
Ya les conté a mis fieles lectores que el año 2010 fue especialmente duro para mí. Más de ocho meses de Ciatalgia muy intensa fue un reto enorme. Sin embargo, no me rendí, no retrocedí en las cosas que me tocaba hacer y tampoco renuncié a mis planes siempre muy ambiciosos en todos los ámbitos. Una de las cosas muy importante fue viajar a Montreal con Leonardo-Ichi a probar unos equipos fabricados según nuestro diseño para el prototipo de Radar Meteorológico Cubano (Doppler). Gentilmente Marco nos brindó hospedaje en su casa para ahorrarnos el pago de un hotel, demasiado costoso para el presupuesto asignado. El primer domingo que tuvimos libre (obviamente, que los montrealeses tampoco trabajan los domingos) Ichi y yo deseábamos ir a un pulguero que en francés es Marché Aux Puces. Pero …

Marco, que en su casa representaba a la dirección, al partido a la administración y al sindicato (humm, nepotismo decía Ichi), hizo la convocatoria de trabajo voluntario y nos aclaró que la participación se nos tendría en cuenta para la próxima Asamblea de Méritos (y nos amenazó que no podríamos aspirar a un «pan de estímulo» de los que daban por el sindicato y se compraban en la panadería del Parque Agramonte, que en esa época no era privada como ahora …desvarío, el tema del pan de estimulo merece post aparte). La FMC, representada por su esposa Sarai y la UJC, representada por Nino, su hijo, abogaban por el paseo; pero Marco, que también fungía de jefe de transporte (y el Marché Aux Puce quedaba bien lejos), dijo que ni timbales, que había trabajo voluntario. Yo quise hacer valer mi condición de enfermo de ciatalgia, pero no se me aceptó porque no presenté el certificado. No pude agenciarme mi tronco hueco así que tuve que «morder».

La «cosa» era tirar una cerca medianera con un vecino medio belicoso. Ichi, que a esas alturas ya tenía tres casas construidas a su haber, con sus respectivas cercas, fue nombrado «al frente de la actividad» y Marco y yo, fuimos los ayudantes medio inutilones, de esos que en cualquier trabajo voluntario se hacen las culebras inválidas y barajan todo lo que pueden.

Yo insistía que le metiéramos el pie al vecino para que se encargara él de la cerca; pero no conseguí el quorum para mi propuesta. Ciertamente, ninguno de nosotros clasificaba como metedor de pie y Marco decía que las normas de convivencia en Montreal indicaban que le tocaba a él tirar la cerca.

Arrancamos para un gran almacén donde Ichi compró todo lo necesario: cemento, arena, los postes de madera, una carretilla para batir allí el concreto, palas, clavos y algunas otras cosas y Marco generosamente pagó por todo aquello (que el dinero de nosotros era para Francisco Tilla, es decir Paco Tilla, en los pulgueros y tiendas afines de cosas baratas). Para ahorrar reusamos los casquillos metálicos de los postes viejos. Y …¿qué remedio? a tirar la cerca. Ya les dije en el título del post que el trabajo voluntario era un poco al este de Camagüey y algo al norte.

Para no dejar que parezca que Marco era un monstruo explotador debo decir que sí nos llevó de excursión «turística» al Marché Aux Puce, y también nos llevó a Addison, la gran ferretería de componentes electrónicos (que también quedaba en casa del demonio) donde compramos muchas cositas que nos hacían falta para el trabajo y para los «chivos» (incluidas las protecciones de refrigerador que fabricábamos para sobrevivir); Marco tuvo que sacarnos de ahí a la fuerza, porque ese es el paraíso para un ingeniero como nosotros y aunque no es que fuéramos a comprar mucho, pero nos quedábamos embobados goloseando los componentes. Tú coges una cesta y empiezas a echar componentes … allí hay de TODO lo que a uno se le haya podido ocurrir en su vida de ingeniero.

