
«Siempre que se hace una historia se habla de un viejo, de un niño o de sí; pero mi historia es difícil No voy a hablarles de un hombre común…» Silvio Rodríguez
Sí, es difícil escribir esto, pero hace rato ya que tengo iniciado este post y ya decidí darle el empujón final. Sobre este hombre se han contado muchas cosas, sobre la lucha insurreccional, la Toma de Santa Clara, la guerra en Angola, tantas que es difícil contar algo nuevo sobre Rogelio Acevedo González. Como es lógico, de sus hazañas que lo convirtieron en Héroe de la República y General de División, yo, obviamente, no tengo nada que agregar. En cambio yo tengo amplia experiencia como «catador de jefes». He hablado en mi blog sobre los jefes simuladores, sobre los jefes adoradores de las reuniones, sobre los abominables y genuflexos jefesoides, y hasta sobre los inútiles y parasitarios administraidores, así que me siento en la obligación, para variar, de contar mis buenas experiencias con este, Mi Jefe Favorito, el mejor entre todos con los que yo haya tenido contacto personal en toda mi vida, y aclaro que he tenido unos cuantos jefes muy buenos, ellos lo saben y ya he traído a casi todos a mi blog. A fin de cuentas uno se va haciendo sus favoritos en todas las cosas y ámbitos: restaurante favorito, comida favorita, deportista favorito, canciones favoritas, artistas favoritos ¿por qué no habría de tener uno un Jefe Favorito?
Comencemos por el comienzo. Lo conocí en persona, a inicios del año 2005, en la época que a él le encargaron el asunto de la Lluvia Provocada en el norte oriental cubano, cuando aún se evaluaban las más diversas opciones. Los científicos del Centro de Física de la Atmósfera del INSMET sabían muy bien que lo más efectivo era la siembra de las nubes con yoduro de plata desde un avión; pero Acevedo, con posterioridad, repitió varias veces que él estaba en la obligación de evaluar cuanta «cosa» hubiera por ahí para hacer llover, la tarea que le habían encomendado era hacer llover en el norte del oriente cubano y a mí personalmente, y en varias reuniones, dijo –mi jefe Raúl me dijo que si en el Amazonas aparece un brujo que toque tambores y haga llover, lo traiga. Quería decir que el Estado Cubano no iba a escatimar recursos para resolver el muy agudo problema de la sequía que azotaba, principalmente, la franja norte del este cubano.
Sucede que, entre algunos otros candidatos a proponer sistemas y métodos de Lluvia Provocada, vinieron a Cuba unos brasileños que decían que lanzaban agua desde una avioneta y hacían llover. Desde luego, yo nada tengo que ver con eso, pero junto a esos brasileños vino uno que quería hablar cosas de radar y por eso me invitaron a ese encuentro. La reunión transcurrió en el saloncito de reuniones de Acevedo (presidente del IACC y de CACSA). El Dr. Daniel Martínez me presentó como experto de radar y Acevedo me miró y asintió con una inclinación de la cabeza, pensé que no me había prestado ninguna atención, yo suelo pasar inadvertido. En esa reunión no se habló nada de radar, pero me gustaría comentar varias cosas significativas que me llamaron la atención sobre Acevedo.
El aire acondicionado en el local lo aportaba una de aquellas viejas consolas Segere, fabricadas por la industria sidero-mecánica en Cuba en los inicios de los 80. Cuando funcionaba el compresor hacía un ruido insoportable y lo que es enfriar no enfriaba mucho. Cuando el compresor se apagaba uno se sentía aliviado, pero al poco rato comenzaba el calor. El mobiliario era bastante viejo, claramente de la época soviética. De las sillas algunas estaban ya con desgaste visible. Acevedo, con un puntero en la mano, le daba la palabra a los brasileños y cuando perspicazmente se percataba que decían algo poco creíble le daba la palabra a Daniel para que los refutara. Lo que querían vender los brasileños no tenía absolutamente nada de método científico y Acevedo lo comprendió desde el principio. Daniel se encargó magistralmente de refutarlos con sólidos argumentos científicos. Es significativo que Acevedo, siendo jefe de un organismo (con rango de ministro) como este, de los que aportan divisas al presupuesto, y llevando ya más de 15 años en el cargo no se hubiera preocupado por modernizar y poner confortable sus locales de trabajo cotidianos. Su despacho personal corría la misma suerte. He conocido jefecillos petulantes que lo primero que hacen es dedicar cuantiosos recursos a acondicionar sus locales de reuniones y despachos de forma pomposa e innecesaria, Acevedo era la antítesis de aquellos.
