Radares Mirando al Sur

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¿Planificar las averías en los radares?

«Una meta sin un plan es solamente un deseo«. Antoine de Saint Exupéry

Como responsable de la Vigilancia Meteorológica por Radar en Cuba durante dos décadas y con casi 40 años en el servicio técnico, mi perspectiva sobre la planificación nace de la práctica, no solo de la teoría. Desde esta experiencia en planificación, observo con preocupación cómo el diagnóstico de «crisis sistémica» en Cuba se utiliza para promover una receta neoliberal: desmantelar la planificación centralizada –defendida por el Che como esencia del proyecto socialista– y fragmentar la economía en pequeñas PYMES. Frente a esto, sostengo que la centralización es un mecanismo poderoso y necesario. Es la herramienta que permite a una nación orientar estratégicamente todos sus recursos hacia el bienestar social colectivo. Si no fuera una forma de organización eficaz, ¿cómo se explican entonces el poder abrumador de los monopolios industriales capitalistas o la eficiencia productiva de los latifundios? La lógica es clara: un alto grado de centralización es condición para la máxima eficiencia económica y hay determinadas tareas que solo pueden desarrollarse de forma estatal, centralizada y con planificación a largo plazo como la red de radares NEXRAD de los EE.UU.

Entonces, si el principio es sólido, ¿por qué su aplicación en Cuba ha sido deficiente? Reconozco abiertamente esa paradoja. El verdadero desafío de nuestro Socialismo no es el principio en sí, sino superar las deformaciones que lo ahogan: el burocratismo asfixiante, la corrupción (en todas sus escalas) y la ineficiencia productiva crónica. Estos males, contra los cuales el propio Guevara alertó, son los enemigos a batir, sin que su combate opaque logros estratégicos indudables como BioCubaFarma. De esto, de la planificación como espina dorsal de una centralización efectiva, quiero hablarles desde mi experiencia.

Mi trayectoria comenzó en noviembre de 1981 como ingeniero del radar MRL-5 en Camagüey, dedicando mis dos primeros años a descifrar sistema por sistema la complejidad de ese equipo. Sin embargo, en 1983 mi rol dio un giro abrupto al ser nombrado Jefe de la Sección de Electrónica del Centro Meteorológico provincial. De pronto, mi responsabilidad no era solo un radar, sino un parque tecnológico completo: desde el veterano ARS-3 y la estación de sondeo RMS-2, hasta las comunicaciones de seis estaciones meteorológicas y la flota de grupos electrógenos. Para esta tarea titánica, contaba únicamente con tres técnicos electrónicos y un mecánico. Fue entonces cuando, para mi mayor asombro, descubrí que la planificación preventiva era tan inexistente como inconcebible para el personal de servicio técnico de esos activos críticos. La pregunta que hacían —»¿Cómo podemos planificar las averías?»— expresaba su perplejidad — Eso es totalmente imponderable— exclamaban muy confundidos.

La brecha entre la planificación como trámite administrativo (una ‘x’ en un calendario) y la planificación como herramienta técnica operativa (un plan minucioso de acciones y recursos) era, y creo que sigue siendo, el núcleo del problema. Esa brecha entre la necesidad técnica y la cultura operativa marcó mi primer gran desafío. Ellos, los técnicos de servicio, solían esperar a que los llamaran cuando se rompiera algo y yo les recalcaba — lo que hay que hacer es evitar que se rompan.

En 1983, y como expliqué en detalle en el post ‘Filosofía de Servicios Técnicos‘, diseñé un sistema integral para el mantenimiento que se convertiría en la base de mi trabajo durante casi cuatro décadas. Fui fiel a sus principios, primero dirigiendo la actividad en Camagüey y, desde 2003, asumiendo el mando total de la Vigilancia Meteorológica por Radar en Cuba, aunque desde 1997 tenía bajo mi mando toda la actividad de desarrollo y modernización de todos los radares cubanos.

Este sistema de servicios técnicos que adopté desde 1983 tenía en la planificación preventiva uno de sus bastiones fundamentales, un pilar que se sostenía sobre la innovación continua, la capacitación rigurosa del personal y una gestión avanzada de adquisición de repuestos. El objetivo siempre fue claro: lograr la excelencia en el funcionamiento de los ya vetustos radares meteorológicos diseñados a principios de los 70, y los resultados lo confirmaron.

