
«The Expendables» es una saga, hasta ahora de cuatro películas, originada por iniciativa de Sylvester Stallone y que es una especie de homenaje al cine de acción de los 80´s y 90´s del siglo pasado. Ha incluido en sus diferentes secuelas a muchas de las luminarias del cine de acción: Jason Statham, Jet Li, Bruce Willis, Arnold Schwarzenegger, Eric Roberts, Dolph Lundgren, Mickey Rourke, Jean-Claude Van Damme, Scott Adkins, Chuck Norris, Antonio Banderas, Wesley Snipes, Mel Gibson, Harrison Ford, Ronda Rousey, Megan Fox, Andy García, Tony Jaa…y claro Sylvester Stallone. La palabra «expendables» en español significa desechable, gastable, remplazable, prescindible. Claro, como siempre yo desvarío, si yo no soy experto en cosas de cine y ya casi ni veo películas, lo mío, como bien saben mis fieles lectores, son los radares meteorológicos.
Traigo a colación esto de los expendables por la ironía del destino que mis lectores, si tienen suficiente paciencia conocerán a continuación. Pues bien, las cosas fueron así. Mis tres más fieles compañeros, con quienes compartí más de 30 años de trabajo, los monstruos Leonardo, Roberto y Arturo, inicialmente mis discípulos y luego mis imprescindibles co-líderes, me pidieron todas las vacaciones que tenían acumuladas. Cada uno de ellos tenía un motivo muy serio por problemas personales y familiares. Si yo fuera a ser justo con ellos debí haberles concedido 2-3 años sabáticos para que terminaran de escribir sus tesis de doctorado, para las cuales contaban con suficiente material teórico-práctico. No obstante la legislación no me lo permite, por tanto, les concedí algo más de un mes, según los acumulados de cada uno.

Eso ocurrió a finales de mayo de 2022, luego de haber culminado exitosamente el tercer ejemplar de radar Doppler solicitado por el Comandante en Jefe, que fuera instalado en Holguín. Como se trataba de los tres mejores especialistas con que contábamos en el Servicio de Vigilancia Meteorológica por Radar que yo dirigía, hicimos una reunión con los técnicos de los radares (Gonzalo, Dennis, Maroto y Andrés) y con el resto de los técnicos del Centro de Radares y analizamos radar por radar los problemas pendientes y las dificultades que podrían surgir en ese mes. Llegamos a la conclusión que no había nada que requiriera su presencia porque los asuntos pendientes estaban a la espera de recursos que no habían llegado y que no llegarían en el tiempo de vacaciones de ellos.

A principios de junio, me llamaron (ya desde fuera) que habían resuelto un trabajo fuera del país, los tres, y que habían decidido viajar a buscarse unos pesos, el trabajo terminaría en su tiempo de vacaciones. Como que eso está dentro de lo que permite la ley y como que yo siempre he tenido la absoluta certeza de que ellos no desean vivir fuera de Cuba (que oportunidades y ofertas deslumbrantes han tenido unas cuantas a los largo de 30 años), pues no indagué nada más, porque a la verdad, no soy chismoso y siempre he respetado a privacidad de lo que hacen mis subordinados en sus vacaciones. Varios subordinados míos han viajado a México, a Estados Unidos, a Panamá, a Brasil en sus vacaciones y ni se han tomado el trabajo de comunicármelo ni yo nunca les he preguntado.

Unos 15 días después, de forma inesperada para mí, el director general me interpeló para saber dónde estaban. Le dije la verdad –no sé. Me pidió que les preguntara. Les pregunté que dónde rayos estaban –en Taiwán, de peones de montaje— me contestaron. Y se desató el infierno. Si hubieran mentido que estaban en Rusia nada habría pasado (creo yo). Claro, todo provenía de que algún chismoso sí se había enterado y se lo había dicho al director general, que todo termina sabiéndose. Habíamos tenido una propuesta para ocuparnos con todas las de la ley de todo lo relacionado con este radar en Taiwán. El MINREX lo denegó, Cuba perdió los 20 mil Euros de honorarios por el trabajo en grande (ellos tampoco se lo ganaron), que iba a contratarnos una empresa española. Todo quedó reducido a una propuesta individual para el duro trabajo de peones de montaje.

