos fueron pidiendo, cambiando a cada rato el régimen de transmisión conmutando de modo Doppler a modo no-Doppler. Al cabo de este tiempo les dijeron a los del aeropuerto: calladitos, ellos radian en su frecuencia autorizada con un espectro «de librito» y no molestan a nadie. De paso confirmaron nuestras mediciones de los niveles de densidad del flujo de potencia de microondas. Veredicto: vencedor el radar Doppler. Dos por Cero.

Inauguramos el 13 de agosto del 2012, ya saben en honor a quien. Muy pronto tuvo su bautismo de fuego con la Tormenta Tropical Isaac y más tarde con el huracán Sandy (que por lo lejano no nos permitió lucirnos con el modo Doppler; pero el huracán Irma nos dio la oportunidad para mostrar todas las potencialidades del modo Doppler.

Podría haber dejado el asunto así, ya era inobjetable la justeza de nuestros diseños teóricos, confirmados por la práctica; pero, para que no quedaran dudas y todo quedara bien documentado, desarrollamos una tesis de maestría que sentó cátedra: Se diseñó un procedimiento metodológico de gestión ambiental para los radares meteorológicos y un procedimiento específico, derivado del primero, para la instalación y operación ambientalmente segura de los radares del sistema meteorológico nacional. Ambos procedimientos incorporan los enfoques de salud humana, interacción de RNI y la observación de los estándares de trabajo de los radares. Estos procedimientos garantizan el desempeño ambiental seguro de los radares meteorológicos. Se elaboró una guía de medición adaptada a las condiciones y el instrumental disponibles en Cuba, que identifica la necesidad de estandarización de las mediciones de microondas en el sistema meteorológico nacional y que contribuye a mejoras futuras. El procedimiento específico diseñado fue aplicado con éxito en el Radar Doppler RD-200 SX en diferentes condiciones climáticas, para diferentes regímenes de trabajo y diferentes modos de exploración del radar. Se determinó que dicho radar puede operar en la posición donde está ubicado, sin afectaciones para la salud del personal que trabaja o vive en su entorno, de acuerdo con las normas empleadas. (Lea: Gestión ambiental de la radiación de microondas de radares meteorológicos en Cuba. Efectos en la salud. M. Gutiérrez, J. L. Santana, O. Rodríguez, L. Fernández, Y. Sarmiento. Revista Cubana de Meteorología Vol. 19, Número 2, 2014).

Con posterioridad, basado en la experticia adquirida, vendimos a Nicaragua el trabajo de hacerle un estudio ambiental de compatibilidad electromagnética entre un nuevo radar Doppler y posibles parques eólicos en su entorno. Una posibilidad de exportación de servicios nunca más explotada.

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