Radares Mirando al Sur

Fundamentos, Tecnologías, Aplicaciones, Historia y Memoria

Che: de la Guerrilla a la Automatización Industrial

Hace un tiempo planteaba en este blog una pregunta que me ronda desde hace años: en la automatización industrial cubana, ¿qué fue primero, el huevo o la gallina? Hoy, al ver el derrotero de nuestra industria, creo que estamos poniendo la carreta delante de los bueyes de una forma que me parece alarmante.

Se habla de reindustrializar, de importar tecnologías de punta, de dar el salto a la Industria 4.0 y, por qué no, a la fantástica y amigable Industria 5.0. Suena bonito en los discursos, a la verdad. En Cuba los jefes se han convertido en «trazadores de estategias en el papel»; pero en la práctica —me da la impresión— que intentamos construir rascacielos sobre cimientos de barro. Y en ese empeño, hemos olvidado la lección más lúcida y profética que nos dejó Ernesto «Che» Guevara hace más de sesenta años. Sígame y les doy mi opinión, que, claro, puede estar equivocada, no tengo dones de gurú.

¿Por qué traigo el pensamiento del Che a la actualidad?

No es notalgia del pasado. No es dogma obcecado. No es adoración a una figura. Es que el Che, en sus tiempos de ministro de Industrias DEMOSTRÓ en la práctica la validez de sus ideas. El país alcanzó un desarrollo extrarordinario e inusitado en esos años. Con el Che comparto la frase de Marx que a mí también me ha servido de guía en mis 45 años de trabajo:

Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento.

El Che, aparte de dar discursos, y escribir mucho, de muy diversos temas, como Ministro de Industrias entre 1961 y 1965, impulsó un ambicioso proyecto de industrialización que combinó la creación de infraestructura productiva con una visión pionera de la ciencia y la tecnología. Bajo su dirección se inauguraron industrias importantes como la Planta Mecánica de Villa Clara —la «fábrica de fábricas»—, la acería de Nuevitas y la fábrica de alambre de púas en Camagüey, entre otras. Paralelamente, fundó nueve institutos de investigación/desarrollo en áreas como derivados de la caña, minerales, química y automatización. Sus estrategias no eran de papel, quedaron escritas con sudor de obreros y jirones de su vida en la realidad cubana.

La visión olvidada del Che: Una secuencia, no un salto

Cuando el Che era Ministro de Industrias, no se limitó a repetir consignas. Se sentó a planificar. En su famosa carta de despedida a Fidel del 26 de marzo de 1965, dejó escrita una hoja de ruta que hoy, vista con perspectiva, parece un manual contra la improvisación. Decía textualmente:

«Hay que invertir en la industria, dentro de esta hay que tomar la industria más moderna; hay que tener una base mecánica suficientemente sólida, con una base metalúrgica elemental, por lo menos. Hay que hacerlo. Hay que dedicarse a la química del petróleo, del azúcar, la química básica… Hay que automatizar, única forma de competir. Hay que atender al problema inquietante del mantenimiento preventivo…»

Observen la jerarquía impecable: primero la base mecánica y metalúrgica, luego la química, después la automatización. Y, como condición sine qua non para todo lo anterior, el mantenimiento preventivo. Para el Che, la tecnología más avanzada era inútil sin un ecosistema industrial que la sostuviera. Por eso creó la Dirección de Automatización y Electrónica y la Escuela de Automatización: no para comprar tecnología, sino para fabricar capacidad nacional. Caramba, ¿ya en los cursos para cuadros de la Ñico López no enseñan eso?

Pero su diagnóstico más lúcido en la otra carta de despedida fue su opinión sobre la improvisación. En esa carta, sentenció: «Creo que hemos cometido muchos errores de tipo económico. El primero de ellos, el más importante, es la improvisación». Si hubiese visto lo que ha sucedido del 2019 a la fecha …

¿Y hoy? La industria 4.0 como una imposición, no como una elección

Avancemos rápidamente al presente. Ya hemos discutido aquí, en este blog, los fundamentos de la Industria 4.0 y hasta los peligros de la mal llamada Industria 5.0. Pero hay un detalle que hemos pasado por alto y que es la madre de todas las trampas: la industria 4.0 ya no es una opción, es una dictadura del mercado.

Como señalé en Cuba versus el AIoT, los fabricantes de maquinaria industrial moderna solo producen equipos en modo IoT+IA. No hay alternativa analógica o semiautomática en el catálogo. Es decir, o compras la tecnología 4.0 (con todos sus requisitos de infraestructura) o no compras nada. Es la «gallina» tecnológica que exige un «huevo» de oro que no tenemos.

Y no, no es exageración. Pasa hasta con los electrodomésticos. ¿Quiere comprar un televisor de pantalla grande? Pues le viene con mil dos funciones IoT integradas que usted no pidió, que exigen conexión a Internet y que dependen de servidores en el extranjero para funcionar en modo normal, y usted solo quiere ver la novela o la pelota, no ya para ver Netflix. La obsolescencia programada ya no es solo de piezas mecánicas; es de certificados digitales, actualizaciones forzosas y servicios en la nube que se desconectan si no pagas las suscripciones.

