Radares Mirando al Sur

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Trabajar mientras eras becario cubano en la Unión Soviética

Los becarios cubanos recibíamos un estipendio de 90 rublos mensuales, excepto los que estudiaban en institutos militares que recibían más. De ahí había que pagarse todos los gastos. No era mucho, pero con eso se podía vivir bien, pagar el transporte, ir al cine de cuando en cuando, ir tal vez a un restaurancito no muy caro, o ir un día y pagarse un helado en un Café de moda en la calle Arbat y claro, comprarse ropa, zapatos y materiales escolares. Uno siempre quería más, porque aparte de vivir había que traer “cositas” de regalo para amigos y familiares en Cuba y cosas que hacían falta en nuestras casas. Los estudiantes soviéticos trabajaban en las vacaciones, pero los cubanos teníamos prohibido (nadie sabía por qué, a fin de cuentas, todos los estudiantes universitarios del mundo trabajan para mejorar su vida en lo que estudian). Aclaro que en la Unión Soviética no había nada “por la izquierda” (me refiero a trabajo informal, sin papeles). Para trabajar en cualquier parte, por muy efímero e insignificante que fuera el trabajo, necesitabas un permiso que debía darte el Instituto donde estudiabas, sin eso, ni modo. Hasta que un día …

La UJC nos convocó a recaudar dinero para el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, Los funcionarios del MES en la embajada dieron indicaciones a los decanatos de estudiantes extranjeros de todos los centros de educación superior y media superior donde había becarios cubanos para que viabilizaran el proceso y dieran los permisos correspondientes. Yo pienso, juzgando por mi centro, que todos ayudaron y hasta gestionaron los centros de trabajo donde pudiéramos ejecutar la tarea. Cumplimos exitosamente, en mi caso fue en un lavadero de guaguas. Se “abrió el banderín” de conceder permisos para trabajar y nadie se ocupó de cerrarlo. Nosotros, los becarios cubanos, ni cortos ni perezosos, lo aprovechamos de inmediato. Ese año 1978, el del Festival, a mis compañeros de año y a mí por supuesto, nos tocaban vacaciones en Cuba, por tanto, en esas vacaciones no trabajamos.

Instituto del Transporte de Moscú, hoy Rossiskii Universitet Transporta.

Comenzamos a trabajar en las vacaciones de verano de 1979. Ya les comenté, había que llevar permisos del decano, chequeo médico, o sea, todos los papeles en norma. Nosotros, los estudiantes de Automática, Telemecánica y Comunicaciones del Instituto de Transporte de Moscú vivíamos en el albergue # 4, ubicado al norte de Moscú, enclavado en una zona industrial. Teníamos numerosas industrias donde probar. Era la primera vez que íbamos a trabajar “por cuenta propia”, es decir, para ganar dinero para nosotros mismos. Yo había trabajado mucho y duro en mis años de preuniversitario, tal como narré en el post sobre los 50 años de nuestra graduación, pero esos trabajos siempre habían sido no remunerados, era trabajo voluntario. Aclaro, durante el Preuniversitario también hacíamos la modalidad de estudio-trabajo, por la cual pagaban un estipendio más bien simbólico. Casi todos trabajamos en el sistema del Carné de Identidad (que aún no existía) – Registro de oblación, pero eso es materia para otro post.

Albergue # 4 del MIIT

Como es lógico (el asesino siempre regresa al lugar del crimen) fuimos a limpiar guaguas, que a lo largo de las vacaciones también lo usamos eventualmente como un segundo trabajo. Fuimos a una fábrica de jabones, donde el trabajo consistía en meter en cajas  jabones que venían en una estera, no podías apartarte ni un segundo, el trabajo era continuo hasta que la capataz parara la estera para darnos un “perekúr” (Перекур, es decir, un tiempo para fumar, o para rascarte un ojo los que no fumábamos). Allí es donde tú constatas en la práctica por qué la clase obrera es la que desarrolló su conciencia de clase de lucha organizada. Fuimos también al Combinado Cárnico, donde pagaban mejor, pero el trabajo era bestial, había que manipular medias-vacas (rusas, no vaquitas muerta-de-hambre). Otro día probamos en una fábrica de detergentes. Era muy tóxico, el aire era irrespirable, aunque el trabajo en sí mismo no era tan pesado.

Combinado Cárnico de Moscú en la actualidad.

Finalmente fuimos a carenar al Combinado Lácteo, que fue donde más tiempo y más a gusto trabajamos. Nosotros buscábamos un lugar donde pagaran bien y no hubiera que estar tantas horas (bueno, eso es lo que quiere todo el mundo). En el Combinado Lácteo había dos tipos de trabajo: por horas y a destajo. Al trabajo por horas el capataz lo denominaba “el PurePak”. PurePak eran los envases de cartón para leche, yogur y cualquier otro de los productos lácteos líquidos de los cuales los cubanos no tienen la menor idea )kefir, prostokvashina, riazhenka…), pero el capataz le decía así porque era un trabajo en el que, mayormente, te pasabas ocho horas moviendo estibas de esos empaques de un área para otra. No era un trabajo pesado, uno mismo seleccionaba qué cantidad mover en cada viaje. A veces había que hacer otros trabajos, limpiar determinadas áreas, o cualquier otra cosa que necesitaran, pero eran trabajos suaves. No pagaban más de cinco rublos por las ocho horas.

Productos lácteos rusos envasados en PurePak, cartón encerado y estéril.