Nuestro segundo encuentro ocurrió en Camagüey. Vinieron al Centro Meteorológico de Camagüey ya en función de chequear la logística para los trabajos de Lluvia Provocada, era una comitiva bastante grande de gente del IACC, la dirección del INSMET y los del Centro de Física de la Atmósfera. Estábamos enseñándole la Planta Productora de Hidrógeno psrs los globos-sonda cuando Tomás (el Dr. Tomás Gutiérrez, Director General del INSMET) me llama aparte y me dice que tengo que salir de inmediato para Venezuela. Yo, «frenao de las 4 gomas» le explicaba a Tomás, que no, que yo no podía irme. Mi lenguaje corporal debe haber sido elocuente.
Acevedo, que nos observaba desde cierta distancia se acercó a grandes zancadas y me preguntó sin preámbulos, sabiendo de qué estábamos hablando –a ver ingeniero ¿Qué problemas hay? Le explico que iban a operar a mi papá y yo necesitaba ocuparme de eso, la donación de sangre, que mi esposa estaba en México impartiendo clases y pagamos un dineral para cambiar su pasaje y que regresara un poco antes de tiempo para el rollo de la operación…bla bla bla. Entonces me dice –a ver, salimos pasado mañana miércoles y el sábado estas de regreso ¿tienes problema con eso? Le dijo –oh no, realmente eso no me ocasiona ningún problema, la operación demora al menos 15 días, solo que Tomás no me podía precisar cuándo regresaría, por eso yo estaba reticente. Bueno, asunto zanjado (pensé yo, siga leyendo), todos felices. Comprendí que debía ser algo importante cuando él le dedicaba toda su atención y no, no le pasó inadvertido en la reunión que yo era «el tipo» de los radares.
Efectivamente, el miércoles salimos en vuelo de Cubana de Aviación Boyeros-Maiquetía. Aquí voy a hacer una digresión para contarles otras cosas sobre Acevedo que me llamaron la atención. Tomás y yo viajamos en primera clase con Acevedo y otros funcionarios del IACC. Ya cuando despegamos quedaban dos asientos vacíos en primera clase. En la clase económica casi todos eran médicos que iban a cumplir misión. Acevedo se levantó y trajo a un par de doctoras de las de más edad, para que fueran más cómodas. Nada de doctoras jovencitas atractivas, que pululaban en el vuelo, que se lo aseguro a mi incrédulo lector, había para escoger.
Cuando repartieron el refrigerio, como comprenderán mis lectores, el de nosotros en primera clase era mucho más abundante y apetitoso que el que se repartía en la clase económica. Acevedo se levantó con su bandeja y fue para la clase económica y se la dio a un médico gordito con cara de jamaliche que ya se había comido lo suyo en un pestañazo. Ese proceder, de rellenar los asientos de primera y entregar su bandeja, lo vi repetirlo en todos y cada uno de los vuelos que compartí con él, que fueron unos cuantos.
Cuando llegamos a Caracas nos ubicaron en un hotelito muy elegante en la localidad de Catia la Mar, cerca del aeropuerto. A todas estas, Tomás y yo aún desconocíamos qué íbamos a hacer allí. Acevedo no estaba en el hotel con nosotros. Tomás había sido invitado por un General, jefe de algo importante en la aviación militar, que había sido Representante permanente de la Meteorología venezolana ante la OMM y apreciaba mucho a Tomás, quien me llevó con él y almorzamos allí. Salimos con una botella de cognac de regalo para cada uno (que Tomás y yo les rendimos todos los honores, al cognac me refiero, yo siempre dispuesto a cumplir con las orientaciones del mostro Tomás, il Capo di Tutti Monstri).