Bueno en otro post hablaré del proyecto, ahora me restrinjo a la ironía del destino. La dirección del INSMET viajó a Camagüey literalmente «a comerme». El cuestionamiento era, fíjese bien mi avezado lector, mi culpa por haberles concedido vacaciones a los tres GOATs y el daño que esto ocasionaba al Servicio de Vigilancia Meteorológica por Radar. Literalmente: «se caía el mundo» por mi «irresponsable» decisión, además, inconsulta con la dirección del INSMET. En fin, concluso para sentencia.

Les daré a mis imparciales lectores mis criterios y cada quien saque sus propias conclusiones. 1) Yo estuve casi 40 años dirigiendo (muy exitosamente, solo miren las estadísticas de trabajo de los radares en Cuba, siempre en ascenso) a colectivos de ingenieros y técnicos, siempre vinculados al servicio técnico de los radares. Jamás consulté el tema de las vacaciones de mis trabajadores con ningún jefe. 2) Como dije más arriba, que sí analicé en detalle todos los asuntos con los técnicos e ingenieros de todo el sistema (como hacía periódicamente), no vimos ningún problema…y NO LO HUBO. 3) Pisoteando a la modestia, puedo decir con orgullo (porque se basa en mi esfuerzo y mi sacrificio estudiando) que no hubo en 41 años ninguna falla en los radares que yo no pudiera resolver, más rápido o más lento. Yo reconozco que mis tres discípulos llegaron a ser mejores ingenieros que yo, y que ellos, por lo general, solucionan las fallas más rápido que yo; pero eso no quiere decir que yo no pueda resolverlas. Y por último en este punto 3, siempre iba a contar con la asesoría remota de ellos, como en efecto, hicimos en varias ocasiones para varios asuntos, no de fallas. 4) No fue esta la única vez que ellos los tres habían estado fuera del país, sucedió en varias ocasiones, algunas largas. Incluso estuvimos ellos tres y yo en Inglaterra por 15 días.

Finalmente me aplicaron separación definitiva del cargo de Jefe del Centro de Radares (uff, con el trabajo que me costó el reconocimiento oficial). Esperé diez meses después de la sanción, solo por amor a la actividad, a ver si me pedían impartir algún curso, o algún entrenamiento, a fin de cuentas yo estoy certificado por dos prestigiosos fabricantes y he visitado los mejores y más sofisticados radares del mundo y he estado intercambiando y aprendiendo de los mejores especialistas. Nada, nadie me hizo ni una pregunta, hice mi gira de despedida y me fui. Entendí que era hora de jubilarme y dedicar mis energías a otra cosa. El INSMET y el CITMA no me necesitan.

Ah ¿qué por qué digo lo de la ironía del destino? Ah pues porque no bien llegaron mis tres colegas-viajeros, el 9 de septiembre de 2022, el director general del INSMET les aplicó expulsión del INSMET y del CITMA. Sí, tal como lo lee mi incrédulo lector, los botaron, a ellos, a los imprescindibles, sin los cuales se caerían los radares y toda la Meteorología en Cuba (eso fue lo que me dijeron ¿no?). Ciertamente, botar a un colectivo que está entre los únicos siete del mundo que pueden fabricar radares meteorológicos…no parece un indicador de amor por el país. Tampoco creo que sea tan fácil reunir a otro colectivo que trabaje con la ferocidad espartana conque lo hemos hecho nosotros ¿No era «sumar y no restar» lo que dice el presidente?

Nada, volviendo a la saga de Stallone, nosotros somos más como el título de esta saga en hispanoamérica: Los Indestructibles. Ahora nos convertimos en una cooperativa y continuamos brindando nuestros servicios al país. Los jefes, si a alguien le hicieron daño con estas sanciones, no fue a nosotros, sino a los radares, a la Meteorología y al país. Dele mi imparcial lector el epíteto que le parezca más conveniente a este suceso. A nosotros el mérito de todo lo que logramos en los radares cubanos nadie nos lo quita. Cuando los radares se destruyan por falta de personal calificado, otros serán los que cargarán con este estigma, la historia pone todo en su lugar. Nosotros seguimos trabajando por Cuba.

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