
Yo siempre, desde que tengo «uso de razón», quise ir a estudiar a la Unión Soviética. Mi tío Evaristico fue de esos primeros militantes de la Asociación de Jóvenes Rebeldes cubanos que después de «hacer los Cinco Picos» viajó a estudiar en la Unión Soviética. Sí, cuando se comentaba que allá «les lavaban el cerebro». Mi tío solía mandarme encendidas cartas-arengas (cuando yo apenas aprendía a leer y escribir) ponderando las virtudes del socialismo soviético y me mandaba postales, de la Plaza Roja, de Lenin. No se necesitaba mucho para prender la mecha de mi ilusión. Mi tío emigró para los Estados Unidos en 1991 y desde entonces ha intentado infructuosamente «reprogramarme». Lamentablemente para él yo soy de esos tipos de memoria ROM que se graba una sola vez. No sé si será la Ley de la Atracción o qué, pero yo desde pequeño me veía a mí mismo no solo en cualquier lugar de la vasta Unión Soviética, sino precisamente en Moscú. Por poco no sucede, pero al parecer «estaba escrito» como dice la gente.

El Gobierno Revolucionario había desarrollado exitosamente la Campaña de Alfabetización, se necesitaba otro escalón para impulsar la educación más arriba y la Unión Soviética generosamente tendió su ayuda. En realidad el programa de ayuda comenzó incluso antes que la Campaña de Alfabetización que se ejecutó durante todo el año 1961. El programa se inició formalmente el 16 de noviembre de 1960 con la firma de los primeros convenios. Las cifras de estudiantes crecieron rápidamente apoyando la demanda cubana. 1961-1964: 4,000 cubanos realizaron cursos técnicos y profesionales en 180 especialidades, y otros 400 estudiaron carreras completas de ingeniería y ciencias. Mediados de los 60: Para mediados de 1963, ya había más de 4,000 estudiantes cubanos en la URSS.

En 1977 se firma un nuevo convenio ampliando la colaboración. Cuba se preparaba para la doble graduación de preuniversitario. Coexistirían en 1977 los graduados del plan de 12 grados que se restablecía y los del efímero plan de 13 grados. Los centros de educación superior en Cuba no tenían capacidad suficiente para asimilar tantos graduados de preuniversitario. Hasta 1977 solo había un centro (en La Habana) donde se preparaban los estudiantes en idioma ruso, se llamaba la Facultad Preparatorio Hermanos País (probablemente funcionaba desde principios de los 70, hasta finales de los 80). Sin embargo, en 1977 se abrieron preparatorias en las antiguas provincias (antes de la nueva división político-administrativa). De este modo en 1978 llegó la doble graduación a la Unión Soviética.

Finales de los 70: Tras un nuevo protocolo bilateral firmado en 1977, el número de becarios aumentó hasta 2,600 anuales. Pico histórico: Para el curso 1980-1981, la cifra alcanzó los 6,395 estudiantes cubanos en la URSS. No hay cifras exactas de cuántos estudiantes se graduaron en la Unión Soviética hasta su extinción en 1991, se estima entre 100 mil y 300 mil. El problema es que no solo fueron los cursos regulares de nivel superior y medio, también se hicieron miles de cursos cortos, en temas especializados para cubrir demandas ramales específicas.

A partir de 2014, la federación Rusa renovó los programas de colaboración. Se estima que desde entonces se han graduado unos 50 mil estudiantes cubanos. En el año 2024 había 274 estudiantes cubanos distribuidos en 25 universidades rusas.

En mi opinión, los graduados cubanos formados en la Unión Soviética tuvieron un impacto profundo y multifacético que configuró el perfil moderno de Cuba, al constituir la columna vertebral técnica y científica del país durante décadas, introducir metodologías y cultura soviética en la educación y la vida cotidiana, y consolidar un modelo político alineado con el bloque socialista. Estoy orgulloso de haber sido uno de ellos.

Decenas de miles de profesionales regresaron no solo con títulos en ingeniería, ciencias, medicina y humanidades, sino también con el idioma ruso, prácticas culturales y un enfoque ideológico que permeó la sociedad. En lo técnico e industrial, fueron fundamentales para desarrollar sectores estratégicos como la energía nuclear, creando y liderando instituciones y aplicando conocimientos en geología, minería y planificación que sostuvieron la economía. Culturalmente, popularizaron la literatura, el cine, la música y hasta la pedagogía soviética, mientras que, en la esfera política e institucional, su formación ayudó a institucionalizar un modelo de desarrollo socialista, y una visión del mundo que marcó a generaciones.

Su legado fue fundamental para sostener y hacer avanzar la Revolución en su fase de consolidación, convirtiéndolos en una «élite técnica» que impulsó logros en educación, salud y desarrollo industrial. Sin ellos, el aislamiento de Cuba ante el bloqueo estadounidense habría sido mucho más severo. Hoy, ese impacto se ve como un puente entre dos eras socialistas, con contribuciones que perduran en profesionales cubanos formados bajo estándares rigurosos soviéticos.

Nuestras universidades se fortalecieron con profesionales que hicieron doctorados en las más disímiles especialidades de Ciencia Técnicas y Exactas y contribuyeron a la formación en Cuba de profesionales de alto nivel.

En lo personal, para mí lo mejor que me pudo haber sucedido fue estudiar en la Unión Soviética. El idioma ruso expandió mi intelecto a un nivel que yo ni siquiera sospechaba que podría llegar. Yo había leído unos pocos autores rusos antes de ir a estudiar, allá tuve acceso a otros muchos que ni siquiera había oído mencionar. Yo había leído a Dostoievski, Chejov, Gogol y otros, pero solamente al leerlos en ruso, habiendo conocido las costumbres y usanzas del pueblo ruso es que logré entenderlos del todo (si es que esto es posible).

En los aspectos técnicos ni hablar, recibí clases de altísimo nivel de doctores en Ciencias y académicos, tuve acceso a las mejores revistas DEL MUNDO, que se traducían al ruso mensualmente y estaban disponibles en la biblioteca de mi Instituto. La innovación tecnológica basada en sólidos conocimientos técnicos es un legado de mis estudios en la Unión Soviética.

Yo estaré por siempre agradecido a todos los que contribuyeron a mi formación en la Unión Soviética. Aquí los dejo con una foto en la que estoy mi tío, el que me inculcó a tierna edad el amor por Rusia.

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