El otro tipo de trabajo era el más codiciado por todos los que amanecían allí luchándose una pincha. Allí había no solo estudiantes, había ingenieros jóvenes, trabajadores de sectores intelectuales en busca de un complemento para mantener a sus familias (soviéticos, mayormente rusos). El trabajo a destajo era bajar una casilla de tren (el ferrocarril llegaba hasta dentro del combinado). Lo daban para cuatro y los cubanos casi siempre éramos cuatro: Santiago, Galano y yo, fijos y eventualmente uno de los Pedros (Seijo o González). Era un trabajo fuerte, “para hombres”, como se suele decir. Se pagaba bien, 11-14 rublos per cápita el vagón. Terminabas el vagón, te pagaban y te ibas.Nosotros siempre íbamos a pedir vagón, pero el capataz nos complacía una vez sí, cuatro cinco no. Algo debo decir en su favor, él nos tenía en alta estima, trabajábamos duro, rápido y muy bien, en el PurePak donde otros majaseaban y se escurrían (o trataban), nosotros estábamos ahí y no nos escatimábamos. Los vagones más “peluces” (y mejores pagos) se los daba a sus mejores guerreros, es decir, a nosotros, los “cubaniches”.

Combinado Lácteo en Moscú.

Los vagones venían con cualquier cosa, sacos de azúcar, sacos de detergentes, sacos de cemento, mayormente los sacos eran de 22-25 kg y nosotros habíamos desarrollado una gran habilidad y coordinación bajando las casillas. El peor vagón que recuerdo (y que nos pagaron muy bien) era de piedras. Piedras grandes, irregulares, filosas, difíciles de agarrar, salimos arañados por todas partes porque había que agarrar y pegárselas al cuerpo para poderlas mover. Ese episodio fue agotador, pero salimos felices por el pago (pagaban diario).

Hombres descargando una casilla de tren.

Retornemos al PurePak. Mi primer día fue apoteósico. Cuando te destinaban al PurePak entrabas y te ponías a disposición de un capataz. El primer día a Galano y a mí nos mandaron para la “Sgushionka” (сгущёнка, forma abreviada y familiar de сгущённое молоко, que quiere decir leche condensada), la súper selecta área donde se fabricaba la leche condensada, el santuario de la fábrica, un área muy restringida. Allí solo trabajaban mujeres, de más de 40 años, obreras muy experimentadas.

´Leche condensada rusa y otros productos lácteos,

Ahora hago una digresión. Galano y yo practicábamos Gimnasia desde segundo año. Practicábamos duro, yo sin éxito (bueno, yo tenía mis récords), pero Galano sí era bueno, especialmente en el caballo de salto. Lo cierto es que estábamos en una forma física envidiable. Cuando digo envidiable no es que alguien nos mirara y envidiara nuestros músculos, sino que estábamos en la mejor forma física que nosotros hubiéramos tenido en toda nuestra vida. Sin embargo, éramos chiquitos, descomidos, pero fuertes. Para que el lector se haga una idea: yo pesaba 53 kg, Galano un poco menos porque era más bajito que yo. El entrenador de boxeo nos había propuesto que pasáramos a su área al vernos entrenar Gimnasia, porque él no lograba conseguir rusos de menos de 63.5 kg para competir. Bueno, que por algo se compite en judo, lucha, boxeo, halterofilia … por peso corporal.

Galano y yo sumados hacíamos como medio ruso.

Ahora sí, volvamos a la Sgushionka. El trabajo era ni más ni menos que mover sacos de azúcar parda cubana. Es decir, moverlos de la estiba al área donde se iban a usar. Todo parece simple, pero comprenderán que no lo es cuando les diga que los sacos pesaban 50 kg, y ya les dije cuánto pesábamos nosotros. Mientras la estiba estaba alta era más sencillo. Uno se trepaba y le movía el saco hasta que caía sobre los hombros del otro, y viceversa. Luego, cuando la estiba estaba más baja ya era más difícil, igual, nos ayudábamos uno al otro, o sea, que teníamos la productividad de medio ruso.

Leche condensada rusa, de distintos y deliciosos sabores.

Ya al mediodía, olviden lo que les dije de la buena forma física, las piernas nos temblaban. Las mujeres nos miraban con ternura y lástima y nos regalaron un litro de leche condensada a cada uno (eso estaba totalmente prohibido); pero pruebe mi incrédulo lector a tomarse eso a cun-cun a ver si puede con media lata de leche condensada (que no dudo que haya jamaliches que puedan, pero nosotros éramos, y seguimos siendo, personas normales para comer). Tomamos leche condensada y no “comimos miedo” allí estuvimos estibando esos sacos de 50 kg hasta que sonó el pito de terminación del trabajo. Ya lo he dicho en otros posts, mi generación nunca le ha tenido miedo al trabajo.

Mis compañeros soviéticos del aula, como ven, no hay dudas, éramos de izquierda.

En cuarto año varios de mi aula (soviéticos) fueron al Stroiotriad. Este término tiene una fuerte connotación histórica en los países de la ex URSS. Los стройотряды eran brigadas de estudiantes (universitarios o de institutos) que, durante las vacaciones de verano, viajaban a realizar trabajos de construcción en grandes proyectos por todo el país. Ellos fueron al BAM — el Ferrocarril Baikal-Amur. Era una mezcla de trabajo, vida comunal, romance y espíritu de aventura, que se convirtió en un verdadero símbolo de la juventud soviética. A los cubanos de mi año no nos lo permitieron. Leonardo-Ichi, que estudió 10 años después, sí tuvo esa oportunidad y se ganó una indecente cantidad de dinero, allí comenzó su historia de constructor, en medio de la Siberia, donde obtuvo un Diploma de Honor por Mejor Constructor levantando una escuela en condiciones muy difíciles de vida y trabajo.

Y nada, a lo largo de nuestras vidas hemos tenido que trabajar duro, y lo seguimos haciendo hasta hoy día.

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