El problema de fondo: La infraestructura que no tenemos

El Che hablaba de «base mecánica suficientemente sólida». Nosotros, en pleno 2026, seguimos sin tenerla y lo poco avanzado con las Plantas Mecánicas retrocede. En lugar de construirla, pretendemos dar saltos mortales hacia la inteligencia artificial aplicada a la producción, esperando un milagro. Más improvisaciones —como alertó el Che en su otra carta de despedida.

Permítanme ser brutalmente concreto, como hiciera enuno de mis posts:

Problema energético: Un corte eléctrico en una industria 4.0 no es una simple pausa. Es un caos. Hay que reiniciar sistemas operativos, reconectar módems, rezar porque los PLCs industriales no hayan perdido la configuración. Ya en LADETEC hemos tenido experiencias lidiando con eso. En un país con la crisis energética que padecemos, meter equipos que se bloquean con un apagón es una locura si esos equipos industriales no tienen su propia energía.

Problema de conectividad: La IoT y, peor aún, el AIoT requieren ancho de banda ultrarrápido y estable. Nuestra red de datos, sumada a los cortes de fibra y la saturación, convierte cualquier intento de monitoreo remoto en una pesadilla de latencia y paquetes perdidos.

Problema de mantenimiento: Si algo se daña (y se dañará inevitablemente, recuerden el transbordador que explotó), ¿quién lo repara? Los técnicos cubanos son brillantes, lo hemos demostrado durante muchos años, pero no pueden reparar un circuito sumergido en resina endurecida ni resucitar un algoritmo propietario en la nube si el fabricante decide que ya no da soporte. Se trata de que lidiamos con “cajas negras” manejadas desde “la nube”, que quiere decir, desde servidores en el extranjero. No hay posibilidad de trampear los mantenimientos, no se puedo eso de échale Multi A o Muti B, si no le echas el aceite indicado los sensores lo detectan

El IoT: ¿Progreso o sumisión? La dialéctica del Che aplicada al presente

En mi post IoT: ¿progreso o sumisión? yo planteaba la dualidad inherente a toda tecnología. No es neutral. Puede ser una herramienta de liberación o una cadena de ataduras.

El Che lo entendía perfectamente. Por eso insistía en que

«la electrónica se convierte en un problema político fundamental del país».

No era un enamorado ciego de la tecnología; era un estratega que sabía que la tecnología, en manos ajenas, es una nueva forma de neocolonialismo.

Contrastemos dos mundos:

El refrigerador ruso de los 60-70-80: Un termostato bimetálico, un compresor sencillo, un circuito eléctrico elemental. Cualquier electricista con un multímetro y un soplete lo repara. Es propiedad real del usuario.

El refrigerador IoT actual: Sensores digitales IoT con inteligencia artificial en el borde, placa madre, módulo WiFi, dependencia de la nube del fabricante. Si el fabricante quiebra o decide apagar el servidor, o simplemente te apaga tu conexión porque dejas de pagar la suscripción (que hasta te traiciona a tus espaldas), el refrigerador deja de funcionar y se queda para alacena cara. Es propiedad nominal; el control real está en otro continente.

Si aplicamos esta lógica a nuestras fábricas, el escenario es aterrador. Estamos importando maquinaria cuyo «cerebro» está fuera de nuestro control. Estamos externalizando la inteligencia de nuestra industria.

¿Es esto lo que el Che llamaba «desarrollo»? Humm … no sé Rick, a mí me parece que no.

Conclusión: Volver a la esencia, no a la retórica

El Che no se opondría a la automatización; al contrario, él la abrazaba como el camino hacia el comunismo, liberando al hombre del trabajo repetitivo. Pero exigía condiciones:

  • Formación de cuadros (la Escuela de Automatización).
  • Base mecánica y metalúrgica propia.
  • Planificación rigurosa (nada de improvisación).
  • Mantenimiento preventivo como dogma.

Hoy, en nombre de la modernidad, estamos saltándonos todos esos pasos (Los Mercaderes del Espacio y las 176 transcendentales medidas). Estamos comprando tecnología de punta sin tener dónde ponerla, con qué energía alimentarla, cómo comunicarla de forma estable, con qué materia prima alimentarla, sin tener cómo mantenerla y, lo peor, sin tener control sobre ella. El que crea que estoy equivocado venga a Camagüey, que es donde vivo y donde trabajamos los ingenieros de LADETEC, solucionando problemas en las industrias y conversemos para que me convenzan.

Hablemos de la Fábrica de Leche en Polvo, del Combinado Cárnico, de la Planta Mecánica, de la Granja Avícola Mecanizada, de la Fábrica de Envases Flexibles (toda una joya de la Industria 4.0) ¿Van por buen camino? Los leo en los comentarios.


El legado del Che no es una foto dando pico y pala. Es una advertencia vigente: la tecnología que no puedes mantener ni controlar no es desarrollo, es sumisión. Si realmente queremos honrar su memoria, empecemos por lo básico. Aseguremos la electricidad. Garanticemos el ancho de banda. Formemos a nuestros técnicos en electrónica de potencia y mantenimiento mecánico. Construyamos la «gallina» de la base industrial antes de pretender incubar el «huevo» de la inteligencia artificial.

Como él mismo nos dejó escrito,

… «la improvisación» es el peor enemigo del desarrollo».

Y hoy, más que nunca, yo creo que estamos improvisando con nuestras industrias ¿o me equivoco?

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