Pero bueno, vayamos a lo de la planificación. Soy partidario de la economía y la planificación centralizada. Sin embargo, para actividades tecnológicas que demandan recursos, la forma en que se ejecuta esta planificación en Cuba es, en la práctica, inútil.

Se los ilustro con un trámite habitual: desde septiembre te piden el plan de mantenimiento anual. Este suele reducirse a hacer un calendario y calcular los viáticos para los viajes. Lo crucial —la lista de repuestos necesarios y su costo en divisas— no forma parte de ese documento oficial. Eso va «por otro lado», en un proceso paralelo y desvinculado. Ahí reside la primera contradicción con mi concepto de planificación: un plan sin presupuesto específico y garantizado no es un plan, es un deseo.

La consecuencia era predecible: muchas veces empezaba el año sin que hubiera llegado «el dinero» (el presupuesto en moneda nacional). El primer trimestre se perdía haciendo sólo lo imprescindible, mientras se gestionaba un presupuesto de emergencia mínimo.

En el «plan» no se detalla lo que necesitas comprar como repuestos y ni siquiera el monto total (obviamente en moneda convertible). Eso va «por otro lado» y en eso yo veo la principal contradicción con mis conceptos relacionados con la planificación. Muchas veces arrancaba el año y no había llegado «el dinero» (el presupuesto para ejecutar en moneda nacional) y el primer trimestre se iba «bajo lo mínimo», se hacía solo lo muy imprescindible, solicitando el presupuesto mínimo indispensable (en moneda nacional).

Para los jefes que siempre tuve el «mantenimento al radar» es solo una x en el calendario y «mantenimiento» podía ser cualquier cosa, pasar una brochita o desarmarlo y engrasarlo todo, una visión muy simplista de en qué consiste el mantenimiento. Usted amable lector, no se deje confundir, las cosas son mucho más complejas de lo que aparentan, lease mi post al respecto. La planificación comienza justamente allí ¿Qué trabajos hay que ejecutar en cada radar? ¿Con qué periodicidad? ¿Qué materiales e instrumentos son necesarios parta cada trabajo? Con esa información se elabora el Plan Mensual Típico. Obviamente, este incluye todas las tareas cuya periodicidad es inferior a un mes y se le agrega, cada mes, las tareas que se consideren convenientes, de entre aquellas cuya periodicidad sea mayor que un mes. Esta es la planificación de las tareas permanentes, algo más o menos convencional, generalmente lo quie indicaban los fabricantes, con algún acomodo para hacerlos más asequibles.

Lo que verdaderamente resultó el elemento clave para obtener los resultados que obtuvimos fue el Plan para la elevación de la Fiabilidad. Dado que los radares eran equipos ya viejos y dado que los que ejecutábamos el trabajo de servicios técnicos éramos los mismos que llevábamos adelante un fuerte trabajo de investigación/desarrollo para modernizar los radares, pues ante cada avería nos preguntábamos —¿Repararlo o Innovarlo? Y de esta forma íbamos configurando un plan de innovación y racionalización de los bloques dañados. Generalmente, estas tareas (cualquiera de las dos, reparar o innovar) eran aplazadas hasta que apareciera el financiamiento en divisas a no ser que la rotura implicara la detención del trabajo del radar por completo, en cuyos casos se gestionaba el financiamiento puntualmente.

Así llegamos a los mantenimientos anuales, esos que para los jefes son una x en un calendario. Nosotros preparábamos minuciosamente un plan antes de ir a cualquier radar. En ese plan incluíamos las posibles innovaciones y modificaciones a circuitos o bien porque ya no existían los componentes originales o bien que se podían diseñar mejores soluciones (que consumieran menos energía, que funcionaran mejor, que permitieran un mejor desempeño o que permitieran una reducción de volumen). Una vez preparado el plan íbamos acumulando todo lo necesario para ejecutarlo y solo entonces marcábamos la x en el calendario y comenzábamos a gestionar la logística del viaje.

Bueno, ya sé que ahora no lo hacen así, tal vez estas experiencias cayeron al vacío. Tal vez la planificación tal como la concebimos era innecesaria y bastaba la x en el calendario. Los dejo con un gráfico de cómo fue variando con los años la cantidad de observaciones hechas por los radares cubanos. Dato mata relato.

A mis lectores siempre les digo que lean, que se documenten, que pregunten a DeepSeek (o a cualquier otra que se su preferida) y finalmente, saquen sus propias conclusiones.

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