Finalmente por la tarde nos llevaron a despachar con Acevedo. El «despacho» ocurrió en el albergue de los constructores cubanos que trabajaban en la ampliación del aeropuerto Simón Bolívar, en Maiquetía. Acevedo no se quedaba en ningún hotel, él dormía allí con los constructores, no para «filmar» de popular (como hacen algunos jefesoides). Él trabajaba unas cuantas horas al día en trabajos pesados de la construcción, todo el tiempo que sus actividades se lo permitían. De hecho, un tiempo después de estos sucesos a Acevedo le dio un infarto cargando pesados bloques allí en la construcción. El albergue, como cualquier albergue, constaba de muchas camas en cada cubículo, la de Acevedo una de ellas, nada de habitación especial, un constructor más.
Allí fue cuando Acevedo me explicó todo lo referente al radar que los venezolanos nos iban a prestar y los obstáculos que se interponían. La tarea mía era escuchar todas los motivos por los cuales el Jefe del Proyecto VENEHMET no quería prestar el radar ahora (proponían que esperáramos un año por un nuevo radar) y darle mi evaluación técnica de cuán verdaderos eran los motivos que esgrimían y de cómo podríamos sortear los obstáculos reales, que obviamente existían. Si mi curioso lector quiere saber cómo se desenvolvió esto lea mi post LA APUESTA.
Después que me entrevisté con «el hombre» de VENEHMET y este respondió mis numerosas preguntas esperé hasta que Acevedo me llamó de nuevo para «despachar». Esta vez no fue en el dormitorio, pero fue también en el área que se construía nueva para ampliar el aeropuerto de Maiquetía, él aprovechaba cualquier momento libre para ir a compartir trabajo y sudor con su contingente. Yo en varias ocasiones tuve oportunidad de conversar con los constructores, que eran trabajadores del IACC, algunos de ellos de Camagüey y se lo puedo asegurar a mis lectores, Acevedo no sólo es Héroe de la República de Cuba, para estos constructores Acevedo era también un héroe por el que ellos se hubieran dejado matar.. Cuando me llamó él vestía ropa vieja de trabajo, traqueteada en los avatares constructivos. Esta «entrevista» fue en una especie de vagoncito, como los de los radares móviles. Había una mesita ridículamente pequeña para Acevedo y un par de sillas medio destartaladas, él estaba sentado en una y me ofreció sentarme en la otra frente a él. Este vagón era usado como un «puesto de mando» rústico de los constructores, tal vez lo usaba el que estaba al frente de la obra por parte del contingente de los cubanos.
Le expliqué todos los detalles de lo que había averiguado. Él me hizo numerosas preguntas que omito y les resumo: 1) Para montar el radar en Cuba el primer obstáculo, que los venezolanos consideraban insalvable, era tener la obra civil lista. A esto Acevedo me dijo –de eso me ocupo yo (obviamente los venezolanos no se habían leído bien la biografía de Acevedo). 2) Lo otro era que no tendríamos UPS ni Grupo Electrógeno, obligatorios para el radar. Acevedo me pidió –dame las especificaciones y yo me ocupo. 3) Lo otro eran detalles…no tendríamos a los montadores de la fábrica, porque el contrato era para montar el radar en los sitios escogidos con mucha antelación en Venezuela, los cuales habían sido cuidadosamente seleccionados con la aprobación de las autoridades locales y sobre todo, con el visto bueno de los especialistas de la fábrica. Obviamente no iban a estar cooperativos con este «cambiazo». A esto del montaje fui yo el que le ofrecí la muy arriesgada solución –si nos lo permiten, mi gente y yo montamos el radar ¿Lo conocen? –me preguntó. Le dije –no, nunca lo hemos visto, pero somos expertos de radar, este lo estudiaremos sobre la marcha y lo haremos, confíe en nosotros, hemos acometido cosas más difíciles ¿Y la ubicación? –se preocupó. Le dije –igual, nos ocuparemos y lo resolveremos, sabemos todo lo que hay que saber para eso. Yo no alardeaba. Acevedo me miró a los ojos como escaneando para saber si yo fanfarroneaba o éramos de verdad capaces de hacer el trabajo. La evaluación debe haber sido satisfactoria porque me dijo –OK, mañana vas conmigo a la reunión por si sale algún detalle técnico nuevo te encargues de refutarlo.
