Radares Mirando al Sur

Fundamentos, Tecnologías, Aplicaciones, Historia y Memoria

La pieza que faltaba … 24 años después

La organización de mi cerebro es algo bien complicado. Yo soy muy buen observador y un interlocutor muy atento; pero las personas que me hablan no saben que en mi cerebro «corren» algoritmos de fondo que funcionan siempre, no es cosa que yo sea consciente de eso. El caso es que para yo asimilar en mi cerebro la información que me suministran las personas al conversar necesito que esa información «se acomode» y «se acople» con la información ya existente, que no haya contradicciones. Me resulta muy fácil detectar cuando una persona me dice mentira porque lo que me dice no se acomoda, choca, no encaja con otras informaciones relacionadas o con la base de datos general de la persona que se construye automáticamente en mi memoria. No es que yo ponga alguna intención en eso, es que yo tengo memoria fotográfica, o algo más que fotográfica porque yo recuerdo olores, colores, sonidos, diálogos. Esto generalmente es un sobrecalentamiento inútil pero a veces …

El extraordinario suceso que les voy a narrar ocurrió hace 24 años.

El 13 de septiembre del 2001 yo volé a Roma, a pesar de que mucha gente me recomendó que no lo hiciera. El 11 habían ocurrido los infaustos acontecimientos de las Torres Gemelas y se especulaba sobre un atentado al Papa en el Vaticano. En el aeropuerto Leonardo da Vinci de Roma en Fiumicino los controles eran excesivos y obstaculizaban seriamente el flujo, pero no ocurrió nada y yo tuve razón en viajar. Por otra parte, yo siempre he pensado: «lo que está pa ti, ni aunque te quites, y lo que no está pa ti, ni aunque te pongas». No es cosa que una amenaza de ese tipo me fuera a asustar.

Mis amigos (de cartas de papel/sobre/sello) y eminentes científicos de la Meteorología de Radar, Eugenio Gorgucci y Gianfranco Scarchilli, investigadores en el célebre Centro Per la Fisica dell´Atmosfera, me habían invitado y me habían procurado el financiamiento por el Programa de Entrenamientos en Centros Científicos Italianos que auspiciaba el Centro de Física Teórica de Trieste. Yo tenía financiamiento por un año, el estipendio para un doctor (PhD) era muy bueno.

El trabajo era una oportunidad realmente única. Yo había visitado radares Doppler y Polarimétricos en Estados Unidos y Canadá y había hecho infinidad de preguntas, me habían dado planos y habían aclarado numerosas dudas; pero el de Roma me proporcionaba una oportunidad aun mejor: podía «jugar» con el sistema de adquisición de un radar Doppler y Polarimétrico. Fascinante, yo mismo capturaba los datos porque este radar (Polar-55C), a diferencia de los anteriores, no estaba en servicio ni estaba en ese momento participando de ningún proyecto. Eso me daba la libertad de variar los regímenes de adquisición y «palpar» los efectos sobre las variables polarimétricas y por supuesto, preguntar a fondo a mis doctos anfitriones. Incluso tuve la oportunidad de calibrar el radar y eventualmente ayudé en una reparación.

Para más suerte, el sistema que tenían para procesar los datos era usar una cadena de varios programas, algo muy engorroso, porque eran software muy antiguos, interpretados no compilados. Yo me ofrecí y desarrollé un sistema de procesamiento sobre una plataforma de software más moderna, algo muy cómodo, rápido y automático, un remedo de nuestro VESTA|Process. El trabajo científico era la mar de interesante. El conocimiento sobre un radar Doppler y Polarimétrico consolidó mi comprensión y que luego fue implementado en el Radar Meteorológico Cubano (Doppler) encargado por el Comandante en Jefe.

Por otra parte … Roma. Roma «vaut bien une messe«… ah no, esa era París; pero bueno, «Roma è sempre una buona idea» y «Non c’è nessun posto come Roma«. Sí, mis sábados y domingos estaban destinados a pasear por Roma y mejorar mi italiano que era nulo al llegar, pero al irme ya veía películas en italiano y me metía en discusiones de todo tipo con los colegas en italiano.

A pesar de lo magnífico del plan científico y de lo maravilloso del paseo confieso que mi principal motivación era monetaria. Sí, necesitaba el «vil y mezquino» para tratar de permutar el apartamento en un cuarto piso por algo más grande porque tenía a mis dos hijos adolescentes en un solo cuarto (y, además, tenía que subir y bajar a veces las tres bicicletas cuatro pisos). Nada, nunca conseguí permutar, fue el Gobierno quien me lo facilitó; pero ya esa es otra historia. Mi propia esposa, a pesar de las dificultades de quedarse sola me había impulsado a aceptar la pasantía.

La situación para ella, que es de La Habana y no tiene parientes en Camagüey, no era fácil. El apartamento era en el Reparto Puerto Príncipe. Ella siempre ha sido profesora de la Universidad de Camagüey. Mi niña Orlý comenzaba la secundaria básica y para proporcionarle mejores estudios la pusimos, al igual que habíamos hecho con su hermano, en la Secundaria Ana Betancourt, en Florat, en dirección opuesta a la Universidad. Mi hijo, ya en grado onceno estaba en la preselección de concursos de Física en la Lenin, en La Habana y de hecho, estando yo en Roma asistió a la Olimpiada en Bolivia. Todo esto sumaba numerosas preocupaciones y ocupaciones para ella. Yo, como cuestión de apoyo emocional le pasaba cada día un mínimo de seis mensajes de correo electrónico; pero podían llegar hasta 10.