Sin embargo, donde más cosas compramos fue en la tienda de segunda mano que quedaba no muy lejos de la casa, el Village des Valeurs. Sábanas, toallas, zapatos, pantalones, camisas, pulóveres, todo de muy buena calidad y en muy buen estado (prácticamente todo lo que compré lo sigo usando hasta el sol de hoy). Sarai me explicó que la gente que se muda a otra ciudad, trae todo para estas tiendas, unos lo rematan por muy bajo precio, otros simplemente lo donan y la tienda los vende a precios muy bajos. Otra gente simplemente se cansa de la ropa y de las cosas que tiene, ropa, equipos o lo que sea y los trae y luego se compran cosas nuevas porque su economía les permite esa renovación de su ajuar.

Allí en el Village des Valeurs, yo me compré un horno de microondas Panasonic, buenísimo, por solo 18 CAD (menos de 10 USD al cambio). Aunque mi lector pueda no creerlo, cuando eso, en al año 2010, estaba PROHIBIDO por la Aduana de Cuba entrar hornos de microondas al país (sin comentarios). Para un simple mortal sería una barrera infranqueable; pero para Ichi y para mí eso era juego de niños. Desarmamos el horno completamente, lo hicimos piezas. Ichi entró las piezas y yo la caja vacía. La muchacha de la Aduana me pidió revisar la caja, ella insistía en que ESO era un horno de microondas y yo que no, que es solo una CAJA (y no estaba prohibido entrar cajas) y para demostrárselo saqué la caja y le demostré que dentro solo traía ropa sucia. Luego Ichi se llevó para su casa la caja y las piezas y me lo armó y lo usé durante muchos años, aún hoy le saco componentes para reparar otros hornos.

No quiero dejar de mencionar otro de mis lugares «turísticos» favoritos en Montreal desde mi primera visita: el todo-por-un-dólar que en Canadá se llaman DOLLARAMA donde hay mucha pacotilla de cosas chinas a muy bajo precio. Ya Ichi y yo teníamos experiencias en Inglaterra con La Tierra de la Libra. Visitamos además, como siempre que voy (y he ido siete veces), a los árabes que tienen tienditas de cosas de computación bastante baratas en la zona del Plateau Mont Royal (en el centro histórico de la ciudad).

Así pues ya usted ve, amable lector, ni de trabajos voluntarios ni de pacotillas nada más vive el hombre. Aparte de todas esas cosas mundanas y pacotillísticas nosotros, como quien no quiere la cosa, diseñamos y fabricamos el prototipo de Radar Meteorológico Doppler Cubano, sí, encargo del mismísimo Comandante en Jefe, aunque algunos se hayan olvidado de eso, sí, somos uno de los siete únicos grupos en el mundo que dominan todo (hardware y software) para fabricar un radar con know-how 100% propio. Los otros seis son más numerosos y su personal no pacotillea en los Village des Valeurs.

Para que no quedaran dudas, luego fabricamos dos más (en medio de la feroz pandemia de COVID-19), aunque lamentablemente ahora ninguno de los tres funciona en modo Doppler … se nota que ya no está la visión del Jefe. Con muchísimas cosas compradas (incluyendo los 10 procesadores Doppler donados por los ingleses) para hacer Doppler los otros cinco … no sé, al parecer eso está detenido. LADETEC no ha sido tímido en ofrecerse para continuar los trabajos y echar a andar todos los radares que están parados o mal funcionando. Leonardo-Ichi repara radares con el mismo entusiasmo que tira cercas o fabrica un Doppler.

Despues dicen que todo mi turismo es de pacotilleo, pero es mentira, también nos llevaron de puro paseo turístico por Montreal.

PS. Ahora Ichi, para no perder el entrenamiento, está enfrascado en un trabajo voluntario al noroeste de Camagüey, tirando una cerca también, pero una cerca muuuucho más grande…(sufre Marco, esto sí es una cerca con todas las de la ley).

Deja una respuesta