Inmediato que salimos de la reunión con la Ministra del Ambiente en las Torres del Silencio Acevedo me dio su teléfono y me pidió –llama a tus mejores ingenieros y que vayan para Holguín a decidir una ubicación, atendiendo a las propuestas del gobierno y el Partido en la provincia, pero que el radar cumpla con los objetivos de la Lluvia Provocada. Después que ya estábamos en el hotel se me ocurrió una idea: y si desmantelamos el radar de Gran Piedra (a la sazón fuera de servicio) y lo ubicamos allí. Se lo comenté a algunos de los cercanos a Acevedo para que se lo hicieran llegar. OK, la idea yo reconozco que no era buena, yo mismo ya le había encontrado muchos inconvenientes, solo se lo cuento para narrarles lo que viene. a continuación que describe una de las cualidades de Acevedo como jefe.
Por la noche organizaron una comida. No fue en el restaurant del hotel sino en un ranchón aledaño, una mesa larga para todos, como la de la última cena, pero con comensales de los dos lados, la mayoría de ellos funcionarios del IACC. Acevedo vino a comer con nosotros. A Tomás y a mí nos sentaron frente a Acevedo, como invitados especiales. Hablamos de muchas cosas, Acevedo se interesó por el funcionamiento del Instituto de Meteorología y en general quiso saber detalles de los radares. No sabíamos Tomás y yo en ese momento la importancia cardinal que tendría este hombre en el «bienestar» de los radares en los próximos años. Acevedo no tenía por qué darme a mí ninguna respuesta a mi iniciativa de poner el radar nuevo en Gran Piedra, era solo una idea y yo solo un especialista bastante insignificante y efímero que la vida me colocó en ese lugar coyunturalmente por mi experticia en temas de radar. Me dijo –mira, te comentaré por qué no es bueno poner el radar en cualquier otro lugar que no sea en Holguín, comprendo que tal vez en Gran Piedra de una buena cobertura, pero cuando se lo pedí prestado a Chávez le hablé de la gran sequía en Holguín, tierra natal de Fidel y de Raúl, me parece contraproducente ubicarlo al sur, en Santiago de Cuba. Eran temas de política que estaban muy por encima de mis competencias, pero él tuvo la deferencia de explicarme.
El sábado Acevedo dio instrucciones para que nos llevaran, a Tomás y a mí con algunos funcionarios del IACC que eran eventuales-primerizos en este viaje, para estar un par de horas por la zona comercial de Catia la Mar, ya saben…para la pacotilla. A la hora del almuerzo fuimos al comedor de los constructores. Tomás y yo nos sentamos en una mesa después de haber cogido un almuerzo que era mucho más de lo que nosotros podíamos asimilar, obviamente estaba diseñado para hombres que se pasaban 12 horas al día en trabajos de construcción.
Apenas nos sentamos irrumpió Acevedo, agarró una bandeja sin nada de protocolo, como un habitual, y se sentó con nosotros en nuestra mesa. Comenzó dirigiéndose a mí, en son de «darle cuero» a Tomás –¿así es el almuerzo que les da Tomás en Meteorología verdad? Solo les digo el tema, pero en realidad estuvo un rato en eso. A continuación nos dijo –bueno, ahora cuando terminen de almorzar van a ir al hotel y recojan que se van en un vuelo en tres horas, y de inmediato le dijo a Tomás –es que tengo que mandar a Orlando para Cuba rápido porque si no, la mujer le va a pegar (igual, lo narro en una frase, pero estuvo un rato en eso) –he tenido que habilitar un vuelo solo para eso– bromeó. Y yo que creí que nuestra escaramuza en la Planta de Hidrógeno estaba olvidada, iluso de mí, tampoco allí iba a terminar «el cuero». Acevedo es un cubano jodedor como cualquier hijo de vecino y no se le olvida nada.