Habría transcurrido ya un mes o algo así cuando empecé a recibir mensajes de correo quejosos de que yo «no le escribía a ella y a mis amigotes de LADETEC, sí». Y yo que «cómo que yo no escribo», si yo seguía con la misma frecuencia de mensajes diarios para ella. No existían los teléfonos celulares cuando eso, por supuesto, bueno, me refiero a nuestro entorno. Pensé –algo está fallando en la salida del servidor de la entidad mía. Usé la cuenta de yahoo (sí, todavía el gmail no era una realidad cotidiana) y le pasé un mensaje. Llegó. Pasé otro, no llegó. Hice otra cuenta de correo en yahoo, pasó. El segundo no pasó.

Pasé mensajes de correos desde todas las cuentas a mis compañeros de LADETEC y todos llegaban. Pasé a Ramoncito en Estados Unidos, llegaban sin problemas. Pasé a Marco en Canadá y llegaban, desde cualquier cuenta. Le pedí a mis compañeros de LADETEC que fueran al nodo de la Universidad, a través del cual recibíamos el correo en la casa por enlace telefónico. Allí trabajaba Yordanis, que había hecho prácticas con nosotros igual que Alexey y que era muy amigo mío y de los ingenieros de LADETEC. Nada anormal encontraron.

Este asunto, más los viajes de mi hija cada día a la secundaria, más la ausencia de mi hijo, más las colas en la bodega, en fin … mi esposa no la estaba pasando nada bien. Yo entendí que la situación era insostenible. Con dolor de mi alma y franca consternación de mi bolsillo tuve que hablar con Gorgucci y acortar mi pasantía. No obstante a mi deseo, no era asunto fácil y rápido de tramitar. Pude regresar el 16 de diciembre (día de mi cumpleaños) de ese año 2001. Habían pasado 95 días solamente. Dejé de ganarme un buen dinero; pero no fui más pobre por eso.

Ya les comenté a mis lectores que mi cerebro siempre busca una explicación lógica a las cosas. Consulté con Marco y con Ramoncito y no encontramos otra explicación que no fuera que alguien bloqueaba mi dirección de correo electrónico en el nodo de la Universidad. Ante la imposibilidad de viajar de inmediato, pues no me quedó de otra que «hacerme» una cuenta de correo electrónico nueva para pasar CADA correo, el segundo no pasaba. Alguien se tomaba el trabajo de chequear cada correo que llegaba a la cuenta de mi esposa y bloquear al remitente. El tipo era perversamente eficiente. Nunca entró un segundo mensaje (que yo lo intenté con todas y cada una de las cuentas, así como era él de metódico para bloquear, lo era yo para probar un segundo mensaje, yo numeraba los mensajes, para poder llevar la cuenta).

Nada, una guerra no declarada. Cuesta trabajo pensar en alguien tan sucio. En Florat-colindando-con-Timbalito, donde yo nací y me crié, esos asuntos se resolvían de forma simple y ya que se leía mis correos pues se lo expresé muchas veces: resolvamos esto como hombres, pero no, las ratas son ratas, usan cualquier medio y no se puede esperar que actúen como hombres.

Cuando regresé fui al nodo, hablé con cada uno de los muchachos, ninguno se me hizo sospechoso, me miraban a los ojos de forma inocente y transparente. Ni siquiera lograban entender lo que yo les decía. Por otra parte, ninguno de los muchachos tenía un motivo, ni siquiera los que fueron alumnos de mi esposa, que es una profesora recta e inflexible. El comportamiento de estos muchachos al paso de los años, su trato cordial conmigo y con mi esposa corroboró que no, que ninguno de ellos tuvo nada que ver.

El enigma se me quedó atascado en la mente. Nunca tuve un candidato a sospechoso. Hace unos días Alexey vino de México y como siempre pasó por mi casa. Hablamos de esto y de aquello. Hablamos de cuando Alexey estuvo de jefe de departamento (de Eléctrica en la Universidad de Camagüey) y de cómo alguien de arriba se empeñó en joder a cierto profesor y de cómo trataron de involucrar a Alexey y de cómo Alexey no se los permitió; pero no obstante, al tipo lo machucaron, vaya usted a saber por qué. El caso es que hablando y hablando Alexey, explicándome el porqué él suponía que querrían apabullar a este profesor me dijo algo que yo desconocía totalmente –nada si este hombre fue de tal año a tal año responsable de seguridad informática a cierto nivel y «en ejercicio de sus funciones» jodió a unos cuantos … Revelador, este era «el tipo», el que podía leerse los correos, el que podía bloquear remitentes, el Dios Todopoderoso.

El motivo: la Envidia. Que él era un envidioso y un frustrado yo lo sabía muy bien, sus expresiones (corporales y verbales) no dejaban lugar a dudas; yo lo que desconocía es que él tenía el poder de hacerlo. No voy a abrumar a mis lectores con mis suposiciones de qué me envidiaba a mí o a mi esposa, pero el hecho de que envidiaba no hay dudas, podría citar testigos. El envidioso te puede envidiar cualquier cosa. Te puede envidiar el marido (a mi esposa UN TIPO le envidiaba el marido), la mujer, los hijos, el trabajo, el carro, la casa, los amigos … la huella que has dejado en una persona, y eso es algo que no puedes controlar. Cualquier persona puede envidiar cualquier cosa, lo verdaderamente retorcido es que la rata-envidiosa haga algo contra ti por envidia, pero así es la humanidad. Dios me mantenga a mí y a mi familia lejos de los envidiosos.

Otras veces me han pasado cosas así, que no entiendo cuando suceden y mucho tiempo después aparece la pieza clave del rompecabezas y todo cae en su sitio, la verdad siempre se abre paso, solo hay que tener buena memoria.

Amable lector, olvídese de eso de la envidia y lea de mis papelazos en Roma:

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