Llegando a Cuba salí para Holguín, ya estaban arribando los bultos del radar y la obra civil andaba a todo máquina. Por el camino a Camagüey, recogí a mi esposa, que andaba quejosa de que ella acabara de llegar de México y yo de carreras para Holguín. Al otro día por la mañana teníamos reunión en la obra civil, yo me bajé con mi esposa de una guagua donde íbamos un grupo y Acevedo se estaba bajando del carro en que venía (que nunca lo vi en carritos comiquitos modernos y refrigerados como los que suelen usar mucho jefecillos ahora, siempre andaba en carro «traqueteados»). Me vio y enseguida vino para donde yo estaba. De lejos se lo vi en la cara y me dije –trágame tierra, que ya yo sabía a lo que venía. Apenas sin saludarme se presentó a mi esposa y le dijo –mija, mire, yo acabo de impartir una indicación a todos los aeropuertos para que no la dejen salir más del país. Este hombre estaba destruido sin usted, desesperado, que va, Usted no se puede ir más, apenas si podía trabajar, no quería comer, lloroso y lamentándose de que Usted no estaba. Ya les digo, un jodedor de marca mayor.
Acevedo es un hombre culto, muy inteligente y muy perspicaz, tiene el don, o tal vez la habilidad adquirida, para captar la esencia de las personas a la primera vista. A él le tocaba administrar todos los recursos que asignaron para las tareas de la Lluvia Provocada (inicialmente 1 millón USD al año y luego ampliaron a 2 millones). Él lograba discernir muy bien cuándo pedían algo imprescindible para el trabajo y cuando le pedían algo superfluo por muy hábilmente que intentaran pasarle gato por liebre. Conoce muy bien la naturaleza humana. Yo, que estuve en contacto con él varios años les puedo decir que al personal involucrado en la Lluvia Provocada le proporcionó mobiliario, equipamiento y una logística que no se permitía a sí mismo, pues él es tremendamente austero y consigo mucho más.
Cierta vez, los de Camagüey pidieron comprar algunas cosillas de vajilla para el pantry de ellos, para hacer café. Los autorizaron. Cuando él vio la factura mandó a preguntar que cómo iba «el negocio de la cafetería» que habían abierto. El problema es que «las cosillas» eran 20 copas de helado, 20 tazas de café, 20 vasos, 20 platos, 20 juegos de cubierto…Ya se puede imaginar mi lector. Ciertamente, Meteorología siempre ha estado muy escasa de recursos, el grupo vinculado a la Lluvia Provocada, tanto en Camagüey como en La Habana se convirtió en una especie de oasis con mucho más recursos que el resto de la Meteorología.
Atesoro muchas vivencias de los casi cinco años de interacción con Acevedo. Me contó muchas anécdotas de su vida como dirigente que tal vez más adelante cuente aparte, ya este post es bastante largo. Como jefe siempre sabía muy bien lo que estaba pidiendo y chequeaba cada cosa en detalle, nada dejaba al azar y nada se le olvidaba. Siendo muy severo para exigir es tremendamente humano y se preocupaba por los problemas personales de toda la gente a su cargo hasta los mínimos detalles. Te sorprendía cuando se percataba de que uno estaba en un problema personal aunque uno no se lo dijera, y se ocupaba de ayudar en lo que pudiera. He visto mucho de la consigna de atención al hombre como solo palabras huecas de los dirigentes, con Acevedo era su modo de actuar.
Tengo muchas más cosas que decir de Acevedo, el jugó un papel decisivo en el logro del Radar Doppler Cubano y en general nos brindó una ayuda inestimable para el sostenimiento de los radares, pero ya les digo como Scherezada, va a amanecer y hay que dejar algo para otra noche. Así pues, sí, es mi Jefe Favorito, necesitamos muchos como él. Cuba lo necesita y en general, la Humanidad requiere de personas así.
Los dejo con una fase del Che, su jefe en la lucha insurreccional, que explica cómo son las personas que necesitamos, Rogelio Acevedo González es justamente así. Nosotros, los ingenieros de LADETEC siempre estaremos listos para recibir sus órdenes.

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